Cali se reúne en una velatón para vivir el duelo colectivo tras el terremoto

Cali, agosto 21 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 21, 2026 17:00

Duelo colectivo tras el terremoto

Cali se reúne en una velatón para vivir el duelo colectivo tras el terremoto

Cali se reúne en una velatón para vivir el duelo colectivo tras el terremoto
Ilustración generada por IA / Diario Occidente
viernes 21 de agosto, 2026

Por: Rosa María Agudelo Ayerbe

 

Esta noche, a las 7:00 p. m., Cali realizará una velatón para recordar a las víctimas del terremoto y acompañar a quienes enfrentan sus consecuencias. La actividad se cumple diez días después de la tragedia y marca un momento importante para la ciudad. Terminada la fase de búsqueda y rescate, comienza una etapa diferente. Llegan la remoción de escombros, la reconstrucción y un proceso menos visible: el duelo colectivo después del terremoto.

El duelo de una ciudad

Cuando hablamos de duelo pensamos primero en quienes perdieron a un familiar. También pensamos en quienes perdieron su vivienda, su negocio o buena parte de su patrimonio. Ellos enfrentan, sin duda, las pérdidas más dolorosas. Sin embargo, existe otro duelo que también debemos reconocer. Es el duelo de quienes aparentemente no perdimos nada.

Una ciudad también es nuestro hogar. Lo son nuestro barrio, la panadería donde comprábamos el pan y el gimnasio donde entrenábamos. También lo son aquel edificio que veíamos diariamente o el monumento donde alguna vez nos tomamos una fotografía. Cuando desaparecen, perdemos referencias de nuestra propia historia. Por eso, el terremoto de Cali también deja heridas emocionales colectivas.

Cuando aparentemente no perdimos nada

Yo tenía 14 años cuando viví el terremoto de Popayán de 1983. Fueron apenas unos segundos suficientes para cambiar para siempre una ciudad que había sido mi segunda casa durante la infancia. Después del terremoto entendí que no era necesario perder a un familiar o una vivienda para sentir que había perdido algo. Me dolió profundamente caminar por Popayán y encontrar destruidos lugares que hacían parte de mis recuerdos. Me impactó especialmente ver afectada la Torre del Reloj, uno de los grandes símbolos de la ciudad. No era mi casa, pero también era parte de mi hogar.

Con los años entendí que ese sentimiento también era duelo. Las ciudades forman parte de nuestra identidad y construimos nuestra memoria alrededor de sus calles, edificios, parques y lugares cotidianos. Por eso, cuando un terremoto transforma el paisaje, también altera nuestras referencias emocionales. Algo parecido comenzarán a experimentar muchos caleños cuando avance la remoción de escombros. Donde antes había un edificio, una tienda o un lugar familiar quedará un lote vacío. Esos vacíos también dolerán, aunque aparentemente no hayamos perdido nada.

Un año después del terremoto regresé a las procesiones de Semana Santa de Popayán. Recuerdo las calles desoladas y aquella sensación de vacío. Asistimos principalmente los payaneses y quienes manteníamos un vínculo muy fuerte con la ciudad. La tristeza seguía presente. Popayán estaba nuevamente de pie, pero todavía estaba aprendiendo a vivir con sus heridas.

Volver a vivir también es sanar

Cali tendrá que recorrer ahora su propio camino. La remoción de escombros dejará lotes vacíos donde antes existían viviendas, comercios y lugares conocidos. Esos espacios serán durante algún tiempo cicatrices abiertas. Debemos permitirnos sentir tristeza, hablar de lo sucedido y compartir nuestros recuerdos. Participar en encuentros comunitarios, mantenernos cerca de familiares y amigos y recuperar progresivamente las rutinas puede ayudar a procesar el duelo.

También debemos volver al trabajo, al deporte, a los encuentros y a nuestros espacios de entretenimiento. Recuperar la cotidianidad no significa olvidar. Al contrario, significa reconocer que seguimos aquí y tenemos una ciudad por reconstruir. Buscar apoyo profesional también será necesario cuando el miedo, la ansiedad o la tristeza dificulten regresar a la vida cotidiana.

La velatón de esta noche puede ser uno de esos primeros pasos. Encender una vela será recordar a quienes murieron, acompañar a quienes lo perdieron todo y reconocer nuestro propio dolor. Después tendremos una tarea enorme. Cali deberá vivir el duelo, sanar sus heridas y reconstruirse al mismo tiempo.

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