Cali, febrero 18 de 2026. Actualizado: miércoles, febrero 18, 2026 22:39
El salario mínimo: la última escaramuza de Petro
Como en todo y como pasa siempre, las cosas tienen un punto de partida y concluyen cuando menos se espera. “La agenda liquidacionista” diseñada por Petro casi como un proyecto de vida, ha colocado al país ad portas de su disolución.
Desde su posesión misma, Petro, blandiendo la espada de Bolívar y arropado por la bandera del M-19, se comprometió, no ante el país, sino ante la guardia indígena, que definitivamente iba a desarrollar un proyecto liquidacionista para que en el 2026 se diera curso al “principio del fin” de las instituciones liberales.
Solo los ingenuos y los que hicieron causa común con el petrismo, creen todavía que Petro gobernó mal. Lo que ha sucedido es que aplicó a rajatabla una etapa de su proyecto de “guerra prolongada” contra el capital, los empresarios y las clases medias, principalmente.
La luz que alumbra la oscuridad del proyecto del Pacto Histórico no es otra cosa que utilizar todas las condiciones objetivas creadas para convocar una asamblea constituyente y fundar el país que ya fracasó en Cuba y Venezuela.
Las condiciones han ubicado los puntos exactos de la liquidación. “La paz total” no ha fracasado para Petro; por el contrario, es su gran plataforma, surgida de los acuerdos con las bandas criminales, que le permitirá, en los casi doscientos “Caguanes” que operan como “gobiernos criminales” a lo largo y ancho del país, sacar altísimas votaciones, como lo precisa el informe de la MOE, que describe uno a uno los municipios, donde el número de electores inscritos supera el censo poblacional.
Este proyecto, al cual no ha renunciado, sigue siendo la gran amenaza para la unidad nacional. En este año, la fragmentación territorial es una realidad que milita a favor del proyecto de Cepeda.
¿Qué podemos esperar de este panorama los colombianos, cuando precisamente este jueves el presidente, en plena campaña, presidirá por todo el país marchas y manifestaciones, celebrando su triunfo, que producto de una escaramuza consolidó, sin ninguna salida, la decisión hegemónica de subir al 23 % el salario mínimo?
Esta hábil escaramuza política no fue leída por ninguno de los representantes empresariales que participaron con las mal llamadas centrales obreras en las comisiones, pues nunca se imaginaron que, además de haber colocado equivocadamente una propuesta por debajo del 10 %, el alza de Petro al ser demandada terminó contando, con la decisión de un magistrado del Consejo de Estado que, al suspenderla provisionalmente, dividiría y bloquearía a la oposición.
Ha sido tan detallada la telaraña que ha tejido Petro para la coyuntura electoral que es posible que hasta tenga dos candidatos y que las consultas no pasen de ser un saludo a la bandera de un grupo de huérfanos avasallados por sueños irrealizables, que no incomodarán para nada el accionar de Cepeda, pues a la primera vuelta concurrirán 16 candidatos, que no es otra cosa sino el resultado de la disolución de la estructura de partidos necesarios para la sobrevivencia de cualquier democracia.
¿Qué nos queda en definitiva? Posiblemente que las cuatro grandes agrupaciones políticas —el Partido Conservador, Liberal, Cambio Radical y la U— lleguen a un acuerdo que nos permita salvarnos de la encrucijada de los tahúres de la gran consulta, de la caricaturesca de Claudia López y la sorprendente apuesta de Roy Barreras contra el candidato Cepeda, hijo de las Farc, a quien Roy llama correctamente Bolchevique, dejando en el aire la inquietud de cuál de los dos será el candidato de Petro.
