El sector comercial e industrial en Colombia inicia 2026

Cali, marzo 17 de 2026. Actualizado: martes, marzo 17, 2026 21:58

La recuperación y el dinamismo vs la desaceleración

Comercio e industria en Colombia: un arranque de año a dos velocidades

Comercio e industria en Colombia: un arranque de año a dos velocidades
Foto: Pixabay
martes 17 de marzo, 2026

El panorama económico de Colombia en enero de 2026 revela una dinámica dispar entre dos sectores clave: el comercio y la industria.

Mientras que el primero mostró signos claros de recuperación y dinamismo, impulsado en gran parte por la venta de vehículos y factores estacionales, el segundo continúa enfrentando una desaceleración que despierta preocupación sobre la solidez de la recuperación productiva.

Según cifras de la Encuesta Mensual de Comercio (EMC), las ventas reales del comercio minorista crecieron un notable 7,8% en enero frente al mismo mes del año anterior.

Este crecimiento estuvo altamente concentrado en unas pocas líneas de mercancía. De hecho, la venta de vehículos automotores nuevos (incluidas motocicletas) y los establecimientos no especializados con surtido compuesto de productos fueron responsables de cerca del 93% del total del crecimiento observado.

Sin embargo, al excluir del análisis la contribución de los automotores nuevos, el crecimiento se reduce a un 5,6%.

Este dato sugiere que el dinamismo del sector no es homogéneo y que una parte significativa de la expansión depende de categorías con comportamientos volátiles.

Además, otro elemento que influyó en el resultado de enero fue el calendario: el mes tuvo cinco sábados, uno más que en 2025, lo cual aumentó los días de mayor actividad comercial.

Este factor puntual funcionó como un viento a favor que difícilmente se replicará en los meses siguientes.

Dentro del comercio minorista, algunas actividades como la venta de combustibles, autopartes y lubricantes contrarrestaron el crecimiento total, con impactos negativos del 1,0%, 0,3% y 0,0% respectivamente.

Por el contrario, la venta de vehículos automotores nuevos aportó 2,9 puntos porcentuales (pp), consolidándose como la principal fuente del dinamismo comercial en el inicio del año.

Industria manufacturera: señales persistentes de enfriamiento

A diferencia del comercio, la industria manufacturera inició el año en contracción. La producción real decreció 0,5% en enero frente al mismo mes de 2025, una caída que continúa la tendencia observada desde finales del año pasado.

De hecho, la variación anual venía descendiendo paulatinamente: fue de 2,1% en noviembre, 1,9% en diciembre y apenas 1,7% en enero, lo que refuerza la idea de una desaceleración sectorial progresiva.

Entre las actividades que más contribuyeron negativamente se encuentran la elaboración de bebidas, la fabricación de sustancias químicas básicas y la producción de equipos eléctricos, cada una restando 0,3 pp al total.

Este comportamiento refleja debilidades estructurales en ramas industriales asociadas al consumo y la inversión, y sugiere una menor capacidad del sector para adaptarse a las nuevas condiciones de demanda.

No obstante, no todo el panorama industrial es sombrío. Algunas líneas productivas lograron aportar positivamente al crecimiento, como la refinación de petróleo (+0,5 pp), la confección de prendas de vestir (+0,3 pp) y la fabricación de equipos de transporte (+0,3 pp).

Estas actividades, si bien no compensan la caída global, dan indicios de nichos de recuperación que podrían ser estratégicos en el mediano plazo.

Factores transitorios y presiones estructurales

Uno de los aspectos que plantea inquietudes es la composición del impulso observado en el comercio. El incremento del salario mínimo para 2026 —el más alto en años recientes— podría estar actuando como un motor de corto plazo para el consumo de los hogares, especialmente en bienes durables como los vehículos.

Sin embargo, este mismo aumento tiene efectos colaterales que podrían comprometer el desempeño económico en los próximos trimestres.

Por un lado, mayores costos laborales pueden erosionar los márgenes de las empresas, especialmente en sectores intensivos en mano de obra, lo que podría desincentivar la contratación formal o generar presiones inflacionarias.

Por otro lado, las cargas tributarias recientes sobre el tejido empresarial también están limitando la capacidad de reinversión y expansión productiva.

Esto es particularmente grave en un contexto en el que la inversión privada aún no se recupera plenamente.

A este panorama se suma la fragilidad de las exportaciones no tradicionales y la persistente incertidumbre global, factores que inciden de forma indirecta pero poderosa sobre las expectativas empresariales.

¿Qué esperar para el resto de 2026?

Las señales mixtas que ofrece el inicio de año plantean un escenario complejo para la política económica. Por un lado, el buen desempeño comercial sugiere que la demanda interna podría mantenerse dinámica en el corto plazo, especialmente si la inflación continúa descendiendo y se mantiene la estabilidad cambiaria.

No obstante, la industria —como termómetro de la inversión y la producción— sigue mostrando un pulso débil que podría reflejarse en un menor crecimiento general hacia la mitad del año.

Para revertir esta tendencia, será clave impulsar medidas que favorezcan la productividad, el acceso al crédito y la formalización empresarial.

El fortalecimiento del aparato industrial, la recuperación de la confianza inversionista y una mayor integración con cadenas globales de valor deben ser objetivos centrales de la estrategia económica de 2026.

Colombia arranca el año con un sector comercial vigoroso pero con bases frágiles, y una industria que aún no encuentra el camino de la reactivación plena.

La bifurcación entre consumo e inversión continúa siendo el principal reto para construir un crecimiento más equilibrado y sostenible.


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