Cali, septiembre 24 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 24, 2026 16:08

Carmiña Navia Velasco

Poder y religión

Carmiña Navia Velasco

La combinación, la cercanía o la “juntanza” entre la religión y el poder nunca a lo largo de la historia ha dado buenos resultados, por el contrario ha causado desastres.

Desastres tales como la inquisición o las cruzadas. La religión siempre ha sido “utilizada” para bendecir todo tipo de situaciones, propuestas, caminos, proyectos y hasta ejércitos… pero esa utilización crece con los años aún en sociedades que se dicen, piensan y organizan como desacralizadas.

David Lyon escribe su libro Jesús en Disneylandia, en el año 2000 y ya habla de “parques temáticos bíblicos y religiosos”.

En la postmodernidad en la cual muchas veces se supuso que la religión en Occidente desaparecería, ésta se ha convertido en una fuerza que maneja masas.

La última campaña presidencial en Colombia estuvo plagada de manipulaciones religiosas que volaban y caían de todos los lados.

Pero lo que ahora me alarma es la aparente cercanía de la religión con los ámbitos del poder, en el nuevo gobierno en Colombia.

Más allá de las expresiones de Viva Cristo Rey o de las “bendiciones” en la posesión u otros actos… me parece francamente alarmante lo que se anuncia en el ámbito de la educación.

Tradicionalmente Colombia ha sido un país que se ha entendido como católico pero quienes ejercen puestos públicos no son identificados por su relación con una iglesia, eso se ha mantenido en su ámbito privado.

En este momento el Ministerio de educación ha sido entregado a diferentes “militancias religiosas” muy fuertes. Es necesario preguntarse si los intereses que se van a priorizar en la educación son los intereses objetivos de la educación que necesita y requiere el país, en sus distintos niveles, o los intereses de ideologías religiosas que priorizan sus “credos” en el ámbito público, que ante todo debe ser un ámbito neutro en donde quepan todos y todas: creyentes de diferentes religiones y no creyentes.

La educación privada puede garantizar a los y las creyentes, la formación religiosa que requieren, en sus instituciones privadas, pero la educación pública debe ocuparse de formar a los estudiantes en las líneas sociales y cívicas necesarias para una convivencia y una ciudadanía sanas, justas, democráticas y amables.

Y me pregunto, si con las directrices que se perciben hoy, esto está en peligro.

Creo que cada presidente y cada ministro o servidor público puede practicar la religión que desee o no practicar ninguna… Sin embargo esto no puede determinar la orientación con la que ejerza su servicio en los años en que le toque ejercerlo.

No es posible que desde lo público se beneficie a sectores de la población o a instituciones u organizaciones por su orientación religiosa o ideológica… y me temo que en algunos pasos que se están dando en el Ministerio de Educación esto sea lo que se anuncia.

Es importante una alerta en este sentido, ojalá me equivoque.

Creo que desde FECODE y sobre todo desde los centros educativos universitarios debe adelantarse un diálogo con el Ministerio para evitar que haya desvíos que no sólo serían inconvenientes sino perjudiciales para la niñez, la juventud y el país entero.

Definitivamente: El poder y la religión, más bien de lejitos… No me detengo en lo que por otro lado afirmo: la religión aliada con el poder pierde su esencia.

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jueves 3 de septiembre, 2026
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