Cali, febrero 19 de 2026. Actualizado: jueves, febrero 19, 2026 22:28
El fracaso de los partidos tradicionales
Que un partido político no tenga un candidato presidencial propio es el mayor fracaso en el que puede caer una colectividad, pues además de poner en duda su vocación de poder, confirma su baja sintonía con la ciudadanía y la incapacidad de sus dirigentes para proyectarse a nivel nacional…
Eso es exactamente lo que ocurre en este momento con los dos otrora grandes partidos políticos colombianos, el Liberal y el Conservador, que no tienen candidato presidencial y, al paso que van, ya no lo tendrán, pues en ninguno de los dos hay una figura que emocione a la dirigencia interna para embarcarse en el proyecto de buscar la Presidencia con candidato propio.

Más grave aún es que esta situación no es nueva para ninguna de las dos colectividades. Desde que Andrés Pastrana fue elegido presidente en 1998, el Partido Conservador solo ha tenido candidatos presidenciales de relleno e incluso, en varias elecciones, no ha tenido candidato propio y se ha plegado a las campañas de otros.
Igualmente ha ocurrido con el Partido Liberal, que luego de las dos primeras candidaturas presidenciales de Horacio Serpa —pues la tercera fue un absoluto fracaso— nunca volvió a tener un candidato presidencial que pasara o tuviera opciones de pasar a la segunda vuelta.
En el Partido Conservador hay cuatro precandidatos que sumados no llegan ni a un punto de intención de voto… Sumados no hacen medio candidato.

Y si por los lados del conservatismo y el liberalismo llueve, por los de Cambio Radical y el Partido de la U no escampa. En estas otras dos colectividades tampoco hay candidato presidencial propio.
En la U no hay una figura nacional, mientras que en Cambio Radical, su única figura, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras –que ya fue candidato presidencial en dos ocasiones-, no está en condiciones físicas de afrontar una nueva campaña.

En ese contexto, ante la falta de candidatos propios, hoy el Partido Conservador, el Partido Liberal, Cambio Radical y el Partido de la U están absolutamente divididos internamente en torno al tema presidencial.
Si bien la versión oficial en todas las colectividades es que, después del 8 de marzo, definirán qué camino tomarán en la carrera por la Presidencia de la República, lo cierto es que varios de sus principales caciques ya están acomodados en un lado o en otro, o incluso en varios.
Ya hay dirigentes conservadores, liberales, de Cambio Radical y de la U en la campaña de Abelardo De la Espriella, pero también los hay en la campaña de Roy Barreras, y otros, más precavidos, mientras esperan a ver quién toma más fuerza hacia la recta final, tienen un pie donde el abogado y otro donde el médico.

El hecho de que un partido con presencia nacional no tenga candidato presidencial propio es una señal clara de debilitamiento estructural y pérdida de su función esencial: competir por el poder.
…Esto significa que el partido perdió liderazgo, identidad y conexión con el electorado. En la práctica, estas colectividades dejan de ser actores que buscan gobernar y pasan a comportarse como maquinarias electorales subordinadas a otros proyectos, lo que acelera su irrelevancia.

