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MES MUNDIAL DEL ALZHEIMER

Septiembre, un mes para hablar del Alzheimer antes de que sea demasiado tarde

Septiembre, un mes para hablar del Alzheimer antes de que sea demasiado tarde
Ilustración generada por IA / Diario Occidente
    jueves 3 de septiembre, 2026

    Por: Rosa María Agudelo Ayerbe

     

    Septiembre es el Mes Mundial del Alzheimer. Más que una fecha en el calendario, es una oportunidad para hablar de una enfermedad que transforma la vida de quien la padece, pero también la de sus familias y cuidadores.

    El 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una iniciativa impulsada internacionalmente desde 1994 para aumentar el conocimiento sobre las demencias, combatir los estigmas y promover una mejor atención. Con los años, la conversación se extendió a todo el mes.

    Y hay razones para hacerlo.

    Una enfermedad que impacta a millones de familias

    Según la Organización Mundial de la Salud, 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo en 2021 y cada año se presentan cerca de 10 millones de nuevos casos. Más del 60 % de quienes viven con demencia están en países de ingresos bajos y medios.

    El Alzheimer es la forma más frecuente y representa entre el 60 % y el 70 % de los casos de demencia.

    Pero las cifras cuentan apenas una parte de la historia.

    Detrás de cada diagnóstico hay una familia que empieza también un proceso que puede durar años. La OMS estima que aproximadamente la mitad del costo económico mundial de la demencia corresponde al cuidado informal prestado principalmente por familiares y personas cercanas.

    Por eso hablar de Alzheimer es hablar del enfermo, pero también de quienes lo acompañan.

    Para mí, el Alzheimer tiene nombre

    Para mí esta conversación no es académica ni distante. Tiene el nombre de mi mamá: Gloria Ayerbe.

    Durante cerca de quince años convivimos con su Alzheimer. Yo fui su hija y también su cuidadora.

    Hoy puedo identificar muchas cosas que entonces no comprendía. Una de ellas es que la enfermedad había empezado a dar señales mucho antes del diagnóstico.

    Uno de mis sobrinos, todavía pequeño, hizo una observación que nos causó gracia: preguntó por qué su abuela llevaba “otra vez la misma ropa”.

    Parecía una anécdota familiar. No lo era.

    Después aparecieron otras pequeñas señales: nombres que no llegaban, historias que se repetían, una cuenta que quedaba sin pagar, objetos que desaparecían.

    Mi mamá también se daba cuenta. Le preocupaban sus olvidos y buscaba respuestas.

    Durante varios años consultamos especialistas sin obtener un diagnóstico definitivo. Mientras tanto, la vida cotidiana empezaba a llenarse de pequeñas situaciones que no sabíamos interpretar.

    Olvidar no siempre es simplemente envejecer

    Ese es quizás uno de los mensajes más importantes para comenzar este Mes Mundial del Alzheimer: no debemos normalizar automáticamente los cambios de memoria atribuyéndolos a la edad.

    La Alzheimer’s Association señala que una de las manifestaciones tempranas más frecuentes del Alzheimer es la dificultad para recordar información recién aprendida. También pueden aparecer problemas para realizar tareas habituales, manejar cuentas, recordar citas, orientarse o encontrar palabras.

    Esto no significa que cualquier olvido sea Alzheimer.

    Todos olvidamos dónde dejamos las llaves o podemos tardar en recordar un nombre. Además, existen otras condiciones médicas que pueden afectar la memoria y el pensamiento. Por eso el diagnóstico requiere una evaluación médica integral.

    Lo importante es observar los cambios.

    Cuando una conducta empieza a repetirse, interfiere con actividades que antes se realizaban normalmente o es percibida por la propia persona o su familia como algo diferente, vale la pena consultar.

    Saber antes también permite cuidar mejor

    Un diagnóstico temprano no cura el Alzheimer, pero puede cambiar la manera de recorrer el camino.

    Permite investigar las causas de los síntomas, acceder oportunamente a alternativas de tratamiento, tomar decisiones y planear aspectos familiares, financieros y legales mientras la persona todavía puede participar activamente en ellos.

    Yo habría querido saber muchas de estas cosas cuando comenzó nuestra historia.

    Por eso durante septiembre quiero hablar de Alzheimer desde un lugar diferente: no solo desde la enfermedad, sino desde la experiencia de quienes la viven y la acompañan.

    Después de quince años entendí que conocer la enfermedad no elimina el dolor. Pero sí puede evitar muchos errores, disminuir conflictos y ayudarnos a cuidar mejor.

    Y quizás el primer paso sea muy sencillo: dejar de pensar que olvidar siempre es una consecuencia normal de envejecer y empezar a prestar atención a las señales.

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