¿Por qué se habla al oído a quien está muriendo?

Cali, mayo 5 de 2026. Actualizado: martes, mayo 5, 2026 21:29

La razón por la que muchos siguen hablándole a sus seres queridos

¿El oído es lo último que se apaga cuando morimos?

¿El oído es lo último que se apaga cuando morimos?
Foto: IA
miércoles 6 de mayo, 2026

Hay una escena que se repite en hospitales, funerales y habitaciones silenciosas alrededor del mundo: alguien toma la mano de una persona que está muriendo y le habla al oído.

Le dice que descanse, que no tenga miedo, que puede irse tranquilo. Otros cuentan secretos, agradecen, piden perdón o simplemente repiten “aquí estoy”.

Y aunque para muchos esto parece un acto simbólico o emocional, existe una razón científica —y también espiritual— detrás de esa necesidad humana de seguir hablando incluso cuando la persona parece no responder.

Durante años, médicos y enfermeros han observado algo curioso: pacientes en estado terminal que ya no podían abrir los ojos, moverse ni reaccionar, presentaban cambios mínimos en su respiración o en su ritmo cardíaco cuando escuchaban voces familiares.

Eso llevó a diferentes investigaciones sobre qué ocurre realmente en el cerebro en los últimos minutos de vida.

Algunos estudios neurológicos han encontrado que la audición podría ser uno de los últimos sentidos en apagarse.

Es decir: aunque el cuerpo ya no responde y la conciencia parece ausente, ciertas áreas cerebrales relacionadas con el sonido todavía podrían registrar estímulos.

No significa necesariamente que la persona “entienda” todo como lo haría estando despierta, pero sí existe la posibilidad de que perciba voces, tonos emocionales o presencias cercanas.

Por eso, en cuidados paliativos, muchos especialistas recomiendan seguir hablándole a la persona hasta el final.

No desde la superstición, sino desde la idea de que el cerebro humano es complejo y la desconexión de los sentidos no ocurre de forma instantánea.

Pero fuera de la ciencia, este tema toca una fibra mucho más profunda

En muchas tradiciones espirituales se cree que el alma no abandona el cuerpo de inmediato y que, durante ese tránsito, puede escuchar o sentir a quienes ama.

De ahí nacen rituales ancestrales donde se acompaña al moribundo con palabras suaves, oraciones, cantos o mensajes de despedida.

Para algunas corrientes esotéricas, el oído permanece abierto porque es el puente final entre este plano y el otro.

Hay personas que aseguran haber vivido momentos difíciles de explicar. Hijos que le dijeron “puedes descansar” a un padre agonizante y, segundos después, este falleció.

Familiares que sintieron calma arrepentida tras hablarle a alguien inconsciente. Incluso los médicos han relatado casos en los que los pacientes parecían “esperar” escuchar a una persona específica antes de partir.

¿Es prueba de que escuchaban?

Nadie puede asegurarlo completamente. Lo cierto es que la muerte sigue siendo uno de los grandes misterios humanos.

La ciencia apenas logra estudiar algunos procesos biológicos, mientras que las experiencias emocionales y espirituales continúan moviéndose en un territorio imposible de medir del todo.

Sin embargo, algo sí parece claro: hablarle a alguiean que está muriendo no es inútil.

Incluso si no pudiera escuchar literalmente las palabras, la presencia, el tono de voz y el acompañamiento tienen un enorme valor emocional para quienes se quedan.

Ayudan a cerrar ciclos, a expresar lo que nunca se dijo ya transformar un momento doloroso en un acto de amor.

Por eso muchos terapeutas del duelo recomiendan no irse en silencio. Decir lo que se siente. Agradecer. Pedir perdón. Dar permiso para partir.

Porque a veces esas palabras no solo alivian al que se va, sino también al que tendrá que aprender a quedarse.

Y quizás ahí está la verdadera razón por la que seguimos hablando al oído de nuestros muertos: porque, en el fondo, nadie quiere creer que el amor puede apagarse tan rápido como un cuerpo.


¿El oído es lo último que se apaga cuando morimos?

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