Cali, marzo 9 de 2026. Actualizado: lunes, marzo 9, 2026 22:26
Una desinflación tímida y engañosa
Inflación en Colombia: ¿Se disipa la tormenta o persiste la presión?
En febrero de 2026, la inflación anual en Colombia se ubicó en 5,29%, una leve reducción de seis puntos básicos frente al mes anterior.
Aunque este descenso representa un respiro frente al alza sostenida de precios de los últimos años, los datos detrás de la cifra revelan un panorama más complejo.
Lejos de ser un alivio pleno, el informe de Grupo Cibest-Bancolombia deja claro que las presiones inflacionarias persisten, especialmente en componentes estructurales como los servicios y los regulados.
El descenso a 5,29% está por debajo de la expectativa del mercado (1,28% mensual), y marca el febrero más moderado desde 2021. Sin embargo, esto no necesariamente augura una tendencia clara de desaceleración.
De hecho, la inflación sin alimentos ni regulados —una medida clave para evaluar la inflación básica— alcanzó su nivel más alto desde septiembre de 2024. Esto apunta a una presión subyacente que se mantiene firme.
Buena parte de la inflación mensual (1,08%) se concentró nuevamente en los servicios y productos regulados, que juntos aportaron 0,79 de los 1,08 puntos porcentuales totales.
Esta dinámica está profundamente ligada a la indexación de precios —el efecto acumulado de los aumentos del pasado— y al impacto rezagado del incremento del salario mínimo, que para 2026 fue del 23%.
Servicios: el talón de Aquiles de la inflación
El rubro de servicios registró una inflación anual de 6,45%, el nivel más alto en un año. Esto se explica en parte por alzas en precios sensibles al salario mínimo y a contratos indexados, como las comidas en restaurantes (1,20% mensual), arriendos imputados (0,48%) y matrículas universitarias (5,56%).
Esta persistencia en los servicios es preocupante: históricamente, son los más difíciles de desacelerar, ya que sus precios dependen más de factores estructurales que de choques externos.
La inflación en este componente se ve reforzada por el aumento en los costos laborales, que todavía no se han trasladado completamente al consumidor.
Las empresas, según el informe, están utilizando inventarios antiguos y márgenes previos para mitigar el choque, pero este colchón podría agotarse pronto, intensificando las presiones hacia adelante.
Alimentos y regulados: focos de volatilidad
Los alimentos también volvieron a presionar: su inflación anual subió de 5,10% a 5,83%, impulsada por los perecederos como frutas, papas y hortalizas, que enfrentan choques de oferta.
Aunque los alimentos procesados mostraron una leve moderación (5,22%), el riesgo de nuevas alzas sigue latente.
En los productos regulados, la inflación anual bajó a 4,05%, gracias en parte a la reducción en el precio de la gasolina. Sin embargo, otros servicios como transporte urbano, recolección de basuras y suministro de agua continuaron mostrando incrementos. La estacionalidad del sector educativo —por el inicio del año escolar— también tuvo un papel clave en este repunte.
¿Qué hará el Banco de la República?
Con un panorama aún incierto, el informe advierte que el Banco de la República se verá forzado a mantener una postura monetaria restrictiva.
La entidad podría incluso subir su tasa de interés hasta el 11% para contener las expectativas inflacionarias y evitar una espiral alcista asociada al alza salarial.
Esta estrategia no será sencilla. Las decisiones del Emisor deberán equilibrar el control de precios con la necesidad de no frenar abruptamente una economía que, aunque aún dinámica, muestra señales de desaceleración en algunos sectores.
Perspectivas: ¿cuán lejos está la meta?
El objetivo del Banco de la República es que la inflación converja al rango meta del 2% al 4%. Sin embargo, con una inflación básica por encima del 5,5% y componentes como servicios y alimentos con dinámicas alcistas, ese camino luce empinado.
Más aún, la elevada indexación del sistema colombiano —una herencia difícil de desmontar— plantea un reto estructural: los ajustes de precios automáticos basados en la inflación pasada perpetúan las alzas, dificultando el anclaje de expectativas y la desaceleración sostenida.
El alivio es frágil
La cifra de febrero puede parecer alentadora a primera vista, pero esconde una realidad menos optimista. Las fuerzas que impulsan la inflación siguen vigentes, y la política monetaria deberá actuar con cautela pero firmeza para evitar que el alivio se desvanezca.
Colombia no enfrenta una tormenta inflacionaria como la de 2022, pero sí una neblina densa de presiones estructurales que impiden una visión clara del horizonte.
Mientras la inflación persista en los servicios, regulados y alimentos, será prematuro hablar de victoria. La moderación observada en febrero podría ser apenas un espejismo si no se acompaña de medidas decididas y reformas estructurales para contener la inercia inflacionaria.

