Cali, mayo 28 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 28, 2026 19:38
La discusión sobre las EPS o la insuficiencia de la Unidad de Pago por Capitación (UPC)
Reservas técnicas, giro directo y crisis de liquidez: los determinantes estructurales del deterioro financiero del sistema de salud colombiano
Por: Carlos E. Pinzón
La crisis actual del sistema de salud colombiano ha sido interpretada principalmente desde el debate político, la discusión sobre las EPS o la insuficiencia de la Unidad de Pago por Capitación (UPC).
Sin embargo, el principal problema que enfrenta hoy el sistema es de naturaleza financiera y operacional: una crisis progresiva de liquidez que está deteriorando la capacidad funcional de aseguradores, hospitales y prestadores.
El sistema no enfrenta únicamente un problema de deuda acumulada. Enfrenta un problema mucho más complejo: la incapacidad creciente de transformar ingresos reconocidos contablemente en flujo efectivo disponible para sostener operación, continuidad asistencial y pago oportuno a la red prestadora.
Las cifras reflejan claramente este deterioro. La cartera hospitalaria reportada por la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC) pasó de 18,9 billones de pesos en junio de 2024 a 25,7 billones al cierre de 2025.
Esto representa un crecimiento cercano al 60% en apenas treinta meses.
El incremento sostenido de la cartera no solo expresa mayores obligaciones financieras; refleja también una pérdida progresiva de capacidad de pago dentro del sistema.
La consecuencia operativa es evidente: deterioro del capital de trabajo hospitalario, retrasos en pagos a proveedores, incremento de costos financieros, restricciones de medicamentos, aplazamiento de procedimientos y cierre parcial de servicios.
Buena parte de este deterioro puede explicarse por la interacción de cuatro fenómenos estructurales: acumulación acelerada de reservas técnicas, rigidización financiera derivada del giro directo, expansión operacional en EPS intervenidas sin estabilización previa de caja y pérdida de confianza institucional.
El primer fenómeno corresponde al crecimiento sostenido de las reservas técnicas, particularmente de las Reservas Liquidadas Pendientes de Pago (LPP).
Las reservas son un componente esencial de cualquier sistema asegurador prudencial, pues permiten reconocer obligaciones futuras y proteger solvencia.
El problema aparece cuando la velocidad de acumulación de reservas supera la capacidad operativa de pago y termina absorbiendo liquidez operacional.
Entre 2019 y 2025, múltiples EPS incrementaron significativamente sus obligaciones reconocidas pero no pagadas.
Esto produjo un aumento progresivo del peso operacional de las reservas sobre el gasto médico y sobre el flujo disponible para operación corriente.
En términos financieros, el sistema comenzó a inmovilizar recursos crecientes mientras simultáneamente enfrentaba aumento del costo médico, envejecimiento poblacional, incremento de enfermedades crónicas y presión farmacéutica.
La paradoja resultante fue particularmente grave: entidades que podían mantener cumplimiento parcial de indicadores prudenciales formales, pero con deterioro progresivo de liquidez real y creciente incapacidad de pago oportuno a hospitales y clínicas.
El segundo fenómeno fue la expansión masiva del giro directo. Entre enero y octubre de 2024, la ADRES giró directamente 38,4 billones de pesos a prestadores, cifra cercana al doble de la observada en el mismo periodo del año anterior.
Aunque el giro directo mejoró parcialmente la trazabilidad de recursos y redujo algunos riesgos de intermediación, también produjo una rigidización importante del flujo financiero del aseguramiento.
Las EPS continuaron siendo responsables de la gestión integral del riesgo, del sostenimiento de redes, de la cobertura de enfermedades de alto costo, de las reservas técnicas y de múltiples obligaciones regulatorias.
Sin embargo, perdieron simultáneamente una proporción significativa de flexibilidad sobre el manejo de liquidez y capital de trabajo.
En sistemas aseguradores complejos, la liquidez no cumple únicamente una función administrativa. Constituye un mecanismo esencial de absorción de riesgo y estabilización operacional.
Cuando esa capacidad se restringe en un contexto de insuficiencia financiera estructural, el sistema pierde progresivamente capacidad de maniobra frente al crecimiento del gasto.
El tercer elemento crítico se presentó en varias EPS intervenidas. Mientras enfrentaban deterioro patrimonial, aumento de pasivos y dificultades de solvencia, se impulsaron simultáneamente procesos de expansión operativa mediante Equipos Básicos de Salud y estrategias territoriales.
La atención primaria y los modelos preventivos son necesarios y técnicamente correctos dentro de cualquier sistema moderno.
Sin embargo, desde el punto de vista financiero, múltiples entidades intervenidas requerían inicialmente una estrategia de estabilización operacional: contención del gasto, reorganización administrativa, auditoría médica, racionalización de costos y recuperación de cartera.
La expansión operacional en medio de una crisis de liquidez incrementó presión sobre gasto administrativo y capital de trabajo en entidades que ya presentaban márgenes negativos y deterioro patrimonial significativo.
A estos factores se sumó un cuarto fenómeno menos visible pero profundamente relevante: la pérdida progresiva de confianza institucional y sectorial.
Los sistemas financieros dependen estructuralmente de expectativas de estabilidad. Durante los últimos años, el sector salud comenzó a operar bajo alta incertidumbre regulatoria y confrontación política permanente.
Esto produjo restricciones crecientes de crédito, endurecimiento de condiciones por parte de proveedores, exigencias de pago anticipado por farmacéuticas y reducción de tolerancia a cartera hospitalaria.
La consecuencia fue una desaceleración progresiva del flujo financiero dentro del sistema y una profundización de la iliquidez operacional.
El resultado agregado de estos procesos es un sistema con cobertura nominal amplia, pero con deterioro creciente de continuidad asistencial y sostenibilidad financiera.
La crisis actual ya no puede interpretarse únicamente como un problema de corrupción, ineficiencia o diseño institucional. Se trata de un fenómeno de fragilidad financiera sistémica.
La solución requiere abandonar respuestas coyunturales y avanzar hacia una estrategia técnica de estabilización.
Esto implica, como mínimo, cinco componentes: ajuste actuarial realista de la UPC, rediseño prudencial de reservas técnicas, flexibilización inteligente del giro directo, recuperación extraordinaria de cartera hospitalaria y estabilización regulatoria del aseguramiento.
Adicionalmente, las EPS intervenidas requieren estrategias inmediatas de eficiencia operacional, control del gasto y fortalecimiento de liquidez antes de continuar expandiendo estructuras administrativas o territoriales.
Los sistemas de salud no colapsan únicamente cuando faltan hospitales o aseguradores.
Colapsan cuando pierden la capacidad de sostener flujo financiero suficiente para garantizar continuidad operativa, pago oportuno y estabilidad de la red prestadora.
Y precisamente esa capacidad es la que hoy se encuentra en mayor riesgo en Colombia.

