Cali, abril 15 de 2026. Actualizado: martes, abril 14, 2026 22:51
Nueva carrera espacial
Después de Artemis II: la Luna como destino permanente y campo de competencia global
La exitosa misión Artemis II, que devolvió astronautas a la órbita lunar por primera vez en más de medio siglo, no marca un cierre, sino el inicio de una etapa más ambiciosa: convertir la exploración de la Luna en una actividad sostenida y estratégica a nivel internacional.
Tras esta misión, la Nasa avanza con un calendario progresivo. Artemis III, prevista para 2027, buscará ensayar el acoplamiento con módulos de alunizaje desarrollados por empresas privadas como SpaceX y Blue Origin.
Este paso será clave para el regreso de humanos a la superficie lunar, objetivo que se consolidaría en Artemis IV hacia 2028, junto con la construcción de infraestructura orbital y logística.
El plan va más allá de visitas puntuales. Artemis V, proyectada para finales de la década, contempla los primeros pasos hacia una base lunar permanente, enfocada en la exploración de recursos como el hielo de agua en los polos, esencial para producir oxígeno y combustible.
La estrategia apunta a establecer una presencia continua durante al menos 15 años, con la Luna como plataforma para futuras misiones a Marte.
Competencia
Pero Estados Unidos no está solo en esta nueva carrera. China desarrolla su propio programa lunar con las misiones Chang’e y proyecta un alunizaje tripulado hacia 2030, lo que introduce un fuerte componente geopolítico en la exploración espacial.
En paralelo, misiones como Chang’e 7 explorarán el polo sur lunar con orbitadores, módulos de aterrizaje y robots especializados en zonas de sombra permanente.
Europa, a través de la Agencia Espacial Europea (ESA), participa activamente en Artemis y en proyectos propios, mientras que Rusia mantiene su programa Luna, con misiones como Luna 26 —un orbitador previsto para 2028— y Luna 27, enfocada en estudiar el regolito y los recursos del satélite.
Además, nuevas misiones comerciales y científicas, como módulos de aterrizaje privados y rovers internacionales, anticipan una creciente diversificación de actores en la superficie lunar.
En este escenario, la Luna deja de ser un símbolo del pasado para convertirse en un laboratorio del futuro.
La combinación de cooperación internacional, competencia tecnológica y ambición científica redefine el papel del satélite natural de la Tierra: ya no como meta, sino como punto de partida.

