Cali, julio 22 de 2026. Actualizado: miércoles, julio 22, 2026 15:16
Entre la historia, la ciencia y el misterio
OVNI o FANI ¿Cuál es la verdad?
Desde las primeras civilizaciones hasta la actualidad, los objetos voladores no identificados (OVNI), conocidos hoy también como fenómenos anómalos no identificados (FANI), han despertado curiosidad, debate e innumerables investigaciones.
A lo largo de la historia se han registrado avistamientos que, en su momento, parecían desafiar toda explicación.
Desde las primeras civilizaciones, la humanidad ha registrado fenómenos aéreos difíciles de explicar.
Crónicas antiguas, pinturas, testimonios y documentos militares alimentan un debate que oscila entre la investigación científica, las creencias religiosas y las hipótesis sobre vida extraterrestre.
Uno de los casos más antiguos aparece en crónicas del Antiguo Egipto, donde se describen discos luminosos en el cielo durante el reinado del faraón Tutmosis III.
Sin embargo, los historiadores cuestionan la autenticidad de esos documentos y consideran que podrían tratarse de interpretaciones posteriores.
Otro de los relatos más citados es la llamada rueda de Ezequiel, descrita en la Biblia.
El profeta narra la visión de unas ruedas entrelazadas acompañadas por seres luminosos que descendían del cielo.
Para la tradición religiosa se trata de una manifestación divina, mientras que algunos investigadores y autores de la hipótesis de los antiguos astronautas la interpretan como la posible descripción de una nave tecnológica observada con el lenguaje de la época.
Sin embargo, no existe evidencia que permita confirmar esa interpretación.
En la Edad Media también se registraron extraños fenómenos celestes. Grabados de ciudades como Núremberg (1561) muestran supuestas “batallas” entre objetos en el cielo.
Actualmente, especialistas sostienen que esos relatos probablemente describían fenómenos atmosféricos, como halos solares o parhelios, combinados con creencias religiosas de la época.
A lo largo de la Antigüedad y la Edad Media también se registraron relatos de “escudos de fuego”, esferas luminosas y objetos brillantes cruzando el firmamento.
Muchos de estos episodios podrían explicarse por fenómenos astronómicos, meteoros, cometas, auroras boreales o efectos atmosféricos que entonces eran desconocidos.
Modernidad
El interés moderno por los objetos voladores no identificados comenzó en 1947, cuando el piloto estadounidense Kenneth Arnold informó haber visto nueve objetos desplazándose a gran velocidad.
Poco después ocurrió el célebre incidente de Roswell, en Nuevo México, inicialmente atribuido a un “disco volador”.
Décadas más tarde, el Gobierno de Estados Unidos sostuvo que los restos correspondían a un globo del Proyecto Mogul, diseñado para detectar pruebas nucleares soviéticas.
Otro episodio destacado fue el avistamiento de las “Luces de Phoenix” en 1997. Miles de personas observaron una formación luminosa sobre Arizona.
Años después, las autoridades explicaron que gran parte de las luces correspondían a bengalas militares utilizadas durante ejercicios de entrenamiento.
Investigación
Durante los siglos XX y XXI varios gobiernos desarrollaron investigaciones oficiales.
Entre ellas sobresalen el Proyecto Libro Azul de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y, más recientemente, las pesquisas del Pentágono sobre fenómenos aéreos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés).
Diversos informes reconocen la existencia de observaciones que aún carecen de explicación concluyente, aunque hasta la fecha no presentan pruebas verificables de origen extraterrestre.
En paralelo han surgido teorías que sostienen que el ser humano sería el resultado de un experimento extraterrestre o de una intervención genética realizada por civilizaciones avanzadas en un pasado remoto.
Estas hipótesis, difundidas en libros y documentales, no cuentan con respaldo científico y son rechazadas por la comunidad académica, que explica el origen de nuestra especie mediante la evolución biológica respaldada por la genética, la paleontología y otras disciplinas.
El fenómeno OVNI continúa despertando fascinación. Mientras algunos casos han encontrado explicaciones relacionadas con errores de percepción, tecnología humana o fenómenos naturales, otros permanecen sin una respuesta definitiva.
Esa incertidumbre mantiene vivo uno de los mayores enigmas de la historia contemporánea y recuerda que, en ocasiones, la ausencia de una explicación inmediata no constituye una prueba de origen extraterrestre, sino un incentivo para seguir investigando con rigor.
Para la comunidad científica, un objeto no identificado no implica necesariamente un origen extraterrestre, sino simplemente que aún no se dispone de información suficiente para identificarlo con certeza.
El misterio, por ahora, sigue abierto.

