Lecciones del terremoto en Cali: reflexiones para la reconstrucción

Cali, agosto 21 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 21, 2026 17:00

Lo que Cali no debería olvidar cuando pase la emergencia

Las grandes lecciones que deja el terremoto

Las grandes lecciones que deja el terremoto
Foto: IA
viernes 21 de agosto, 2026

El terremoto dejó pérdidas, miedo y una ciudad obligada a cambiar sus rutinas en cuestión de segundos.

Pero también expuso vulnerabilidades que estaban allí antes de que la tierra se moviera y enseñó qué funciona cuando una sociedad enfrenta una tragedia.

Prepararse, construir y mantener mejor, asegurar el patrimonio, fortalecer los pequeños negocios, organizar la solidaridad y recuperar la vida cotidiana son algunas de las enseñanzas que no deberían desaparecer cuando termine la emergencia.

Los terremotos duran segundos. Sus lecciones, en cambio, deberían permanecer durante décadas.

Lo ocurrido el pasado 10 de agosto cambió la vida de muchas familias y obligó a Cali y otras regiones del país a enfrentarse a una realidad para la que nunca se está completamente preparado.

Hubo miedo, pérdidas humanas, viviendas afectadas, negocios paralizados, daños en infraestructura y miles de personas preguntándose qué hacer después.

Pero a medida que la emergencia avanza hacia la recuperación, vale la pena mirar más allá de los daños y preguntarse qué aprendimos.

Porque una tragedia de esta dimensión no debería dejar únicamente edificios reparados. Debería dejar una ciudad mejor preparada.

La prevención no puede comenzar cuando tiembla

La primera gran enseñanza parece obvia, pero suele olvidarse rápidamente: vivimos en un territorio donde los sismos pueden ocurrir y la preparación debe formar parte de la vida cotidiana.

Muchas familias descubrieron durante el terremoto que no sabían cuál era el lugar más seguro de su vivienda, dónde cerrar el gas, qué documentos debían tener disponibles o cómo comunicarse si la familia estaba separada.

La mochila de emergencia, los puntos de encuentro, los simulacros y la revisión periódica de instalaciones suelen parecer exageraciones hasta el día en que hacen falta. Prepararse no evita un terremoto, pero sí puede cambiar la manera de enfrentarlo.

Una grieta que estaba antes también importa

El terremoto dejó otra conversación inevitable: cómo construimos y cómo mantenemos nuestros edificios.

Después del movimiento, miles de personas comenzaron a mirar columnas, vigas, muros y fachadas con una atención que probablemente nunca habían tenido.

Aparecieron preguntas sobre grietas antiguas, modificaciones realizadas dentro de apartamentos, mantenimientos aplazados y condiciones estructurales de edificaciones construidas hace décadas.

La lección debería permanecer.

No hay que esperar al próximo terremoto para preguntarse por el estado de una edificación.

Administraciones de conjuntos residenciales, propietarios, empresas e instituciones deberían entender el mantenimiento y las evaluaciones técnicas como una inversión en seguridad y no como un gasto que puede postergarse indefinidamente.

Tener patrimonio y protegerlo son cosas diferentes

Otra enseñanza llegó directamente al bolsillo. Durante años muchas familias invierten prácticamente todos sus ahorros en una vivienda, un negocio, maquinaria o inventarios, pero no necesariamente cuentan con mecanismos que les permitan recuperarse si ocurre una tragedia.

El terremoto recordó de manera abrupta la importancia de conocer qué está asegurado, qué cubren las pólizas y qué ocurriría financieramente si mañana aquello que hemos construido durante veinte años resulta afectado.

No significa que todas las personas tengan las mismas posibilidades económicas para asegurarse.

Significa que la gestión del riesgo también debe convertirse en una conversación financiera familiar y empresarial.

Un pequeño negocio puede ser tan vulnerable como una vivienda

La emergencia mostró además algo que durante los primeros días podía pasar inadvertido: el terremoto no solamente golpeó paredes, también golpeó ingresos.

Los resultados preliminares del Censo Único de Emergencia mostraron que el 48,4 % de las empresas afectadas no podía operar y que el 91,9 % de los negocios afectados correspondía a microempresas.

Una máquina destruida puede dejar a una modista sin trabajar.

Un local evacuado puede paralizar a una empresa aunque ninguno de sus equipos haya sufrido daños.

Una calle cerrada puede dejar sin clientes a un negocio que físicamente permanece intacto.

La reconstrucción, por tanto, no puede limitarse a las viviendas. Recuperar la economía también es reconstruir una ciudad.

La solidaridad funciona mejor cuando escucha

Cali también dio una enorme muestra de solidaridad. En los primeros días llegaron alimentos, agua, ropa, cobijas y elementos de primera necesidad.

Pero apareció otra enseñanza: ayudar mucho no siempre significa ayudar bien.

Las necesidades cambian. Lo que una familia requería durante las primeras 24 horas puede ser completamente diferente diez días después.

Ahora algunos damnificados pueden necesitar materiales, herramientas de trabajo, alojamiento temporal, asesoría o recursos para recuperar un negocio.

Por eso la solidaridad necesita pasar de la reacción a la organización: preguntar antes de donar, verificar a quién llega la ayuda y entregar aquello que realmente hace falta.

Una emergencia también revela lo mejor y lo peor

El terremoto mostró ciudadanos ofreciendo viviendas, empresarios realizando grandes aportes, profesionales donando su conocimiento, voluntarios trabajando durante horas y desconocidos ayudándose entre sí.

Pero las emergencias también pueden abrir espacio a la especulación y al oportunismo.

Subir injustificadamente el precio de un arriendo porque muchas familias necesitan vivienda, duplicar el costo de un trasteo, aprovechar la escasez de determinados productos o intentar recibir ayudas sin necesitarlas son comportamientos que terminan haciendo más difícil la recuperación.

La empatía no solamente consiste en donar. A veces consiste simplemente en no aprovecharse de la necesidad del otro.

Informar también es una responsabilidad

Otra gran enseñanza ocurrió en los teléfonos. Las redes sociales fueron fundamentales para divulgar necesidades, encontrar ayuda y conocer lo que estaba ocurriendo.

Pero también evidenciaron los riesgos de compartir información sin verificar y de convertir una tragedia en una oportunidad para conseguir reproducciones.

En una emergencia, un rumor puede generar miedo y una persona grabando donde trabajan los organismos de socorro puede convertirse en un obstáculo.

Tener audiencia implica responsabilidad. Antes de publicar hay que preguntarse si aquello que vamos a compartir ayuda, informa o simplemente explota el dolor de alguien.

Volver a vivir no es traicionar a quienes sufren

Quizá una de las lecciones más difíciles aparece ahora, cuando la ciudad comienza lentamente a recuperar sus rutinas.

Muchas personas sienten culpa por volver a un restaurante, celebrar un cumpleaños, arreglarse, encontrarse con amigos o simplemente disfrutar mientras otras familias continúan sufriendo.

Pero una ciudad tampoco puede permanecer detenida indefinidamente.

Volver a consumir responsablemente ayuda a mantener abiertos restaurantes, comercios, peluquerías y pequeños negocios. Volver a trabajar protege empleos.

Recuperar los encuentros también ayuda a reconstruir emocionalmente una comunidad. La clave está en hacerlo sin perder sensibilidad.

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