Cali, septiembre 9 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 9, 2026 21:22
El Valle nos necesita, cada minuto cuenta
Hay momentos en los que las palabras resultan insuficientes. El sismo de magnitud 7,4 que sacudió al país el lunes nos deja un dolor profundo: por las vidas perdidas, por las familias que lloran a los suyos y por quienes todavía esperan noticias de un familiar o un vecino. A todos ellos, mi solidaridad y mis condolencias.
El lunes sentí un miedo que no había sentido nunca. En esos segundos nadie piensa en lo que ha construido: piensa en las personas que quiere y dónde estarán.
Cuando volvió la señal y pude confirmar que mi familia estaba bien, sentí alivio. Pero ese alivio no alcanza cuando uno ve los videos de quienes lloran o buscan a los suyos.
En momentos así entendemos que lo único importante es la vida; lo demás se repone.
El Servicio Geológico Colombiano confirmó que fue el sismo más fuerte registrado en Colombia en lo que va del siglo, con epicentro en San José del Palmar, Chocó.
El Gobierno declaró el desastre nacional y las cifras siguen cambiando. Pero detrás de cada fallecido, herido o desaparecido hay un nombre, una familia y una historia.
No son números: son vidas marcadas por esta tragedia.
En Cali ese dolor humano se ha sentido con mucha fuerza. Pero el Valle no es solo Cali. El Cairo, El Águila, Zarzal, Cartago, Roldanillo, Sevilla, Riofrío, La Unión, La Victoria, Calima-El Darién y Buenaventura también enfrentan graves afectaciones.
Y el dolor se extiende a Chocó y al Eje Cafetero. Son comunidades enteras con viviendas destruidas, hospitales afectados y familias que no saben cómo será el día siguiente.
Quiero agradecer especialmente a los rescatistas, bomberos, voluntarios, Cruz Roja, Defensa Civil, personal médico, ingenieros, Fuerza Pública y a todos quienes desde la primera hora han puesto sus manos, su conocimiento y su tiempo al servicio de los demás.
También a cada ciudadano que está donando, transportando ayudas o buscando cómo aportar. Esa solidaridad nos devuelve esperanza.
También es justo reconocer la articulación entre la Alcaldía de Cali, la Gobernación del Valle y el Gobierno Nacional, junto con los organismos de socorro.
En una emergencia de esta magnitud, coordinar esfuerzos, recursos y capacidades es fundamental.
Pero la lucha todavía no acaba. No podemos perder un minuto. Las primeras 24, 48 y 72 horas son especialmente importantes para encontrar sobrevivientes, aunque la esperanza no desaparezca después.
Mientras leemos estas líneas, rescatistas trabajan contra el reloj buscando señales de vida entre los escombros. Esa debe ser hoy nuestra prioridad.
Hay muchas formas de ayudar. Están habilitados los puntos oficiales de acopio de la Alcaldía y la Gobernación, y diferentes organizaciones han dispuesto canales para recibir donaciones.
Se necesitan alimentos, elementos de protección, colchonetas, mantas, kits de aseo y otros insumos, además de herramientas especializadas para las labores de rescate.
Si tenemos alguno de estos elementos, podemos llevarlos a los puntos oficiales.
También podemos poner nuestras capacidades al servicio de la emergencia. Ingenieros estructurales, arquitectos, personal de la salud, especialistas en logística y otros profesionales pueden ser fundamentales.
Los organismos de socorro han abierto convocatorias según las necesidades. Donar sangre también salva vidas.
La Gobernación reporta miles de personas que hoy no tienen dónde dormir. Muchas pasaron la primera noche en albergues y coliseos, y otras buscan refugio con familiares o en otros municipios.
Se necesita agua, alimentación, kits de aseo y, sobre todo, lugares seguros.
Por eso el llamado también es a hoteles, empresas, cajas de compensación, universidades, iglesias y propietarios: una habitación, un coliseo, una bodega o una casa disponible pueden ser hoy una mano tendida para una familia que lo perdió todo.
Esta ayuda debe coordinarse con las autoridades.
El mensaje es sencillo: no todos podemos hacer lo mismo, pero todos podemos hacer algo. Que nadie se quede quieto pensando que su aporte es pequeño. Un granito de arena, multiplicado por miles, puede convertirse en una montaña de solidaridad.
Y aunque hoy nuestra atención esté puesta especialmente en Cali y el Valle, no podemos olvidar a Chocó, donde estuvo el epicentro, ni al Eje Cafetero, también severamente golpeado. Son regiones que necesitarán de todos para levantarse.
Después vendrá una tarea enorme: reconstruir viviendas, hospitales, vías y los proyectos de vida de miles de familias.
Ya vivimos algo parecido en 1999 con el terremoto del Eje Cafetero y la creación del FOREC.
Habrá que discutir un mecanismo similar para esta nueva tragedia, que permita movilizar recursos públicos y privados y reconstruir las zonas afectadas con transparencia, rapidez y visión de futuro.
Pero ese es el siguiente capítulo. Hoy hay personas que pueden estar vivas bajo los escombros y rescatistas trabajando contra el reloj. Hoy lo único que importa es que quienes podamos ayudar, ayudemos.
Una tragedia como esta nos recuerda que las fronteras entre municipios y departamentos pierden todo sentido cuando nuestra gente nos necesita. Cali, el Valle y Colombia somos todos.
@edwinhmaldonado
