Cali, febrero 14 de 2026. Actualizado: sábado, febrero 14, 2026 00:20
Esclavitud en Chile: Negro no fue un color común, fue sinónimo de opresión y muerte
La esclavitud negra en América no fue un accidente de la historia, sino una decisión económica, política e ideológica.
Surgió como respuesta a la caída demográfica de los pueblos indígenas y como una estrategia para aumentar la rentabilidad de la empresa colonial, especialmente en la minería del oro y la plata.
Lo que se implantó en el llamado Nuevo Mundo fue, en esencia, un sistema de explotación humana pensado para sostener un modelo económico profundamente desigual e inhumano que durante siglos humilló, sometió a castigos y causó la muerte a millones de negros y aborígenes en las Américas.
En cada uno de lo que hoy son países de América llegaron los mal llamados conquistadores. Desde Alaska hasta Tierra del Fuego no hubo un rincón en el que estos malvados asesinos y esclavistas no metieran sus narices y su malévola mirada para descubrir las minas de oro y otros metales de valor, los cuales eran el motivo de sus propósitos y la obsesión de ser ricos a ultranza, a cualquier costo, incluso si ello violaba la dignidad humana.
El descubrimiento trajo la esclavitud
Aunque suele creerse que la esclavitud comenzó con la colonización americana, lo cierto es que en la península ibérica ya existía desde la Edad Media.
Españoles y portugueses convivían con esclavizados árabes, griegos y africanos. Sin embargo, esta institución estaba en decadencia.
Fue el “descubrimiento” de América lo que la revitalizó, transformando el comercio local de personas en un gigantesco tráfico internacional que convirtió a África en el principal centro de abastecimiento de mano de obra forzada.
Desde entonces, “negro” dejó de ser un color o un origen, para convertirse en una categoría social: sinónimo de servidumbre.
Para que este sistema funcionara no bastó con la fuerza: necesitó leyes y discursos que lo justificaran. Teólogos y juristas elaboraron una ideología que naturalizó la dominación, mientras la Corona española construía un aparato jurídico que regulaba la vida, el cuerpo y el destino de millones de personas.
La esclavitud no solo fue una práctica económica, fue una estructura mental que enseñó a ver al otro como mercancía para hacer un buen negocio.
Más de 300 años de esclavitud en Chile
En Chile, la esclavitud negra se extendió por casi tres siglos, desde 1536 hasta 1823. Aunque nunca fue el principal régimen laboral, estuvo presente de forma constante, compitiendo con sistemas como la encomienda, el inquilinaje y el peonaje.
Los primeros esclavizados llegaron junto a los conquistadores, como sirvientes y soldados. Pero, con la caída de la población indígena y el auge de la economía ganadera, la trata se transformó en un negocio lucrativo, integrando al país a la red atlántica del comercio humano más degradante de la historia de la humanidad.
Diáspora obligada para trabajar en las plantaciones
Entre 1580 y 1640 se vivió el mayor ingreso de africanos al territorio. Luego, guerras, terremotos y epidemias redujeron drásticamente esta dinámica.
En el siglo XVIII, la esclavitud se volvió más urbana que rural, concentrándose especialmente en Santiago.
Allí, el mestizaje, la acción de la Iglesia y las estrategias legales de los propios negros sometidos, como la manumisión y las demandas judiciales, abrieron grietas en un sistema que parecía inamovible.
Abolición de la esclavitud en Chile
La abolición definitiva llegó en 1823, impulsada por José Miguel Infante, aunque ya en 1811 se había establecido la libertad de vientres.
A diferencia de otros países, en Chile la desaparición legal de la esclavitud no generó grandes conflictos sociales.
Los afrodescendientes se mezclaron con el resto de la población y su presencia fue progresivamente invisibilizada.
Sin embargo, que no haya habido guerras raciales no significa que no haya habido olvido. La historia oficial chilena blanqueó su pasado, minimizando el rol de los africanos en la construcción del país.
Hoy, su herencia sobrevive en el folclor, en la cueca, en ciertos rasgos culturales, pero, sobre todo, en una memoria fragmentada que aún lucha por ser reconocida, es decir, no fueron incluidos en la historiografía de Chile o simplemente los sacaron.
Recordar la esclavitud no es un ejercicio del pasado: es una forma de entender cómo se construyeron nuestras desigualdades presentes.
Porque cuando una sociedad aprende a ver a otros como mercancía o cosa, las consecuencias no desaparecen con una ley: se heredan, se transforman y persisten.
