Davos 2026 y las reglas diseñadas para un mundo que ya no existe

Cali, febrero 11 de 2026. Actualizado: miércoles, febrero 11, 2026 22:54

Adrián Zamora Columnista

Davos 2026 y las reglas diseñadas para un mundo que ya no existe

Adrián Zamora

Davos vuelve cada enero como un ritual del sistema internacional. Durante unos días, el mundo se condensa en auditorios, documentos de trabajo y discusiones que buscan anticipar lo que viene, más que explicar lo que ya pasó.

Este año no hubo anuncios fundacionales ni grandes rupturas, pero sí la sensación de que las reglas heredadas se están convirtiendo en vestigios.

Las instituciones que se construyeron tras la posguerra aparecen tensionadas, mientras nuevas lógicas de poder emergen sin un marco común que las ordene.

En ese contexto, América Latina —y Colombia dentro de ella— enfrenta un dilema central: cómo sostener la continuidad institucional cuando el caos dejó de ser la excepción y se convirtió en una condición estructural.

El primer plano de la crisis es institucional. La ruptura no llegó por un colapso repentino, sino por desgaste acumulado.

Venezuela lo ilustra muy bien: casi tres décadas de captura del poder que vaciaron progresivamente su orden institucional.

Pero el fenómeno es más amplio y menos visible. A ello se suma un sistema global fragmentado, donde las reglas ya no son universales y las presiones externas varían según el alineamiento político o económico de cada país.

En ese contexto, la continuidad institucional deja de depender exclusivamente del diseño normativo y pasa a depender, sobre todo, de la capacidad estatal para interpretar el entorno, priorizar y ajustar sin desbordar su propio marco.

El segundo eje es energético y dejó de ser una discusión ambiental para convertirse en una cuestión estructural.

La demanda crece empujada por la inteligencia artificial, los centros de datos y la electrificación acelerada, mientras la capacidad de provisión avanza más lento.

China domina la energía solar; Estados Unidos vuelve a poner la energía nuclear sobre la mesa con mini reactores junto a datacenters.

América Latina aparece con ventajas evidentes —hidráulica, solar y, en el caso colombiano, biocombustibles—, aunque el límite no está en el recurso, sino en la escala, la eficiencia y en la voluntad política.

En educación, el desafío no es tecnológico, sino cognitivo. La inteligencia artificial introduce una pregunta incómoda: cómo discernir entre lo verdadero, lo falso y lo sintético.

Algunos sistemas educativos ya incorporan pensamiento crítico y detección de desinformación como habilidades centrales.

El objetivo no es resistir la IA, sino de integrarla como soporte de capacidades humanas más complejas. La disputa real no es contra la máquina, sino por la arquitectura del pensamiento.

El cuarto frente es financiero y atraviesa la discusión sobre tokenización y stablecoins. Más que modas, son síntomas de tensiones profundas: deuda global en máximos, bancos centrales presionados e inflación persistente por factores estructurales como la energía y los salarios.

En ese escenario, las monedas digitales prometen estabilidad y eficiencia, pero también desafían la intermediación bancaria tradicional y exponen riesgos de volatilidad extrema.

Por eso, Davos no celebró el fenómeno; solo lo observó con cautela.

¿Qué implica este caos para regiones como la nuestra?, ¿tenemos claridad sobre qué instituciones deben preservarse y cuáles reformarse?, ¿estamos leyendo la transición energética como una oportunidad estratégica o solo como un discurso aspiracional?, ¿nuestros sistemas educativos están formando criterio o solo satanizando herramientas?

En este nuevo (des)orden, el desarrollo ya no depende de promesas, sino de una lectura estratégica. La continuidad institucional dejó de ser una herencia y pasó a ser un activo que se gestiona en un entorno sin reglas estables.

Para países como Colombia, adaptarse sin perder coherencia será la diferencia entre conducir la transición o quedar a la deriva.

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