Cali, junio 4 de 2026. Actualizado: jueves, junio 4, 2026 21:07
Los Turcos II
Algunos de mis lectores, atentos ellos, como Rodrigo González Caicedo, Harold Rojas Girón, me manifestaron su interés en que diera continuidad al tema del restaurante Los Turcos, porque fue corta la columna anterior.
Claro, el espacio es breve y el asunto a tratar es bastante amplio.
Quiero iniciar con quien terminé la columna anterior: Víctor Hugo. Él es el alma del restaurante. Siempre atento, con sus collares que lo envuelven mágicamente y que lo caracterizan.
Su amabilidad a flor de piel, ya conoce los gustos de cada uno de los comensales y sabe de la historia del restaurante como ninguno, merece un pedestal en este espacio.
La carta del restaurante Los Turcos ha sido bien diseñada, con la especialidad de la comida árabe. Cada uno de los platos allí reseñados tienen su toque especial.
Yo siempre inicio con indios de parra y Víctor Hugo sabe cuántos y cómo servirlos. Limón, algo de picante, y acompañado de una cerveza michelada o soda.
La bandeja árabe es de ataque y maluquera, como los Quibbes, y la Cafta.
Pero retorno a los personajes que han visitado el restaurante cuando estaba ubicado en lo que hoy es la plazoleta Jairo Varela.
Por allí disertó Charlie Pineda, Jota Mario Arbeláez, Luis Ospina, Sandro Romero Rey, Gardeazabal y una serie de personajes que son parte de la historia intelectual de Cali y Colombia.
Ah, no podía dejar de citar algunas líneas del libro “Los Turcos de Cocoliso” de Sebastián Valencia (hijo de Alejandro y nieto de Lucy Tejada), que recoge mucho más de lo aquí dicho, evocando a Los Turcos de aquél entonces: “En los Turcos hablábamos, reíamos. Nos enamoramos. También fue nuestra escuela. Aprendimos cine, literatura, teatro, pintura, el arte de la amistad, y fue allí donde se nos reveló que era más importante creer en los sueños que interpretamos. Supimos que los psicoanalistas estaban más locos que nosotros. Temimos y admiramos a Guerra y sus diatribas sexo-revolucionarias. Mientras unos jugaban a ser cineastas otros se empeliculaban con hacer la revolución. Aprendimos también que el amor sí se puede hacer en los baños. Y un axioma: El último vale es el que no se paga…”
El restaurante Los Turcos es un oasis en esta ciudad del caos, un lugar contra el mal tiempo (como titula la obra de Esquina Latina).
Allí se pasan las horas gratamente, tertuliando, alrededor de los platos que sutilmente van llegando a la mesa, servidos por Víctor Hugo.
Es un lugar para no dejar olvidar, para alimentar a esa Cali que ya no es, pero que sus amplios salones invitan a quedarse, a que perviva, y qué mejor que bendecido por algunos caldos espirituosos, que hacen más vívida la estadía allí.
