Cali, junio 30 de 2026. Actualizado: martes, junio 30, 2026 18:09
La película de Musk
El hombre más rico del mundo publicó en su X —el “su” es literal— una película vetada. No se trata de una superproducción hollywoodense, pero bastaron horas para que terminara convertida en un fenómeno mundial.
La vi, y son tres las reflexiones que me deja.
La primera tiene que ver con la justicia. Ninguna sociedad empieza admirando a los justicieros; comienza a hacerlo cuando deja de confiar en los jueces.
Hemos aceptado que el monopolio de la fuerza pertenezca al Estado renunciando a ejercer la venganza personal.
Pero este pacto solo funciona mientras el Estado cumpla su parte. Cuando deja de proteger el contrato se rompe y aparecen los justicieros.
La segunda tiene que ver con la censura. Intentaron impedir que la película circulara, pero Elon Musk consiguió lo contrario: hacerla viral.
En la era digital, la censura puede terminar convirtiendo una obra en un fenómeno mundial.
Y mi tercera reflexión: la inmigración. En Europa el desafío es complejo por las diferencias culturales y religiosas de la reciente inmigración, lo cual dificulta la integración, la convivencia y el respeto por la ley.
En América también existe este problema, pero gran parte de la migración comparte idioma, raíces culturales y una tradición religiosa semejante, circunstancias que hacen distinto el problema.
Citizen Vigilante, como se llama la película, ha provocado discusión. Su mérito no es ofrecer respuestas, sino obligarnos a formular tres preguntas: ¿Qué sucede cuando la justicia deja de inspirar confianza? ¿Qué pasa cuando la censura ya no consigue ocultar una idea? ¿Y qué ocurre cuando una sociedad descubre que integrar comunidades culturalmente distintas es más difícil de lo que imaginó?
