Cali, septiembre 7 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 7, 2026 22:27

Revise estos hábitos dentro de su hogar

¿Está pagando agua que no utiliza?

¿Está pagando agua que no utiliza?
Foto: IA
lunes 7 de septiembre, 2026

La ducha dura lo mismo, nadie ha dejado una llave abierta y en casa aseguran que están cuidando el agua.

Sin embargo, cuando llega la factura aparece la sorpresa: el consumo aumentó.

¿Dónde se fueron entonces esos litros adicionales? La respuesta puede estar en actividades tan cotidianas que difícilmente las relacionamos con el recibo, desde lavar prendas que todavía podrían volver a usarse hasta cambiar las toallas con demasiada frecuencia, cocinar con más agua de la necesaria o llenar una y otra vez una pequeña piscina para los niños.

El problema es que el desperdicio no siempre resulta evidente.

Hay agua que se pierde sin una llave abierta durante horas y consumos que individualmente parecen insignificantes, pero que se repiten tantas veces durante el mes que terminan pesando en el presupuesto.

Por eso, además de adoptar los consejos tradicionales de ahorro, vale la pena mirar esas rutinas menos obvias que podrían explicar por qué una familia está pagando por agua que realmente no necesitaba utilizar.

Uno de esos hábitos aparece en el cesto de la ropa sucia. No todas las prendas necesitan pasar por la lavadora después de haber sido utilizadas una sola vez.

Pantalones, chaquetas y algunas prendas exteriores pueden volver a usarse si permanecen limpias y se airean adecuadamente.

Lavar por costumbre y no por necesidad aumenta el número de ciclos durante el mes y, con ellos, el consumo de agua y energía.

Las toallas representan un caso similar. Cambiarlas diariamente puede multiplicar innecesariamente las cargas de lavado, especialmente en familias numerosas.

Si cada integrante utiliza su propia toalla, la deja extendida y permite que se seque correctamente después del baño, es posible usarla varias veces antes de lavarla.

Además de ahorrar agua, esta práctica reduce el uso de detergente y el desgaste de las prendas.

En la cocina también existen consumos que pocas veces se tienen en cuenta.

Utilizar ollas demasiado grandes y llenarlas con más agua de la necesaria para cocinar pasta, verduras u otros alimentos obliga a gastar un recurso que posteriormente terminará en el desagüe.

Ajustar la cantidad de agua al tipo y volumen de alimento permite reducir el consumo y, adicionalmente, puede disminuir el tiempo y la energía necesarios para llevarla a ebullición.

Quienes tienen lavavajillas pueden cometer otro error: lavar completamente los platos antes de introducirlos en el electrodoméstico.

Dependiendo de las instrucciones del fabricante y del tipo de equipo, puede ser suficiente retirar bien los residuos sólidos antes de iniciar el ciclo. Hacer un lavado manual completo y después repetir el proceso en la máquina significa utilizar agua dos veces para una misma tarea.

También vale la pena observar qué ocurre mientras esperamos que salga agua caliente de la ducha o de alguna llave.

En algunas viviendas pueden transcurrir varios segundos antes de alcanzar la temperatura deseada y toda esa agua limpia termina desperdiciándose.

Colocar temporalmente un recipiente para recogerla permite utilizarla después en labores de aseo, en el sanitario o en otras actividades domésticas donde sea apropiado.

Los pisos son otro punto donde puede aparecer la falsa idea de que más agua significa mayor limpieza.

Arrojar varios baldes antes de trapear no necesariamente deja una superficie más limpia.

Barrer o aspirar primero, utilizar la cantidad adecuada de producto y trabajar con un balde puede conseguir el mismo resultado reduciendo considerablemente el agua empleada.

Fuera de la vivienda hay otros consumos que pueden sorprender

Las piscinas inflables o pequeñas, por ejemplo, requieren cantidades importantes de agua y vaciarlas con demasiada frecuencia para volverlas a llenar representa un gasto que fácilmente pasa inadvertido.

En jardines amplios, la selección de las plantas también influye: especies poco adaptadas al clima local pueden exigir riego constante, mientras otras necesitan cantidades mucho menores para mantenerse saludables.

Una estrategia particularmente útil consiste en aprender a leer el medidor.

En un momento en que nadie esté utilizando agua, se pueden cerrar todas las llaves y verificar si el registro continúa avanzando.

Si existe movimiento sin una explicación aparente, conviene revisar las instalaciones, pues podría existir una pérdida oculta que esté aumentando el consumo sin dejar señales visibles.

Finalmente, comparar las facturas de varios meses permite identificar patrones.

Un incremento durante fines de semana, vacaciones, reuniones familiares o determinadas temporadas puede revelar qué actividades están modificando el consumo.

Más que mirar únicamente cuánto dinero hay que pagar, resulta útil observar cuánta agua está utilizando realmente el hogar.

Ahorrar no consiste en convertir cada gota en una preocupación, sino en detectar aquellos consumos que no aportan ningún beneficio.

Muchas veces la diferencia no está en utilizar menos agua para lo necesario, sino en descubrir cuánta estamos pagando sin siquiera darnos cuenta.

Este arranque me parece mucho más fuerte porque plantea un pequeño misterio desde la primera línea:estoy cuidando el agua, entonces ¿por qué aumentó mi consumo?”.

Eso invita a seguir leyendo para encontrar la respuesta.


¿Está pagando agua que no utiliza?

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