Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero

Cali, julio 28 de 2026. Actualizado: martes, julio 28, 2026 15:50

Célimo Sinisterra

Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero

Célimo Sinisterra

Buenaventura es una de esas ciudades ancladas en el Pacífico colombiano que, por su ubicación y su gente, se ha caracterizado a través del tiempo por ser una despensa de talentos, virtudes y, sobre todo, de resiliencia.

Fundada por Juan de Ladrilleros en el año 1540, desde entonces se ha convertido en el principal puerto sobre el litoral Pacífico.

El 60% de los productos importados que se comercializan en Colombia cruzan por el canal de Panamá y son descargados en Buenaventura, permitiendo un crecimiento económico, industrial y comercial al país que, de alguna manera, debería verse reflejado en la vida económica de los porteños.

Buenaventura ha sido semillero de hombres y mujeres talentosos que, desde sus quehaceres, han demostrado su capacidad innovadora y, sobre todo, su inteligencia para la música, el folclor y todas esas expresiones que, de alguna manera, hacen parte de la ancestralidad y de la cultura del Pacífico.

Pues bien, hoy haremos alusión a un bonaverense afrodescendiente que nació dos años después del hundimiento del Titanic y en el mismo año en que inicia la Primera Guerra Mundial. Me refiero a Patricio Romano Petronio Álvarez.

Petronio Álvarez, desde su infancia, soñó con la música. Fue su principal pasión.

No obstante, la situación económica lo obligó a vender pan y empanadas de cambray, típicos del Valle del Cauca, las cuales eran parte del emprendimiento de su señora madre, doña Juana Francisca.

Petronio era un niño talentoso que, a temprana edad, mostraba unas virtudes excepcionales que llamaban la atención de mucha gente, y una de ellas se evidenció al momento de salir a la calle a vender las empanadas.

Para ello utilizó una décima, la cual decía así:Empanadas de cambray, para las viejas, aquí hay; el que no me las compre, déjelas ahí”. Esa copla pegó y, con ello, permitió que se dispararan las ventas de las empanadas.

Con el transcurso de los años fue creciendo y, siguiendo los pasos de su señor padre, ingresó a trabajar como “aguatero”. Al poco tiempo pasó a los talleres del ferrocarril y, al final, cumplió su sueño de ser maquinista de una locomotora, la cual era conocida como La Palmera.

Como llevaba por dentro el sonido del currulao y todas esas expresiones musicales del Pacífico, en los momentos de descanso tocaba la guitarra para deleitar a sus compañeros del ferrocarril. En 1942 conoció a Veneranda Arboleda Rodríguez. Once años después se casaron en la iglesia de San Nicolás de Cali.

Petronio Álvarez siempre viajó con el cupo completo de su locomotora.

Mientras que en una mano cargaba un estuche rústico con las herramientas para arreglar cualquier avería que pudiera tener el tren, en la otra portaba la guitarra para hacer más amenos los desplazamientos sobre las líneas paralelas del ferrocarril.

Al ser el comandante del tren y el encargado de marcar el paso rumbo al horizonte, el único público que tenían sus interpretaciones era el viento, que durante varios años se llevó sus melodías sin sospechar que serían parte esencial del folclor de la región del Pacífico colombiano y que, además, registraban la idiosincrasia de una población afro que insistía en la conservación de su identidad.

De su madre, Juana Francisca Quintero Asprilla, heredó la facilidad para crear versos y la magia para inventarlos de la nada, para improvisar y para que esas composiciones espontáneas fueran documentos sonoros en los que se consignaron sentimientos y los pálpitos de una comunidad en situación marginal.

Composiciones como Vespertina, Bochinche en el cielo, Coja la pareja, Felisa, Cali, ciudad sultana, El Cauca, La caña de azúcar y, por supuesto, Mi Buenaventura, su canción más popular, hicieron de Petronio Álvarez un cronista de renombre en el Pacífico.

Bambucos, merengues, huapangos, sones, abozaos y jugas fueron los ejes transversales en la vida musical del compositor nacido en la isla de Cascajal, en el Valle del Cauca.

Sin embargo, sus piezas a ritmo de currulao marcaron la pauta.

Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez

En 1997 se creó el Festival de Música del Pacífico, al que se le otorgó el nombre de Petronio Álvarez, precisamente en honor al compositor porteño.

El festival incluye modalidades tradicionales como la chirimía, la marimba y el violín caucano.

A pesar de la importancia que hoy tiene el autor en los cuatro departamentos del Pacífico —Valle, Cauca, Chocó y Nariño—, gran parte de su música está inédita y pocos artistas se atreven a interpretarla debido al temor de ser inferiores al compromiso con lo que consideran más que un legado.

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lunes 27 de julio, 2026
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