Cali, febrero 3 de 2026. Actualizado: martes, febrero 3, 2026 18:44

Javier Navarro O.

Lecciones del tenis para entender la seguridad

Javier Navarro O.

Quienes jugamos al tenis, sabemos que no es un deporte de fuerza bruta ni de improvisación. Es un juego de lectura, anticipación, disciplina y constancia.

Cada punto exige análisis del rival, control emocional y una estrategia clara. Curiosamente, esas mismas variables son las que definen el éxito o el fracaso de la seguridad en un territorio.

En el tenis, como en la seguridad, el error más común es creer que todo se resuelve con golpes espectaculares. Un ace potente o un winner cruzado pueden entusiasmar, pero no ganan partidos por sí solos.

De igual manera, capturas mediáticas, grandes operativos o anuncios rimbombantes no garantizan seguridad sostenible. Lo que gana partidos y territorios es la regularidad y la capacidad de sostener una estrategia a lo largo del tiempo.

El tenis enseña algo fundamental, cada punto cuenta. No existe el punto irrelevante. En seguridad ocurre lo mismo.

Un hurto menor, una extorsión no denunciada o el tráfico en menores cantidades, aparentemente marginal, pueden parecer insignificantes en las estadísticas, pero en la práctica van construyendo la percepción negativa.

Ignorar los puntos “pequeños” termina costando el partido completo.

Otro paralelo clave es la anticipación. En el tenis, el buen jugador no reacciona tarde; lee el movimiento del rival, su postura, su patrón de juego.

La seguridad efectiva tampoco puede ser reactiva. Cuando el Estado llega tarde, solo devuelve pelotas difíciles desde el fondo de la cancha.

La verdadera ventaja está en anticipar el delito, entender sus mutaciones y posicionarse para atacar antes de que el rival lo haga.

También está el factor mental. En tenis, perder la cabeza es perder el partido. La ansiedad, el enojo o la frustración llevan a errores no forzados.

En seguridad, el equivalente es la improvisación, la sobrerreacción o el discurso emocional sin sustento técnico.

Gestionar la seguridad exige cabeza fría, decisiones calculadas y resistencia a la presión mediática, incluso cuando el marcador parece adverso.

El entrenamiento constante es otro punto de contacto. Ningún tenista mejora solo jugando partidos; necesita práctica, repetición, corrección técnica.

En seguridad, fortalecer capacidades institucionales, inteligencia, tecnología y talento humano es el entrenamiento diario que no siempre se ve, pero que marca la diferencia cuando llega el momento decisivo.

Finalmente, el tenis deja una lección esencial, el partido no termina hasta el último punto. Un set ganado no asegura el triunfo. En seguridad ocurre igual.

Un buen indicador mensual, una reducción temporal del delito o una racha positiva no significan victoria definitiva. La seguridad es un proceso continuo, no un resultado puntual.

Como jugador de tenis, he aprendido que el verdadero triunfo no está en el aplauso inmediato, sino en sostener el juego correcto durante todo el partido.

Como reflexión para la seguridad, la analogía es clara, menos golpes para la tribuna y más estrategia para ganar el partido largo.

Porque en seguridad, como en el tenis, no gana quien golpea más duro, sino quien entiende mejor el juego, se anticipa, sostiene y ajusta una estrategia.

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lunes 2 de febrero, 2026
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