Cali, mayo 12 de 2026. Actualizado: martes, mayo 12, 2026 15:05
Tácticas para no tocar fondo
Si sientes que todo está saliendo mal, esto puede ayudarte a voltear la energía
Hay etapas de la vida en las que pareciera que todo se rompe al mismo tiempo. Se daña algo en la casa, aparece una deuda inesperada, las discusiones aumentan, el cansancio no se va, los planes se caen y hasta las cosas pequeñas comienzan a sentirse pesadas.
Muchas personas describen esos momentos con una frase muy común: “siento que tengo la energía caída” o “parece que estoy salada”.
Aunque para algunos esto puede sonar supersticioso, lo cierto es que casi todos hemos atravesado épocas donde la vida se siente densa, lenta y extrañamente oscura. Y cuando eso ocurre, el problema no es solo lo que pasa afuera.
También cambia la forma en que el cuerpo responde: cuesta levantarse, dormir bien, concentrarse o incluso sentir esperanza.
Desde una mirada más espiritual y emocional, hay quienes creen que la energía personal puede cargarse de estrés, miedo, tristeza acumulada o ambientes negativos.
No necesariamente porque exista “una maldición”, sino porque las emociones también dejan huella en el cuerpo y en la mente.
Una persona agotada emocionalmente empieza a vivir desde la tensión, y desde ahí todo parece empeorar.
Lo primero que recomiendan quienes trabajan temas energéticos es dejar de alimentar el caos.
Muchas veces, cuando sentimos que todo sale mal, entramos en un estado de desesperación permanente: hablamos solo de problemas, pensamos lo peor, dormimos mal y vivimos esperando otra mala noticia.
Sin darse cuenta, la persona queda atrapada en una frecuencia de angustia constante.
Por eso, uno de los primeros pasos para “voltear la energía” es recuperar pequeños actos de control.
Cosas simples, pero simbólicas. Tender la cama apenas se despierta. Abrir las ventanas. Limpiar un espacio. Bañarse con calma. Cambiar las sábanas.
Aunque parezcan detalles menores, ayudan a enviarle al cerebro un mensaje importante: todavía hay orden dentro del caos.
En muchas culturas también existen rituales cotidianos de limpieza energética.
Algunos usan baños con sal marina, ruda o romero. Otros colocan vasos con agua y sal en las esquinas de la casa para “absorber cargas pesadas”.
Incluso hay personas que barren desde el fondo de la casa hacia la puerta como símbolo de sacar lo negativo.
Más allá de creer o no en estos rituales, lo cierto es que generan una sensación psicológica de renovación y cierre.
Otro punto importante es revisar el entorno. Hay épocas donde uno está rodeado de personas agotadoras, conflictos constantes o ambientes llenos de tensión.
Y aunque no siempre se habla de eso, la energía emocional de los lugares también se siente.
Hay casas donde uno entra y siente paz, y otras donde el cuerpo inmediatamente se pone incómodo. Lo mismo pasa con ciertas personas.
También es clave entender que no toda mala racha es “brujería” o mala suerte. A veces el cuerpo simplemente está saturado.
El estrés prolongado cambia el estado emocional, altera el sueño y hace que todo se perciba más difícil. Cuando la mente entra en modo supervivencia, cualquier problema parece gigante.
Por eso, voltear la energía no significa fingir felicidad ni repetir frases positivas vacías.
Significa empezar a cortar poco a poco la sensación de derrota. Dormir mejor. Comer mejor. Hablar menos de tragedias.
Alejarse de personas que solo traen angustia. Volver a conectar con algo que dé calma.
Muchas personas dicen que los cambios energéticos comienzan a sentirse primero en cosas pequeñas: dejan de tener pesadillas, la casa se siente más ligera, aparece una llamada inesperada, llega una oportunidad o simplemente vuelve la sensación de respirar tranquilo.
Y aunque algunos lo atribuyen a lo espiritual y otros a lo emocional, ambos coinciden en algo: la energía cambia cuando la persona deja de hundirse en el miedo.
Porque a veces el verdadero problema no es solo lo que está pasando afuera, sino el momento exacto en que uno empieza a creer que ya no hay salida.

