Cali, marzo 6 de 2026. Actualizado: viernes, marzo 6, 2026 22:50

Contracultura con raíces ancestrales, míticas y literarias

Therians vistos desde la Biblia y el psicoanálisis

Therians vistos desde la Biblia y el psicoanálisis
Foto: Ilustración IA
viernes 6 de marzo, 2026

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Especial Diario Occidente

Los Therians, pocos días después de aparecer en los parques, ingresar a los centros comerciales y desfilar por avenidas de las ciudades, fueron objeto de miradas curiosas, de registros en redes sociales y desconciertan a los tradicionalistas.

Pero también, fueron víctimas del ataque de caninos lanzados por sus amos que fanáticos consideraron a los imitadores de los animales como una amenaza contra la civilización.

No faltó la autoridad que les amenazó detenerles y penalizarles para finiquitar su conducta pública, aunque estuviesen amparados por la Constitución Política y fundamentados con el libre desarrollo de su personalidad.

Si confrontamos los Therians con personajes mitológicos, de la historia eclesiástica, con personajes de la literatura y con monstruos de la ficción cinematográfica, igual que con dibujos y pinturas antiguas, descubrimos sus antecesores.

Therians tiene raíces etimológicas griegas, therion (bestia), therianthropy (identificación espiritual con animales).

San Francisco de Asís, en la historia eclesiástica, es patrono de los animales y la fe cristiana admite que tuvo el don de empatizar con ellos, hasta de hablarles y que lo entendieran.

El Hombre Caimán es ícono de los carnavales de Barranquilla, entonces, los Therians, tampoco vulneran la cotidianidad citadina.

Perseguirlos pondría en riesgo los espectáculos del teatro callejero y hasta las marchas de protección y paz animal.

Fábulas y canciones

Desconocemos si representan una corriente contracultural, si escenifican una moda efímera o si son productos mediáticos, pero no podemos ignorar su identificación con los animales, conducta para psicoanalizar.

Los Therians, no merecen ataques de quienes se autoproclaman defensores de las costumbres sociales, deberían acudir a la Sociedad Protectora de Animales y la Defensoría del Pueblo, en vez de descargar su zoofobia y antropofobia.

Absurdo sería considerar imbéciles a los niños porque juegan a animales y entonces mugen, relinchan, trinan, maúllan, ladran, gruñen y balan.

Tampoco lo fueron Rafael Pombo, La Fontaine, Samaniego o Iriarte, los autores de las fábulas que inspiran a los niños para sus dibujos animados y representaciones.

Ni fue imbécil Kafka por “La Metamorfosis” (1915) con su personaje Gregorio Samsa convertido en insecto que impávido mira la deshumanización social, la alienación laboral y el aislamiento familiar.

Tampoco lo fue George Orwell por su novela “Rebelión en la granja” (1945), que narra la inconformidad de los animales contra la tiranía humana.

A Roberto Carlos no puede tachársele de imbécil por su canción “El Progreso”, donde expresa su deseo “de ser civilizado como los animales”.

Memoria artística cultural

La mitología griega legó deidades y monstruos, que gracias a pintores y escultores, se preservan como memoria cultural en museos europeos, por ejemplo, Períclimeno, el príncipe de Pilos con la habilidad sobrenatural de transformarse en diversas criaturas zoomorfas (águila, hormiga, abeja, serpiente); el Minotauro, monstruo (con cuerpo humano y cabeza de toro); los Centauros (hombres de la cintura hacia arriba, con cuerpos de caballos); la Esfinge (monstruo con cabeza de mujer, cuerpo de león y alas de ave rapaz); las Sirenas (mujeres híbridas con cabeza y torso femenino, pero cuerpos de aves con alas y garras).

Franz Kafka y La Metamorfosis

Franz Kafka (1883-1924), influyente escritor del siglo XX, publicó La Metamorfosis en 1915, novela que tal vez fundamentaría a los Therians o que nos alerta de secundarlos.

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.

Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.

Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

  • ¿Qué me ha ocurrido?, pensó.

No era un sueño. Su habitación, si bien algo pequeña, seguía tranquila entre las cuatro paredes. Encima de la mesa, se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados, Samsa era viajante comercial”.

Deshonrando sus cuerpos

La Biblia dice que Dios ordenó: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes”. (Génesis 2. 26)

Sólo a los seres humanos les dio razón, intelecto y lenguaje, la capacidad de poder comunicarse con palabras.

Por eso, los Therians son rechazados por los cristianos creyentes que los consideran desobedientes de la Biblia.

La Iglesia, después de los carnavales populares, fiestas en que las personas también gozan al disfrazarse de animales, inicia la celebración de Semana Santa, un tiempo que sus fieles cristianos destinan para el arrepentimiento, la penitencia y el estar en paz con Dios.

Al contrario, se perdieron en sus razonamientos y su corazón extraviado se encegueció más todavía. Pretendían ser sabios.

Cambiaron la gloria de Dios inmortal por imágenes con forma de hombre mortal, de aves, de animales o de serpientes. Por eso se entregaron a sus malos deseos.

Llegaron a cosas vergonzosas y deshonraron sus propios cuerpos. Han cambiado al Dios de verdad por la mentira; han adorado y honrado a seres creados, prefiriéndolos al Creador” (Biblia. Romanos 2. Capítulo 1.21-25).

Pulsión a destruir

Los Therians tienen la pulsión a destruir su cuerpo. Entonces revisemos sus historias y sus complejidades psíquicas frente a sus semejantes y en su relación interior con ellos.

Descubriríamos que entran en juego sus componentes complejos expresados a través de sus fantasías marcadas por la zoofilia, expresadas y sentidas en su actuar público. Carmen Lucía Díaz, nos entrega algunos elementos desde el psicoanálisis:

Hablar de cuerpo supone al sujeto y su deseo. El cuerpo es el sostén material del sujeto en los diversos órdenes en tanto es la sede pulsional, otorga la imagen que representa al sujeto, y permite que se introduzcan sentidos sobre el cuerpo y el sujeto; además, el cuerpo soporta el nombre y la existencia del sujeto”. (Revista No 2 “Desde el Jardín de Freud” 2021).

Posdata

George Orwell, también pudo haber anticipado la liberación de los animales tras su rebelión en la granja contra la tiranía humana, recordemos cómo durante el Covid-19, que nos confinamos, los animales salieron a la ciudad sin temor a ser agredidos. De la mano con Franz Kafka, entendiendo su mensaje literario, nos despojaríamos de pulsiones, evitaríamos correr un destino semejante al que padeció Gregorio Samsa. Descartaríamos la tentación de convertirnos en Therians.


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