Cali, octubre 30 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 30, 2026 22:38
De esculturas, trompetas y fiestas del libro
Ha sonado y resonado, en las redes sociales, la amplia crítica que numerosos ciudadanos han expresado frente a las esculturas instaladas en el bulevar del barrio Obrero, dedicadas a reconocidas figuras de la salsa: Celia Cruz, la alegre Celia Cruz; Jairo Varela; Nino Caicedo; Alexis Lozano, y el escritor Umberto Valverde, nacido en ese barrio, quien inmortalizó la salsa a través de sus obras literarias y con quien tuve el gusto de compartir una gran amistad. ¡Bomba Camara!
Aunque no he tenido la oportunidad de asistir y conocer de primera mano las esculturas, las imágenes que han circulado en las redes sociales sí dejan ver una alteración de los rasgos fisonómicos y una representación que, al parecer, dista de la apariencia real de los artistas que se quiso inmortalizar.
Esta situación debe corregirse. Para una próxima oportunidad, sugiero la realización de un concurso público en el que se convoque a diferentes artistas plásticos de categoría nacional y amplio reconocimiento, con el propósito de que sean ellos quienes den vida, a través de sus obras, a estas figuras que hacen parte de nuestro patrimonio identitario y cultural, estrechamente ligado a la salsa.
Algo similar sucedió con las trompetas ubicadas en la plazoleta que lleva el nombre del icónico e inmortal Jairo Varela.
Su estética fue alterada con el color rosado y la incorporación de marcas publicitarias de un privado.
Si bien esta intervención puede generar atractivo visual y posibilidades de aprovechamiento comercial, considero que no fue tramitada, debidamente, para su exposición en el espacio público.
Finalmente, expreso mi pleno rechazo a que las ferias del libro de las ciudades y regiones del país tengan que abandonar esa denominación para adoptar otros nombres, como ha sucedido con la tradicional Feria del Libro de Cali, que ahora se conoce como Calilee Festival.
Todo parece indicar que esta decisión obedece a una orientación relacionada con el registro de una marca y a la posibilidad de enfrentar reclamaciones legales, si se continúa utilizando el nombre de Feria del Libro.
Esta situación resulta mezquina y egoísta, por no decir peyorativa, con las regiones que indudablemente también aportan al PIB nacional a través de la industria editorial y de sus ferias del libro.
La feria del libro de Cali es de todos, no de una marca ni de una persona.
Hace parte de ese trasegar cultural que ha construido Colombia a lo largo de su historia literaria y editorial.
Por tanto, el registro de una marca no debería convertirse en un impedimento para que las regiones continúen denominando sus encuentros culturales como ferias del libro.
Sin embargo, la Fiesta del Libro de Cali (Calilee festival, para que no me demanden), se ha llevado a cabo en este 2026, aunque con algunas restricciones en su espacio, debido al terremoto y a ciertas situaciones presentadas con algunos comerciantes.
Confiamos en que el rumbo cambie, que estas situaciones mejoren y que las dificultades se asuman como oportunidades para corregir, construir y fortalecer nuestros espacios culturales y patrimoniales.
