Cali, marzo 4 de 2026. Actualizado: miércoles, marzo 4, 2026 17:21
Aumentan los desequilibrios externos
Colombia cierra 2025 con mayor déficit comercial y caída en la inversión extranjera
Colombia inició 2026 con un panorama externo más frágil. Aunque las exportaciones sorprendieron positivamente en enero, el cierre del año pasado dejó señales preocupantes sobre la salud de las cuentas externas del país.
Según el más reciente informe de Itaú, el déficit por cuenta corriente se ubicó en 2,4% del PIB en 2025, alineado con las proyecciones del Banco de la República.
No obstante, el origen de este resultado apunta a un deterioro del balance comercial y a una pérdida de dinamismo en la inversión extranjera directa.
Déficit comercial en ascenso, amortiguado por transferencias
El déficit de cuenta corriente de Colombia —la diferencia entre ingresos y egresos externos del país— alcanzó USD 3.900 millones en el cuarto trimestre, equivalente al 3,1% del PIB.
Para el acumulado del año, este desequilibrio se mantuvo en línea con lo esperado gracias al desempeño positivo de las transferencias, que crecieron un 6% anual, aunque con una moderación frente al fuerte incremento del 20% observado en 2024.
Este impulso de las remesas y otras transferencias permitió contener el impacto del creciente déficit comercial, que fue el componente más negativo de la balanza externa.
La debilidad de las exportaciones —que solo crecieron un 0,8% anual— se combinó con un incremento acelerado de las importaciones (10,1% interanual), agravando el desbalance comercial.
En términos reales, esto significa una mayor salida de divisas para compras externas que no fue compensada por mayores ventas al exterior.
Inversión extranjera directa: retroceso preocupante
A estos desequilibrios se sumó una clara desaceleración en la entrada de inversión extranjera directa (IED). Durante 2025, Colombia recibió USD 2.500 millones en IED, una caída de USD 1.500 millones respecto a 2024.
Particularmente preocupante es el dato de inversión extranjera neta —que descuenta las salidas de capital— ya que se ubicó en apenas USD 1.800 millones, USD 900 millones menos que el año anterior.
Esto implica que la IED neta solo cubrió el 67% del déficit en cuenta corriente en 2025, una caída frente al 131% observado en 2024 y al 187% de 2023.
En otras palabras, el país dejó de financiar completamente sus necesidades externas mediante inversión productiva, lo cual podría implicar mayor dependencia de financiamiento vía deuda o reservas en el futuro.
Factores de presión para 2026
El deterioro del frente externo ocurre en un contexto global desafiante. La guerra en Irán mantiene altos los precios del petróleo —clave para las exportaciones colombianas— pero también genera incertidumbre sobre los flujos comerciales y la estabilidad energética global.
Si bien un conflicto breve podría mantener los precios entre USD 75 y 85 por barril, un escenario de guerra prolongada elevaría el crudo hasta USD 90, lo que si bien beneficiaría los ingresos externos del país, también podría encarecer las importaciones de insumos y presionar la inflación.
Además, las perspectivas de inversión extranjera siguen siendo inciertas. Las tensiones regulatorias internas, la falta de confianza empresarial y la menor rentabilidad de algunos sectores estratégicos podrían seguir afectando la llegada de capitales productivos.
De mantenerse esta tendencia, el financiamiento del déficit externo dependerá cada vez más de deuda externa o de una reducción en el nivel de reservas internacionales.
Aunque el déficit en cuenta corriente se mantuvo bajo control en términos macroeconómicos (2,4% del PIB), su composición revela vulnerabilidades preocupantes para la economía colombiana.
La debilidad de las exportaciones, el repunte de las importaciones y la caída en la inversión extranjera directa reflejan un entorno menos favorable para el crecimiento sostenido.
De cara a 2026, será fundamental fortalecer la competitividad exportadora, impulsar la inversión y contener el crecimiento del déficit comercial.
De lo contrario, el país podría enfrentar mayores tensiones externas que comprometan su estabilidad financiera y macroeconómica en el mediano plazo.

