Cali, noviembre 3 de 2026. Actualizado: martes, noviembre 3, 2026 21:26
El rescate de tradiciones
De preservar saberes ancestrales a apoyar damnificados: así trabajan María Fernanda Martínez y Pacho en la Fundación Alpamanda
Lo que comenzó como una reunión familiar para recuperar las tradiciones de una comunidad indígena se convirtió en la Fundación Alpamanda, una organización que desarrolla actividades culturales, educativas y sociales.
María Fernanda Martínez, directora y fundadora, inició este proceso después de que su familia fuera desplazada del resguardo indígena Inga de Aponte, en Nariño.
A este proyecto se sumó Francisco Gutiérrez, conocido como Pacho, quien pasó de acompañar a sus hijas a los talleres de danza a participar en la gestión de apoyos y actividades comunitarias.
Actualmente, ambos forman parte de las labores que adelanta la fundación para recuperar saberes ancestrales, acompañar a niños y familias, y atender necesidades de comunidades afectadas por el terremoto.
Mientras Martínez dirige las actividades culturales y educativas, Gutiérrez contribuye a establecer contactos con voluntarios, gestionar donaciones y articular acciones con otras organizaciones.

Su trabajo se desarrolla junto con familias de diferentes orígenes que participan en los espacios de encuentro de Alpamanda.
Una historia familiar
La creación de Alpamanda está relacionada con la experiencia de desplazamiento de María Fernanda y su familia.
Al establecerse en la ciudad, comenzaron a dejar de practicar algunas de las costumbres de su comunidad indígena Inga.
Martínez explicó que, en medio del proceso de adaptación, identificaron la necesidad de recuperar conocimientos relacionados con la danza, los tejidos y la gastronomía tradicional, especialmente para transmitirlos a sus hijos.
“Vamos a empezar a fortalecer nuestra identidad cultural por medio de la danza, por medio del tejido, recuperar lo que son, digamos, la comida tradicional y enseñarle eso a nuestros hijos”, recordó la fundadora.
Las primeras reuniones se realizaron en el patio de una vivienda, pero la participación de otros niños y familiares llevó a trasladar las actividades a una cancha del barrio.
Posteriormente, el colectivo comenzó a desarrollar encuentros en instituciones educativas y amplió su trabajo hacia otras comunidades.
Hace más de dos años, el colectivo se constituyó legalmente como fundación.
Su nombre, Alpamanda, significa “de la tierra” en Inga y representa el propósito de mantener la relación con sus raíces.

La organización también abrió sus actividades a familias afrodescendientes, campesinas y de otros pueblos indígenas, algunas provenientes de territorios como Nariño, Cauca, Putumayo y Chocó.
El papel de Pacho
Francisco Gutiérrez llegó a Alpamanda cuando sus dos hijas comenzaron a participar en el grupo de danza.
Lo que inicialmente era un vínculo como padre de familia se transformó en una participación dentro de las actividades de la organización.
Según Martínez, aunque lleva menos de un año vinculado, ha asumido responsabilidades relacionadas con la comunicación, la elaboración de videos y el contacto con personas interesadas en colaborar.
La directora explicó que Pacho ha contribuido especialmente a las relaciones públicas de la fundación.
Su disposición para conversar con otras personas y establecer contactos ha facilitado la búsqueda de apoyos para las diferentes iniciativas.

Estas labores complementan el trabajo que realiza Martínez en la organización de talleres, el acompañamiento de los participantes y la coordinación de actividades culturales.
Saberes entre generaciones
La fundación desarrolla talleres de artesanías los lunes, danza los martes y jueves, y actividades de arte y lectura los miércoles y viernes.
Martínez explicó que cada encuentro busca relacionar las expresiones artísticas con los conocimientos familiares.
Por ejemplo, al enseñar danzas sobre las labores campesinas, algunos niños reconocen movimientos que han observado en sus abuelos.
En otras actividades se abordan tradiciones afrodescendientes, como la recolección de piangua en el Pacífico.
Con los adultos, Alpamanda realiza círculos de la palabra alrededor de una representación de la tulpa, donde se comparten experiencias sobre medicina tradicional, prácticas culturales e historias familiares.
Además, la organización ha brindado acompañamiento escolar a niños con dificultades académicas y contempla ampliar sus talleres mediante la participación de voluntarios que puedan enseñar pintura, música u otras disciplinas.
Ayuda tras el terremoto
El trabajo de María Fernanda y Pacho también se ha extendido a la atención de familias afectadas por el terremoto.
La fundación ha participado en la recepción y distribución de donaciones, además de organizar encuentros recreativos y culturales.
Martínez explicó que estas actividades buscan complementar la entrega de suministros mediante espacios de acompañamiento para adultos y niños.
En esta labor, Francisco participa a través de la Red de Alimentos Preparados en Cali, organización con la que ha articulado entregas de mercados, proteínas, ropa y otros elementos.
También mencionó jornadas de salud, cine comunitario, acompañamiento psicosocial y actividades recreativas desarrolladas con diferentes colectivos.

La colaboración con esta red ha permitido canalizar aportes de personas interesadas en apoyar a las comunidades afectadas.
Por su parte, Martínez destacó la realización de actividades de danza comunitaria, encuentros de tejido y presentaciones culturales para las familias damnificadas.
La organización también ha coordinado acciones con otros grupos que aportan servicios y conocimientos.
Entre las iniciativas mencionadas figura una jornada programada para el 18 de octubre en la vereda La Pulida, en Dagua, con juegos y actividades dirigidas a los niños.
Una labor compartida
Uno de los principales desafíos de Alpamanda ha sido conseguir recursos para sostener sus actividades.
Martínez explicó que la fundación ha organizado rifas, bingos y otras iniciativas familiares para comprar materiales y confeccionar vestuarios.
Durante este año también consiguió una sede en el sector de El Quilero, después de funcionar en espacios prestados.
Allí dispone de máquinas de coser, una biblioteca y elementos utilizados en sus talleres.
Además del trabajo cultural, la organización realiza jornadas de limpieza de parques, recuperación de espacios públicos y elaboración de murales.
Estas actividades forman parte de las iniciativas comunitarias que Martínez coordina y que Pacho contribuye a difundir mediante sus contactos y las redes de apoyo.
Ambos continúan vinculados a un proyecto que recibe voluntarios sin requisitos específicos y mantiene abiertos sus canales de comunicación en Instagram, Facebook y TikTok.
Mientras María Fernanda Martínez trabaja en la continuidad de los procesos de recuperación cultural que dieron origen a Alpamanda, Francisco Gutiérrez participa en la articulación de personas y recursos para desarrollar sus actividades sociales.
Así, la fundación mantiene dos líneas de trabajo: la transmisión de conocimientos entre generaciones y el acompañamiento a comunidades que participan en sus iniciativas.


