Cali, marzo 27 de 2026. Actualizado: viernes, marzo 27, 2026 21:45
Empresario TEC
Ni influencers ni robots: el reto del contenido con credibilidad
Por Fernando Garzón @fergarzon
Videos cortos, algoritmos voraces y contenidos cada vez más producidos con inteligencia artificial inundan las redes, las empresas enfrentan un dilema complejo: cómo captar la atención sin sacrificar profundidad, identidad y credibilidad.
Hoy las audiencias consumen información principalmente en redes sociales, donde predominan los formatos breves, emocionales y de alto impacto
Durante años se instaló la idea de que para ser atractivo había que simplificar, incluso banalizar. Sin embargo, el panorama está cambiando.
El usuario sigue deteniéndose ante lo inmediato, pero empieza a valorar de nuevo aquello que le aporta contexto, claridad y utilidad.
Ami Bondía Raga, experta y Directora del Máster Oficial en Periodismo Multimedia de Atresmedia de la Universidad Internacional de Valencia, advierte que el gran error es plantear una falsa dicotomía entre entretenimiento y rigor.
La clave, explica, está en diseñar estrategias de contenido “en capas”: una primera capa de atracción, rápida y emocional, y una segunda capa de profundidad donde se construya el verdadero valor.
Esto implica planificación editorial, coherencia narrativa y una visión de largo plazo. Porque la credibilidad no se construye con un video viral, sino con consistencia sostenida en el tiempo.
El problema surge cuando las marcas, en su afán por conectar con las nuevas generaciones, intentan “hablar como influencer”.
Adoptan códigos, tonos y formatos que no siempre corresponden con su identidad. El resultado suele ser impostado.
Las audiencias actuales —hiperexpuestas y cada vez más críticas— detectan con facilidad cuándo un mensaje es auténtico y cuándo responde a una estrategia forzada.
El contenido hiperproducido con IA se ha vuelto paisaje, lo espontáneo y lo humano han recuperado atractivo.
Pero para las grandes compañías, “verse naturales” copiando el estilo de creadores independientes puede convertirse en un error estratégico.
Expertos de la EAE Business School advierten que la cercanía no está en simular informalidad, sino en la coherencia entre lo que la marca es y lo que comunica.
La autenticidad no implica desprolijidad. Implica transparencia. Mostrar procesos reales, personas reales, historias reales, sin renunciar al posicionamiento ni al propósito.
En otras palabras, humanizar desde la propia identidad, no desde la imitación.
Otro reto crucial es entender que no todas las tendencias merecen ser adoptadas. En la lógica de los algoritmos, la presión por subirse a cada nuevo formato puede diluir la esencia de marca y generar mensajes incoherentes.
En ocasiones, no sumarse es una decisión estratégica inteligente.
Este desafío no es exclusivo de las empresas. Los medios de comunicación también compiten en una realidad donde el algoritmo premia la inmediatez y la emocionalidad.
Frente al ruido, la oportunidad está en la claridad. Más que competir en velocidad a cualquier precio, el diferencial sigue siendo la verificación, el contraste de fuentes y la contextualización.
Pero no basta con ser rigurosos: hay que explicarlo. Hoy todo parece información, el periodismo —y por extensión el contenido corporativo serio— debe hacer pedagogía sobre por qué una fuente es confiable y otra no.
El futuro no pasa por parecerse a los influencers ni por encerrarse en formatos tradicionales. Pasa por aprender del lenguaje digital —ritmo, narrativa, conexión emocional— sin renunciar al criterio, la independencia y la función social del contenido.
Cualquier persona puede generar impacto en segundos, la verdadera diferenciación no está en hacer más ruido, sino en generar confianza. Y esa, a diferencia de la viralidad, no se improvisa.

