Cali, julio 28 de 2026. Actualizado: martes, julio 28, 2026 15:50
La decisión de De la Espriella de asumir la Presidencia desde la capital del Valle envía un mensaje de reconocimiento a una región que el gobierno Petro abandonó.
Una posesión que reivindica a Cali
La decisión del presidente electo, Abelardo De la Espriella de posesionarse en Cali trasciende el protocolo.
Se trata de un hecho histórico que envía un mensaje político de enorme importancia para una ciudad y una región que durante los últimos cuatro años sintieron la ausencia del Gobierno Nacional.
La elección de Cali como escenario de la posesión constituye un reconocimiento a una región que ha soportado buena parte de las consecuencias de la crisis de seguridad que vive Colombia.
El Valle del Cauca, el Cauca y Buenaventura concentran algunos de los mayores desafíos del país en materia de narcotráfico, violencia y control territorial de grupos criminales.
Sin embargo, durante el gobierno del presidente Gustavo Petro el respaldo de la Nación fue mínimo frente a la magnitud de esos problemas.
La capital vallecaucana padeció ese abandono.
Mientras las organizaciones criminales fortalecieron su presencia en el suroccidente, Cali asumió las consecuencias de esa violencia con limitados recursos y sin el acompañamiento del Gobierno Nacional.
Lo mismo ocurrió con proyectos estratégicos para el desarrollo de la ciudad y de la región, donde las expectativas generadas nunca se tradujeron en un respaldo efectivo.
Por eso resulta especialmente valioso que el presidente electo no haya condicionado su decisión a los resultados electorales.
Aunque en Cali y en el Valle del Cauca el candidato más votado fue Iván Cepeda, Abelardo De la Espriella optó por enviar un mensaje de integración nacional y de reconocimiento a una región que necesita el apoyo del Estado.
Esa actitud contrasta con la tendencia de convertir las diferencias políticas en motivo para distanciarse de determinados territorios.
Más importante aún es que este gesto no quede reducido al simbolismo.
El propio presidente electo ya anunció que Cali será una de las sedes alternas de la Presidencia de la República, junto con Barranquilla y Medellín.
Si esa decisión se traduce en una presencia frecuente del Gobierno Nacional, el beneficio para la ciudad y para todo el suroccidente puede ser significativo.
La región necesita un Gobierno comprometido con fortalecer la seguridad mediante más pie de fuerza, mejores capacidades de inteligencia y una ofensiva sostenida contra las organizaciones criminales que operan en el Valle, el Cauca, Buenaventura y Nariño.
También requiere un aliado para impulsar las grandes obras de infraestructura, apoyar los proyectos estratégicos y contribuir a superar la crisis que atraviesa el sistema de salud.
Ese propósito exigirá trabajo conjunto.
La bancada parlamentaria del Valle del Cauca, más allá de las diferencias partidistas, debería encontrar en este nuevo escenario una oportunidad para actuar de manera coordinada con el Gobierno Nacional, la Gobernación del Valle, la Alcaldía de Cali y los demás municipios de la región.
Los grandes problemas del suroccidente no admiten cálculos políticos ni disputas ideológicas permanentes.
La posesión presidencial en Cali representa una esperanza de que el Gobierno Nacional vuelva a mirar hacia el suroccidente con la atención que merece.
Ojalá ese mensaje se traduzca, desde el primer día de gobierno, en decisiones concretas, recursos, presencia institucional y respaldo efectivo la región.

