Cali, julio 16 de 2026. Actualizado: jueves, julio 16, 2026 15:57
Cómo saber cuándo vale la pena pedir un crédito
¿Cuáles son las deudas buenas y las deudas malas?
Durante muchos años escuchar la palabra “deuda” generaba una reacción inmediata de preocupación.
Para muchas familias, endeudarse significaba perder tranquilidad y comprometer el futuro económico. Sin embargo, la realidad financiera actual demuestra que no todas las deudas son iguales.
Algunas pueden convertirse en una herramienta para crecer, mientras que otras terminan afectando seriamente la estabilidad del hogar.
La diferencia no está únicamente en el monto del préstamo ni en la entidad que lo otorga.
Lo verdaderamente importante es el propósito para el cual se adquiere la deuda y la capacidad que tiene la persona para asumirla sin poner en riesgo sus finanzas.
Pedir un crédito no debería verse como algo bueno o malo por sí mismo. Como cualquier herramienta financiera, puede utilizarse de manera inteligente o convertirse en un problema cuando se usa sin planificación.
Los especialistas suelen hablar de las llamadas “deudas buenas”. Son aquellas que, en lugar de perder valor con el tiempo, ayudan a generar patrimonio, aumentar los ingresos o mejorar la calidad de vida de forma sostenible.
Seguridad económica
Uno de los ejemplos más conocidos es el crédito para comprar vivienda. Aunque implica un compromiso financiero de largo plazo, también permite construir un patrimonio que, en muchos casos, puede aumentar su valor con el paso de los años.
Además, una vez finalizado el crédito, la familia cuenta con un activo propio que puede representar seguridad económica para el futuro.
Otra deuda que suele considerarse positiva es la relacionada con la educación.
Financiar estudios universitarios, especializaciones, cursos técnicos o programas de formación puede traducirse en mayores oportunidades laborales e incluso en mejores ingresos durante toda la vida profesional.
En estos casos, el crédito funciona como una inversión en el desarrollo personal.
Los préstamos destinados a fortalecer un emprendimiento o ampliar un negocio también pueden ser una buena decisión, siempre que exista un plan claro sobre la manera en que esos recursos generarán nuevos ingresos.
No se trata simplemente de pedir dinero para iniciar cualquier proyecto, sino de hacerlo cuando existe una estrategia bien estructurada y posibilidades reales de crecimiento.
Muy diferente es el caso de las llamadas “deudas malas”. Son aquellas que financian gastos de consumo inmediato sin generar ningún beneficio económico futuro.
Comprar ropa que no era necesaria, cambiar el celular únicamente porque salió un modelo nuevo, adquirir electrodomésticos que no se necesitaban o financiar vacaciones que exceden la capacidad de pago son algunos ejemplos frecuentes.
Estos bienes comienzan a perder valor desde el mismo momento en que se compran, mientras la deuda permanece durante meses o incluso años.
Las tarjetas de crédito suelen ser protagonistas
Bien utilizadas, las tarjetas de crédito pueden ofrecer beneficios como seguridad en las compras, acumulación de puntos o facilidades de pago.
El problema aparece cuando se convierten en una extensión permanente del salario.
Si cada mes una persona necesita utilizar la tarjeta para cubrir alimentación, transporte, servicios públicos o gastos cotidianos porque el dinero ya no alcanza, existe una señal clara de alerta.
En ese momento el crédito deja de ser una herramienta y comienza a convertirse en un mecanismo para sostener un nivel de gasto superior a los ingresos disponibles.
Otro error frecuente consiste en adquirir créditos para pagar otros créditos.
Esta práctica, conocida como refinanciación permanente, puede aliviar temporalmente la presión económica, pero generalmente termina aumentando el valor total de la deuda debido a los intereses acumulados.
Las preguntas que se debe hacer
Antes de solicitar cualquier préstamo conviene responder varias preguntas sencillas.
La primera es: ¿realmente necesito este crédito o simplemente quiero comprar algo ahora?
Muchas veces la diferencia entre una necesidad y un deseo permite evitar compromisos financieros innecesarios.
La segunda pregunta debería ser: ¿esta compra mejorará mi situación económica dentro de algunos años o solo me dará una satisfacción temporal?
Si la respuesta está relacionada con generar ingresos, construir patrimonio o mejorar las oportunidades futuras, probablemente el análisis será diferente. También resulta fundamental calcular la capacidad de pago.
Los expertos recomiendan que el total de las obligaciones financieras no comprometa una parte excesiva de los ingresos mensuales.
Cuando las cuotas empiezan a limitar el pago de servicios, alimentación o ahorro, el endeudamiento deja de ser saludable.
No menos importante es revisar las condiciones del crédito.
La tasa de interés, el plazo, los costos adicionales, los seguros y las posibles penalidades por mora pueden modificar significativamente el valor final que terminará pagando la familia.
Comparar diferentes opciones antes de firmar cualquier contrato siempre será una decisión inteligente.
Otro aspecto que suele olvidarse es el llamado costo de oportunidad
Cada cuota mensual destinada a pagar una deuda es dinero que deja de utilizarse para ahorrar, invertir o construir un fondo de emergencia.
Por eso no basta con preguntarse si una cuota cabe dentro del presupuesto. También es importante analizar qué otros proyectos dejarán de realizarse por asumir ese compromiso.
La educación financiera también invita a romper un mito muy extendido: tener muchas deudas no significa necesariamente tener una buena capacidad económica.
En ocasiones ocurre exactamente lo contrario. Algunas personas mantienen una apariencia de prosperidad gracias al crédito, mientras una parte importante de sus ingresos ya está comprometida con obligaciones adquiridas en el pasado.
Por eso, más que fijarse en el monto del préstamo, conviene analizar el impacto que tendrá sobre la tranquilidad financiera del hogar.
Una deuda inteligente es aquella que acerca a una familia a sus objetivos y puede pagarse sin afectar su calidad de vida.
Una deuda inconveniente es la que obliga a sacrificar la estabilidad económica para financiar bienes o experiencias pasajeras.
Al final, pedir un crédito no debería ser una decisión impulsiva ni motivada únicamente por una oferta atractiva.
Debería ser el resultado de una evaluación responsable sobre el beneficio que generará en el futuro y sobre la verdadera capacidad para cumplir el compromiso adquirido.
Porque el mejor crédito no es el que permite comprar más cosas, sino el que ayuda a construir un futuro financiero más sólido sin poner en riesgo la tranquilidad de la familia.

