Cali, septiembre 17 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 17, 2026 20:28
El estremecedor relato de Lizeth sobre los 20 días que cambiaron su vida
En ‘Más Allá del Silencio’: secuestrada y violada por la guerrilla
“Este es seguramente uno de los podcast más importantes que he hecho en mi vida, una de las entrevistas más importantes, porque la guerrilla colombiana está secuestrando niños y se los está llevando”.
Con esas palabras, Rafael Poveda presentó en Más Allá del Silencio el testimonio de Lizeth, una adolescente de 16 años que asegura haber sido secuestrada por la guerrilla en Bogotá y haber permanecido durante 20 días retenida junto a otros menores.
El relato de la joven incluye graves denuncias: asegura que fue abusada sexualmente, que fue obligada a aprender a manipular armas y que para poder comunicarse con su familia debia ser primero abusada.
Cursaba grado décimo cuando desapareció el 30 de julio de 2026 en Ciudad Bolívar.
Ese día salió del colegio sobre las 2 de la tarde y regresó inicialmente a su casa.
Allí habló con su madre y le mostró por videollamada que se encontraba junto a su hermano.
Poco después recibió el mensaje de una amiga que le pidió acompañarla a comprar algunas cosas.
La adolescente salió de su vivienda y se dirigió hacia Tres Esquinas, otro sector de Ciudad Bolívar.
“Llegué y iba caminando hacia la casa de ella, subi a un bus y la verdad, de ahí no recuerdo más”, relató.
—¿Nadie se te acercó en ese momento?, preguntó Poveda.
—“No, señor”, respondió.
Su siguiente recuerdo fue dentro de un vehículo.
—¿Y cuando te despiertas, dónde estabas o qué recuerdas?
—“Me desperté y miré como al frente primero (…) y volteé a mirar hacia la mano derecha y veía solo árboles por la ventana”.
Aseguró que había una persona conduciendo y que sentía la presencia de más personas detrás de ella. Después volvió a perder la noción de lo ocurrido.
“Conmigo éramos 11”: otros niños estaban retenidos
Cuando volvió a tener plena conciencia de lo que ocurría, Lizeth se encontraba amarrada contra un árbol.
Pero no estaba sola.
“Habían más niños conmigo”, relató.
—¿Más niños como de tu edad?, preguntó Rafa.
—“De mi edad solo se veían como dos, tres y de resto chiquiticos”, respondió.
La adolescente calculó que los menores tenían aproximadamente entre 10 y 15 años.
—¿Y cuántos eran?
—“Los alcancé a contar y conmigo éramos 11”.
También describió a los hombres que estaban en el lugar. Según contó algunos vestían prendas camufladas y botas.
“Otros tenían pasamontañas o la cara pintada, entonces no los veía bien, no los reconocía”, contó.
Ahí, solo veía árboles, una carpa plástica y un costal deteriorado y sucio cerca del lugar donde permanecían los menores bajo vigilancia constante.
En otro momento los hicieron caminar y comenzaron a instruirlos para manipular armas.
“Nos iban a enseñar como todo lo que tiene que ver con un arma y aprender a disparar”, relató.
Les explicaron cómo cargarla y cómo cambiar el cartucho. Según Lizeth, los menores eran presionados para disparar y, si alguno se negaba, los obligaban a apuntarse entre ellos.
Abusos sexuales a cambio de hablar con su familia
Después de varios días, llegó un hombre que, según ella, parecía mayor y tenía una voz gruesa. Les preguntó a los menores si querían comunicarse con sus familias.
Todos dijeron que sí.
Sin embargo, les advirtió que no sería fácil.
Entonces, según su testimonio, les impusieron una condición: tener relaciones sexuales con ellos.
Lizeth explicó que decidió acceder porque quería escuchar a su familia.
—¿Ese era el precio que ellos decían que tenías que pagar por poder hablar con tu mami?
—“Sí, señor”.
Y aseguró que las pocas oportunidades en las que logró comunicarse con su familia durante esos días estuvieron condicionadas de esa manera.
Un dia la adolecente quiso saber por qué estaba allí y enfrentó a uno de los hombres.
“¿Ustedes qué quieren de mí? Yo, ¿qué hice? Yo, ¿por qué estoy acá?”, preguntó.
La respuesta, según aseguró, fue una sola: “Es que a usted la vendieron”.
Lizeth respondió que su familia no tenía dinero y preguntó nuevamente qué querían de ella, pero dijo que no recibió más explicaciones.
La fuga después de 20 días de secuestro
Mientras Lizeth permanecía retenida, su madre, Lorena, intentaba determinar qué había ocurrido.
Para la madre, su hija siemplemente había desaparecido.
Cuando su hija se comunicaba nunca les pudo decir la verdad, como tampoco que para llamarla tenia que dejarse abusar.
“Las autoridades siempre me decían que era una evasión de hogar voluntaria”, afirmó la madre a Poveda… Lorena dice que fueron 20 días de angustia, insomnio y falta de respuestas.
En una de esas conversaciones alcanzó a decirle a su madre: “Mami, nos van a devolver para Bogotá”. Pero antes de que eso ocurriera, Lizeth decidió intentar salir.
Una noche se acercó a uno de los hombres. “La verdad, yo me quiero ir. Yo hago lo que sea (…) pero solo déjeme ir”, recordó haberle dicho.
Según su relato, el hombre le respondió que sí, pero que antes él podía hacer lo que quisiera con su cuerpo.
Lizeth denunció que volvió a ser abusada sexualmente brutalmente. Después, dijo, el hombre le entregó su celular y le indicó que se fuera.
“Yo no podía caminar, o sea, las piernas me dolían, me temblaba todo el cuerpo”, contó.
A pesar de ello comenzó a caminar en todo el dia y en la noche. Finalmente observó una luz y llegó hasta una vivienda.
“Vecina, ayúdeme”, le pidió a una mujer. La señora inicialmente dudó, pero Lizeth insistió: “Ayúdeme porque estoy secuestrada”.
La familia la dejó entrar, le dio comida y puso a cargar su teléfono. Cuando consiguió encenderlo, Lizeth llamó a una prima.
“Prima, ya llegué a una finca, ayúdeme”, le dijo antes de enviarle su ubicación.
La mujer que la había recibido le explicó que se encontraba por la zona de Pasca, cerca de Fusagasugá.
Más tarde, uno de los hijos de la familia la trasladó en motocicleta hasta el terminal de Fusagasugá, donde esperó a que llegaran sus padres.
Cuando finalmente los vio, habían pasado 20 días desde su desaparición. “Vi a mi papá, o sea, me volví a sentir segura”, recordó.
Lizeth al final, aseguró además que, cuando logró escapar, aproximadamente tres menores permanecían todavía en poder de sus captores.
Para Poveda, este testimonio deja una alerta que no puede pasar inadvertida: “Ustedes tienen que cuidar a sus hijos”. Su llamado también fue directo a las autoridades y al nuevo gobierno: “Hay que redoblar los esfuerzos”.

