Cali, abril 28 de 2026. Actualizado: martes, abril 28, 2026 21:26
Dorotea Castro y Josefa Conde: la memoria silenciada en Palmira
En los relatos oficiales de la independencia colombiana abundan los nombres de generales, batallas y gestas militares que marcaron el rumbo de la nación.
Sin embargo, en los márgenes de esa historia, con frecuencia contada desde el poder y la épica masculina, permanecen figuras cuya valentía y sacrificio resultaron igualmente decisivos en los procesos independentistas y abolicionistas.
Entre ellas emergen con fuerza las figuras de Dorotea Castro y Josefa Conde, esclava y esclavista unidas ideológicamente por una noble causa: la libertad. Estas palmiranas asumieron un papel protagónico como espías en la gesta libertadora.
Dorotea Castro no empuñó ejércitos ni encabezó campañas militares, pero su papel como espía y colaboradora de la guerrilla patriota fue fundamental en un contexto donde la información valía tanto como las armas.
En una época en la que las mujeres eran relegadas al ámbito doméstico, su participación activa en la causa independentista desafió no solo al régimen colonial, sino también a las normas sociales de su tiempo.
Desde Palmira, en el corazón del Valle del Cauca, Dorotea tejió redes de apoyo, transportó mensajes y facilitó acciones estratégicas que fortalecieron la resistencia criolla frente a las tropas realistas.
Su labor, silenciosa pero decisiva, la convirtió en objetivo del aparato represivo español, que veía en estos actores invisibles una amenaza latente y difícil de controlar.
Muerte de la heroína
El 13 de septiembre de 1817, su historia alcanzó un trágico desenlace. Capturada por las fuerzas realistas, Dorotea Castro fue ejecutada en la plaza principal de su ciudad natal.
Su muerte no solo simboliza la brutalidad del conflicto, sino también el alto precio que muchos civiles, y especialmente mujeres, pagaron por la independencia del territorio patrio.
Recordar a Dorotea Castro hoy no es solo un acto de justicia histórica, sino también una invitación a replantear la manera en que construimos nuestra memoria colectiva.
¿Cuántas mujeres como Dorotea han sido sacadas de la historiografía o, en el peor de los casos, su vida y legado como abolicionistas e independentistas han sido borrados de la historia? ¿Cuántas historias permanecen ocultas tras los grandes relatos oficiales?
Josefa Conde, esclavizada e independentista
Josefa no buscaba la gloria. No imaginaba su nombre pronunciado en voz alta siglos después, ni el peso de los títulos que la historia le impondría.
Para ella, todo comenzó como comienzan las cosas verdaderamente importantes: en silencio, en lo cotidiano, en la certeza íntima de que la injusticia no debía ser aceptada como destino.
En los años convulsos de la Independencia, cuando el aire mismo parecía cargado de sospecha y esperanza, Josefa caminaba con la firmeza de quien ha aprendido a resistir desde siempre.
Mujer negra, marcada por una sociedad que pretendía negarle voz y lugar, encontró en la causa patriota algo más que una lucha política: era la posibilidad de dignidad.
Junto a Dorotea, heroína independentista de la cual hoy nos ocupamos de hablar, Josefa compartió no solo el riesgo, sino también la convicción de libertad.
Entre susurros, mensajes ocultos y gestos que parecían pequeños, pero eran decisivos, ambas tejieron una red de apoyo a los insurgentes.
No empuñaban fusiles en los campos de batalla, pero su valentía era igual de letal para el dominio colonial.
Sabían lo que podía pasar. En aquellos tiempos, la lealtad a la independencia no se pagaba con reconocimiento, sino con persecución.
Aun así, siguieron adelante, porque había algo más fuerte que el miedo: la certeza de que el futuro no podía construirse sin sacrificio.
Esta valiente mujer también fue fusilada al lado de su ama, la señora Dorotea.
En tiempos donde la memoria es también un campo de disputa, rescatar estas voces es fundamental.
Dorotea Castro no fue un personaje secundario: fue protagonista, algo así como Policarpa Salavarrieta, “la Pola”, o Manuela Beltrán en la Revolución de los Comuneros, de una lucha que redefinió el destino de un país.
Su vida y su muerte nos interpelan, recordándonos que la independencia no fue solo obra de unos pocos, sino el resultado del coraje de muchos, incluso de aquellos cuyos nombres apenas comienzan a ser pronunciados.
