Cali, octubre 8 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 8, 2026 16:33

Omar Nicolás Ordóñez Ruiz

Dos meses, permitamos que el Gobierno avance

Por Nicolás Ordóñez Ruiz

El 7 de agosto, en Cali, Abelardo de la Espriella juró como presidente de Colombia.

Tres días después, a las 7:34 de la mañana del lunes 10, la tierra le puso la primera prueba a su gobierno y a todos nosotros: un sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, el más fuerte que ha sentido el país en la última década.

Las cifras todavía duelen. 331 colombianos muertos, 122 desaparecidos, más de 4.500 heridos, 466.000 personas afectadas y más de 36.000 viviendas destruidas en 498 municipios de 16 departamentos.

Planeación Nacional calcula que la reconstrucción costará cerca de 40 billones de pesos y tomará entre cinco y seis años. Más tiempo del que dura el mandato de quien hoy gobierna.

Ningún programa de gobierno trae un capítulo para eso.

Ningún presidente, de ninguna orilla, llega preparado para despedir a centenares de compatriotas en su primera semana.

Conviene recordarlo ahora que se cumplen dos meses, porque medir este arranque con la vara de un arranque normal sería injusto.

Y aun así, el país no se detuvo. En medio de la emergencia se recaudaron más de 2 billones de pesos en donaciones del sector productivo, de organismos multilaterales y de naciones amigas.

La reconstrucción del Chocó ya comenzó. En seguridad, el Gobierno reportó cerca de 800 capturas en su primer mes y, según el balance oficial, en agosto la extorsión cayó 62% y las masacres 58% frente al mismo mes del año pasado.

En el Magdalena se reabrió la vía Santa Marta-Riohacha después de un intento de paro armado.

La confianza del consumidor que mide Fedesarrollo, negativa hace un año, se ubicó en 15,5% en agosto. Y el dólar ronda los 3.200 pesos, cerca de 17% menos que hace doce meses.

No escribo esto para hacer de vocero de nadie. Esas cifras hay que seguir contrastándolas mes a mes, y hay otras que preocupan: el desempleo subió a 9,4% en agosto, la inflación no cede y las cuentas fiscales que heredó este gobierno son estrechas.

Se han cometido errores y se cometerán más. Es lo natural en cualquier administración, y más en una que comenzó entre escombros.

Para eso existe la democracia: para señalarlos, corregirlos y seguir.

Lo que no nos conviene es convertir cada error en trinchera.

La primera encuesta del mandato muestra a un país que sigue partido casi por la mitad: 51,8% aprueba al presidente y 43,2% lo desaprueba.

Con esos números nadie puede gobernar solo ni oponerse solo.

Colombia lleva demasiados años gastando en pelear consigo misma la energía que necesita para resolver sus problemas.

Creo que el presidente tiene buenas intenciones y toda la energía para servirle al país.

Lo creo independientemente de mi postura política, y no hace falta compartir todas sus ideas para desearlo.

Que a un mandatario le vaya bien no es un triunfo de su partido.

Es empleo, es seguridad en la carretera, es una casa reconstruida en Pereira o en Quibdó.

Si al Gobierno le va bien, nos va bien a todos, incluidos quienes no votaron por él.

El terremoto no preguntó por quién había votado cada uno.

Tampoco lo preguntaron los rescatistas, ni quienes donaron, ni las regiones que enviaron camiones de ayuda.

Durante esas semanas fuimos un solo país. Ojalá no necesitemos otra tragedia para volver a serlo.

Desde la orilla en la que esté cada quien se puede ayudar a construir.

La oposición, vigilando con rigor y proponiendo. El Gobierno, escuchando y rectificando cuando toque.

Los ciudadanos, exigiendo resultados sin apostarle al fracaso.

Dos meses son apenas el comienzo de cuatro años. Permitamos que el Gobierno avance.

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