Cali, marzo 11 de 2026. Actualizado: miércoles, marzo 11, 2026 22:41
Ni temerarios ni temerosos: el arte de saber dónde estamos
Estoy seguro de que, a Usted, como a mí y a todos, nos ha pasado que en algún momento de la vida, como dice la frase de un famoso comercial de televisión, hemos estado en el lugar equivocado.
Y no me refiero, por ejemplo, a ingresar por error en un espacio físico en el que no hemos sido invitados o donde invadimos la privacidad de otros, sino a situaciones en las que hacemos algo sin estar preparados, ni capacitados ni con las habilidades necesarias, con posibles resultados adversos y el riesgo de terminar siendo motivo de burla, lástima, ofensa o crítica.
Con preguntas, para su reflexión, espero hacerme entender mejor: ¿Cómo le ha ido cuando, en su vida profesional o personal, responde como si tuviera pleno conocimiento de los hechos relacionados con una pregunta de cuya respuesta no tiene ni idea?, ¿generalmente, cómo reacciona cuando le invitan a realizar una actividad sobre la cual tiene mínima experiencia, formación o gusto y personalmente nunca lo hace y no lo intenta, como por ejemplo, hablar en público, imitar, contar un chiste, bailar, actuar, declamar, orar, suplicar, practicar un deporte o gritar, entre otras muchas?, y ¿cómo se ha sentido cuando ha tenido que reconocer que se halla en una situación personalmente incómoda, en la que desearía no estar, y con la que podría mostrar su desconocimiento de ciertos temas y torpeza en algunas acciones, y que ello le hace parecer débil frente a los demás?, ¿le da miedo, pánico, vergüenza o, por el contrario, se disfruta la situación, responde como si nada y sigue adelante?.
¿La imprudencia le lleva a no medir las consecuencias de sus actos, o el miedo y la duda le paralizan para actuar?
Estas situaciones límite develan dos caracteres muy disímiles. El de los temerarios a los que no les da pena nada, no se avergüenzan, poco les importa el qué dirán y se aventuran a cuanta situación y desafío les traiga el día a día.
Estas personas asumen esas situaciones incómodas con buen humor y lo disfrutan, aunque corren el riesgo de equivocarse en sus respuestas, e incluso de llegar a mentir o a perder credibilidad y confianza entre los demás.
De otro lado, están quienes se limitan, los temerosos, se privan de ciertas reuniones sociales o de tratar de progresar en un ámbito laboral y profesional y, aunque así lo quisieran, se autoexcluyen o no son tenidos en cuenta para algunas actividades.
Pueden llegar a ser considerados responsables, y -dirán algunos- hasta aburridos.
Ambos extremos, como enseña la ética filosófica y la prudencia, son riesgosos.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre, señala la experiencia popular, para indicar que los extremos son una exageración, generalmente riesgosa, de una conducta que termina siendo rechazada porque traspasa fronteras o incomoda.
Por ello se habla de la importancia de considerar siempre las miradas antagónicas; es decir, de actuar en la vida con apasionamiento por lo que se conoce y se quiere, pero con los pies en la tierra; de prometer y amar con energía, pero dentro del límite de las posibilidades; de querer hacer más, conocer más, practicar más, hablar más, interactuar más y, en general, ir más allá, pero con conciencia de las propias capacidades, contexto, recursos, personas y con conciencia de los impactos de lo que se haga o se diga.
Más allá de nuestra personalidad todos tenemos un desafío personal y ético: Intentar ir más allá del momento y de la propia capacidad; no negarse a las oportunidades de intentarlo; reconocer y potenciar lo que gusta, pero también admitir y valorar lo que no gusta.
Por desafiantes que algunas personas sean, siempre hay momentos en las que ellas también se sienten cohibidas.
De tal forma que es clara la necesidad de pensar el impacto de nuestros actos, así como de nuestros miedos y limitaciones, y debemos ser capaces de poder reconocer ante los demás lo que queremos y no queremos, lo que podemos y no podemos y lo que nos gusta o no nos gusta, en coherencia con nuestro propio pensamiento.
