El arte de la relectura y librerías de libros leídos en Cali

Cali, abril 17 de 2026. Actualizado: viernes, abril 17, 2026 19:05

Libreros, anticuarios y relectores

Pasiones y curiosidades de contar el 23 de abril

Pasiones y curiosidades de contar el 23 de abril
viernes 17 de abril, 2026

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Especial Diario Occidente

A menudo hallamos cinéfilos que confiesan haber visto dos veces una película para entenderla mejor o disfrutarla más cada vez, también a un melómano que repite temas musicales, pero son escasos los bibliófilos que revelen sus experiencias como relectores de libros.

El Día del Idioma, además de promover la lectura, descubramos algunas curiosidades que conviven con la bibliofilia, por ejemplo, la manía de releer y los avatares de los libreros de leídos.

Eduardo Caballero Calderón (1910.-1993), quien decía que era mejor lector que escritor, publicó en El Tiempo una columna titulada “Leer y Releer”, que leída con atención, inculca la benéfica costumbre de releer.

Lectores y relectores

Un error en que otrora incurrían los programas educativos fue la falta de integración de las diferentes asignaturas, por ejemplo, entre historia y literatura.

Eso explicaba el desinterés hacia la literatura, desconocíamos los contextos históricos y sociales que inspiraban a sus autores.

Pero una segunda lectura en la madurez intelectual, cuando alcanzábamos niveles de buenos lectores y lo disfrutamos, las relecturas son exquisitas, independientes, libres de ser asumidas como deberes académicos.

Más atractivo que leer es releer –reveló Eduardo Caballero Calderón-, volver a leer aquellos libros que alguna vez nos conmovieron profundamente. Releer no por el placer de leer otra vez lo que tanto gusto nos dio una primera, sino para confrontar el que hoy somos cuando releemos con el que ayer fuimos cuando leíamos. Aquí no es el libro sino el lector el objeto de la lectura. Y al hacerla con ese propósito se descubre que, aunque el libro no cambie ni en una coma ni en una letra es el lector quien se ha transformado vertiginosamente en unos cuantos años desde aquel en que se inició su lectura”.

Anticuarios de libros

En nuestra ciudad todas las librerías son importantes: unas ofrecen libros nuevos, otras, usados. Las de nuevos lanzan títulos de autores debutantes.

Las de usados, las librerías de libros leídos, son espacios apetecidos por los lectores que desde la escuela adquirieron el virus de la bibliofilia o, tal vez, contagiados por un familiar o un amigo lector.

Los bibliófilos son seducidos por los libros que toda su vida tuvieron dueño en las bibliotecas particulares, que en décadas estuvieron guardados como tesoros con valor patrimonial.

Las librerías de leídos son anticuarios especializados, que posibilitan el renacimiento cultural de la ciudad líquida, la afamada por la rivalidad de hinchas y por ser capital mundial de la salsa.

Pasiones y curiosidades de contar el 23 de abril

Las librerías de leídos son como los monasterios que permitieron el renacimiento cultural de la humanidad, porque en la gran ciudad reservan manuscritos de poetas, sabios y científicos a los bibliófilos.

Vicente Salva, describe con un verso a los libreros:Dios te salve libro mío/ de las manos de un librero/ pues cuando más te alaba/ es cuando te está vendiendo”.

Santiago de Cali, con dos millones de habitantes, considerada ciudad metropolitana y distrito cultural, cuenta con varias librerías de nuevos: Nacional de la Plaza de Cayzedo y sucursales en los centros comerciales; San Pablo frente a la Gobernación; Oromo Café en El Ingenio y, Panamericana en Unicentro.

Y una gama de anticuarios bibliográficos: Atenas, Alejandría, Esquina del Libro, Troya, Librería España, Libertienda (Loma de La Cruz), Apapachos (San Antonio), Brother y los tradicionales kioscos de leídos en Santa Rosa.

Librero genuino

Los bibliófilos tienen gustos diferentes, algunos aceptan ser reconocidos como meros clientes, cuando compran en librerías de nuevos.

Otros, merodean en las librerías de usados, generalmente atendidas por el dueño, que entabla una especie de amistad con los clientes, él sabe cómo se llaman, cuáles profesiones ejercen, qué día sacan tiempo para visitarla y qué lecturas apetecen.

José Fernando González, dueño de la Librería España, ubicada en la calle novena No, 8-68, es un librero genuino, recién terminó su bachillerato en el Colegio Panamericano, decidió pasar su vida entre los libros.

Llevo 34 años en el oficio, lo aprendí en 1992, siendo empleado en Librería Atenas, junto a su propietario don Orlando Vásquez Gallo, pionero en Cali de las librerías de leídos. Mi librería es el lugar donde los leídos tienen su segunda oportunidad sobre la tierra. Aquí llegan personas a buscar libros, otras a ofrecerme bibliotecas, generalmente son familiares del fallecido, pero no dolientes de su biblioteca, deciden deshacerse para ocupar con otra cosa los espacios. Soy traumatólogo de los libros desahuciados, yo mismo les restauro lomos, tapas y portadas, sin que se note y que no pierdan la originalidad. Lo he hecho con libros del siglo XVIII”.

Manías bibliotecológicas

Un bibliófilo tiene varias manías. Es compulsivo comprador porque si lo aplaza, podrá arrepentirse cuando vuelva por el libro. A veces compra uno, que tenía pero no cayó en cuenta.

Tiene manías al ordenar su biblioteca, si llega con uno nuevo, empieza una lucha que lo hace sudar: los espacios temáticos están llenos, pero busca cupo, que si tomaran vida sonora los demás libros, se quejarían de que fueron apretujados, sin importar el hacinamiento forzado, que no importó la posición vertical que llevaban en años y algunos fueron puestos horizontales, encima de otros. Tomarán venganza cuando el bibliófilo los necesite y pase horas enteras sin hallarlos.

Cuando no había computadores las clasificaciones se hacían con códigos que copiados en papelitos se pegaban en los lomos numerando consecutivamente.

Si un bibliófilo busca en su biblioteca y descubre que el comején hace de las suyas, con latidos cardiacos, práctica la contaminante manía de bombardear los gusanitos bibliofagos, como en guerra imperialista química.

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Dios quiera que los falsos positivos, víctimas de la gusamenta, no sean los libros firmados por sus autores o aquellos incunables que propician la admiración entre amigos.

Derechos de bibliófilos

Daniel Pennac, propuso como derechos imprescriptibles de los lectores: saltarse páginas, no terminar un libro, leer cualquier cosa, picotear páginas, leer en voz alta o en silencio, inclusive, el derecho a releer.

Pero se olvidó de los derechos del bibliófilo, cuyo único patrimonio es su biblioteca.

Si alguna vez se anima a publicarlos, por favor no olvide dos derechos fundamentales de un bibliófilo: que pueda escribir en un testamento que prohíbe a los herederos vender su biblioteca a precio de huevo; mejor que la donen por entregas, cada vez que a cada niño le repartan medio pan y un libro, emulando a Federico García Lorca, en septiembre de 1935, cuando fundaban la Biblioteca de Fuente Vaqueros en España.


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