Cali, octubre 5 de 2026. Actualizado: lunes, octubre 5, 2026 20:56
Un fenómeno bajo vigilancia
¿Pruebas nucleares de Corea del Norte están generando sismos varios años después?
Las pruebas nucleares de Corea del Norte dejaron efectos bajo el monte Mantap que continúan años después de la última detonación.
Un estudio publicado este año en la revista Science documentó 1.399 sismos locales entre 2008 y mayo de 2025 alrededor del sitio de pruebas de Punggye-ri.
Los investigadores determinaron que las explosiones subterráneas reactivaron fallas existentes y modificaron la actividad sísmica de una zona que registraba poca actividad antes de los ensayos.
Corea del Norte realizó seis pruebas nucleares bajo el monte Mantap entre 2006 y 2017.
Las detonaciones ocurrieron dentro de túneles horizontales excavados en la montaña, ubicada en el condado de Kilju, provincia de Hamgyong del Norte.
La primera prueba ocurrió el 9 de octubre de 2006, mientras que la sexta se produjo el 3 de septiembre de 2017 y alcanzó una magnitud estimada entre 6,1 y 6,3.
El estudio estuvo dirigido por el profesor Kim Kwang-hee, del Departamento de Ciencias Geológicas y Ambientales de la Universidad Nacional de Pusan, en Corea del Sur.
También participaron investigadores de instituciones chinas.
Como los científicos no accedieron al territorio norcoreano ni utilizaron estaciones sísmicas de ese país, reconstruyeron la actividad mediante registros obtenidos durante 17 años desde Corea del Sur y el noreste de China.
Sismos tras las pruebas
Antes de las pruebas nucleares de Corea del Norte, la zona presentaba un comportamiento diferente.
Según los autores, entre 1904 y 2017 no existen registros de terremotos corticales dentro de un radio de 50 kilómetros alrededor del monte Mantap.
Sin embargo, los investigadores identificaron cerca de 60 sismos antes de la última detonación y observaron un incremento de la actividad desde la tercera prueba, realizada en febrero de 2013.
El cambio principal ocurrió después de la explosión del 3 de septiembre de 2017. La detonación elevó la cima del monte Mantap aproximadamente 3,5 metros y produjo el colapso de una cavidad dentro del sistema de túneles.
Posteriormente, imágenes obtenidas mediante radar satelital identificaron deslizamientos y hundimientos en las laderas. Minutos después de la explosión también ocurrió otro evento, relacionado con el derrumbe de la cavidad generada por la prueba.
La actividad no terminó durante las semanas posteriores. Desde la sexta detonación, los investigadores contabilizaron alrededor de 1.330 sismos, algunos ubicados entre 20 y 30 kilómetros del punto de la explosión.
Además, los movimientos aumentaron en frecuencia y magnitud hasta 2025, un comportamiento diferente al registrado en otros sitios de pruebas nucleares, donde los temblores posteriores desaparecieron después de días o semanas.
El equipo consiguió relocalizar con precisión 955 de los 1.399 eventos estudiados. Los resultados mostraron que los sismos no aparecieron distribuidos de manera aleatoria.
Con el paso del tiempo, sus epicentros se concentraron sobre dos estructuras de falla paralelas que se extienden hacia el norte-noroeste desde Punggye-ri.
Los investigadores explican este proceso mediante el daño acumulado en las rocas, los cambios en las tensiones y su redistribución posterior.
De acuerdo con el estudio, las explosiones no crearon estas estructuras geológicas.
Las detonaciones modificaron las condiciones de fallas que ya existían bajo la zona y facilitaron la liberación de tensión acumulada.
De esta manera, las pruebas nucleares de Corea del Norte pasaron de generar movimientos asociados directamente con las explosiones a influir en terremotos que continuaron registrándose durante los años siguientes.
Vigilancia a largo plazo
Los resultados también introducen un reto para la vigilancia de posibles ensayos nucleares.
Los sistemas sísmicos permiten diferenciar una explosión de un terremoto mediante elementos como las ondas generadas, la profundidad y los primeros movimientos registrados.
Sin embargo, los terremotos posteriores a 2017 alrededor del monte Mantap son eventos sísmicos vinculados con los cambios provocados por pruebas anteriores.
Por esa razón, un terremoto registrado actualmente cerca de Punggye-ri no indica por sí mismo que Corea del Norte realizó otra detonación.
Los investigadores plantean analizar cada evento dentro del comportamiento sísmico acumulado del lugar y conservar registros prolongados que permitan reconocer cambios frente a la actividad habitual de la zona.
El estudio también dirige la atención hacia el monte Paektu, volcán activo ubicado aproximadamente a 100 kilómetros del sitio de pruebas.
El profesor emérito Lee Jin-han planteó que un terremoto de magnitud 6,5 o superior que se propagara hacia el norte podría alcanzar la cámara magmática.
Sin embargo, esta posibilidad corresponde a un escenario planteado por el experto y no a una predicción del estudio.
Además, los investigadores señalan la necesidad de observar la estabilidad del propio sitio de Punggye-ri.
Las cavidades colapsadas, las fracturas y las fallas en movimiento forman parte de un entorno que continuará bajo seguimiento.
Hasta mayo de 2025, los registros mostraban que la actividad sísmica seguía presente ocho años después de la última prueba nuclear.
El trabajo concluye que una explosión subterránea puede desencadenar procesos geológicos que continúan durante años cuando existen determinadas condiciones en el terreno.
El seguimiento permitirá establecer si la actividad bajo el monte Mantap disminuye, se estabiliza o continúa.
Mientras tanto, los 1.399 eventos documentados ofrecen un registro de los cambios ocurridos alrededor del principal sitio utilizado para las pruebas nucleares de Corea del Norte.

