Cali, septiembre 25 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 25, 2026 18:51
Hablando de equilibrio emocional
Ser fuerte no siempre significa resistir: a veces también es saber abrazar
Durante años hemos relacionado la fortaleza con soportar, aguantar y no mostrar vulnerabilidad.
Sin embargo, existe otra manera de ser fuerte: cuidar, pedir ayuda, hablar con gentileza y reconocer cuándo una carga comienza a ser demasiado pesada.
Cuando pensamos en una persona fuerte solemos imaginar a alguien capaz de resistirlo todo, que no se derrumba ante las dificultades, mantiene el control y continúa adelante incluso cuando la vida parece ponerle una carga tras otra.
Pero quizás hemos confundido durante demasiado tiempo fortaleza con dureza.
Hay una reflexión que propone mirarla desde otro lugar: la fortaleza no estaría en el ancho de los hombros, sino en el tamaño de los brazos cuando abrazan; tampoco en la profundidad de la voz, sino en la gentileza con la que se utilizan las palabras.
No estaría determinada por la capacidad de golpear, sino por el cuidado con el que somos capaces de tocar la vida de otra persona.
Es una manera diferente de entender algo que también resulta importante para nuestro equilibrio emocional: ser fuerte no significa dejar de sentir.
Una persona puede tener miedo y continuar siendo fuerte.
Puede llorar y seguir siendo valiente. Puede reconocer que está cansada sin convertirse por ello en alguien débil.
Incluso puede decir “no puedo con esto solo” y estar tomando una de las decisiones más valientes de su vida.
La fuerza también puede ser suave
Existe una fortaleza que casi nunca recibe aplausos. Es la de quien, estando preocupado, procura no descargar su angustia sobre los demás; la de quien podría responder con agresividad y elige hablar con respeto; la de quien atraviesa sus propios problemas y todavía encuentra espacio emocional para escuchar a otra persona.
También está la fuerza de abrazar.
En momentos difíciles tendemos a buscar soluciones, consejos y explicaciones cuando, algunas veces, lo que la otra persona necesita es simplemente sentir que no está atravesando sola aquello que le ocurre.
Ser emocionalmente fuerte tampoco consiste en convertirse en el soporte permanente de todo el mundo. Porque existe una diferencia importante entre acompañar y cargar.
No todas las cargas tenemos que llevarlas solos
La reflexión sobre la fortaleza termina con una idea especialmente poderosa: nuestra fuerza no se mide solamente por el peso que podemos levantar, sino por las cargas que somos capaces de llevar.
Pero aquí vale la pena añadir algo: también necesitamos aprender cuáles cargas debemos soltar.
Hay personas que se acostumbraron tanto a ser “las fuertes” de sus familias que dejaron de preguntarse cómo estaban ellas.
Resuelven problemas, contienen a otros, trabajan, cuidan, tranquilizan y continúan funcionando.
Hasta que un día descubren que llevan demasiado tiempo sosteniendo un peso que nadie podría cargar indefinidamente.
El equilibrio emocional comienza también cuando entendemos que pedir ayuda no disminuye nuestra fortaleza.
Tal vez podamos hacer un ejercicio sencillo. Al terminar el día, preguntarnos: ¿qué estoy cargando en este momento?, ¿qué realmente me corresponde?, ¿qué puedo compartir con alguien y qué necesito dejar de cargar? Las respuestas pueden sorprendernos.
Porque quizá hemos entendido mal lo que significa ser fuerte. No siempre es aguantar un poco más, esconder las lágrimas o demostrar que podemos solos.
A veces la verdadera fortaleza consiste en abrazar cuando podríamos alejarnos, hablar suavemente cuando estamos enfadados, acompañar cuando alguien tiene miedo, poner límites cuando estamos agotados y permitir que otros nos sostengan cuando nuestras propias fuerzas comienzan a faltar.
Al final, los hombros más fuertes no necesariamente son aquellos capaces de cargar con todo.
Son también aquellos que saben cuándo acercarse a otros hombros y descansar un momento.

