Cali, febrero 24 de 2026. Actualizado: martes, febrero 24, 2026 21:33
Entre la intuición, la ciencia y el significado
¿Las personas que van a morir anuncian previamente su partida?
Es una idea que se repite con frecuencia después de una pérdida: “él lo sabía”, “ella se despidió”, “algo había dicho días antes”. Cuando alguien muere, especialmente si la muerte resulta inesperada, muchas personas miran hacia atrás buscando señales que parecían advertencias.
Pero ¿realmente las personas anuncian su muerte antes de partir? ¿O es nuestra mente intentando encontrar sentido en lo irreparable?
Desde el punto de vista científico, no existe evidencia de que las personas puedan predecir con certeza su muerte de forma sobrenatural. Sin embargo, la realidad es más compleja que un simple sí o no.
En algunos contextos, especialmente cuando hay enfermedades avanzadas, sí pueden darse fenómenos que parecen “anuncios”, pero que tienen explicaciones psicológicas y médicas.
En cuidados paliativos, médicos y enfermeros describen algo conocido como despedida consciente. Algunas personas gravemente enfermas comienzan a cerrar asuntos pendientes: llaman a familiares, reparten objetos significativos, dicen frases como “gracias por todo” o “cuídense mucho”.
En ocasiones incluso muestran una breve mejoría emocional o claridad mental horas o días antes de fallecer. A esto se le ha llamado “lucidez terminal”.
No se trata de una premonición mágica, sino de un proceso de aceptación y cierre que ocurre cuando el cuerpo ya está en una fase avanzada de deterioro.
El cuerpo también da señales. Cuando alguien vive con una enfermedad seria, puede percibir cambios profundos en su energía, respiración o fuerza vital.
Algunas personas desarrollan una sensibilidad especial hacia su propio estado físico y expresan intuiciones que, más que predicciones, son lecturas internas del deterioro real.
Pero la mayoría de las muertes, especialmente las repentinas, no vienen acompañadas de anuncios claros. Entonces, ¿por qué tantas veces sentimos que sí los hubo?
Aquí entra en juego la psicología del duelo. Cuando alguien muere, la mente humana busca coherencia. El dolor es tan abrupto que necesitamos construir una narrativa que lo haga menos caótico.
Recordamos frases que antes parecían casuales y ahora cobran un significado distinto. Un “estoy cansado” o un “si algo me pasa” puede reinterpretarse como una despedida.
Este fenómeno se conoce como memoria retrospectiva selectiva: el cerebro conecta puntos hacia atrás para dar sentido a lo que ocurrió.
También influyen nuestras creencias culturales y espirituales
En muchas tradiciones se cree que el alma sabe cuándo va a partir y que algunas personas pueden sentirlo.
Estas creencias no pueden medirse científicamente, pero cumplen una función emocional poderosa. Ofrecen consuelo, la sensación de que hubo cierre o de que el ser querido estaba preparado.
Hay otro aspecto importante: hablar de la muerte no significa necesariamente anunciarla. Muchas personas reflexionan sobre la vida, el paso del tiempo o el final como parte natural de su proceso emocional.
A cierta edad o después de experiencias intensas, es común expresar pensamientos más profundos. Si luego ocurre una muerte inesperada, esas palabras pueden adquirir un peso simbólico mayor.
En ocasiones, quienes se sienten agotados emocionalmente o atraviesan crisis profundas pueden expresar frases que suenan definitivas.
Pero eso no equivale a una predicción. A veces es simplemente una expresión de cansancio, vulnerabilidad o necesidad de apoyo.
Es importante tener cuidado con la idea de que “siempre hay señales”. Creerlo puede generar culpa en quienes no las vieron o no las interpretaron a tiempo.
La realidad es que muchas muertes ocurren sin despedidas conscientes ni avisos claros. Y eso no significa que faltó amor o atención.
La muerte sigue siendo, en esencia, un proceso biológico. Está rodeada de significado emocional, espiritual y cultural, pero no responde a guiones predecibles.
Algunas personas pueden sentir que algo se está cerrando cuando su cuerpo ya está en declive. Otras simplemente viven el presente sin imaginar que será el último.
Quizá la pregunta no sea si las personas anuncian su partida, sino por qué necesitamos creer que lo hacen.
Tal vez porque nos ayuda a sentir que hubo un puente entre el antes y el después, que no fue tan abrupto, que hubo una forma de despedida.
Al final, más que buscar señales retrospectivas, lo verdaderamente valioso es lo que ocurre mientras estamos vivos: las conversaciones pendientes, los abrazos dados, las palabras expresadas a tiempo.
Porque si algo enseña esta pregunta es que la vida no siempre avisa. Y quizás por eso mismo, merece vivirse con más presencia y menos postergación.

