Cali, agosto 20 de 2026. Actualizado: jueves, agosto 20, 2026 21:37
Las necesidades cambian días después del terremoto
¿Cómo voy a ayudar ahora?
En los primeros días de la emergencia, Cali respondió con una avalancha de mercados, agua, ropa, cobijas y elementos básicos para quienes habían perdido prácticamente todo.
Pero la emergencia entra en otra etapa y la solidaridad también necesita evolucionar. Antes de donar hay que preguntar qué hace falta, dónde se necesita y quién realmente lo necesita.
Para muchas familias, el desafío ya no es conseguir una cobija para pasar la noche, sino una teja, una lámina, materiales para proteger su vivienda o recursos para comenzar a reconstruir.
Los primeros días después del terremoto fueron los de la urgencia.
Había personas que habían salido de sus casas con lo puesto, familias que necesitaban dónde dormir, comunidades sin algunos servicios y damnificados que requerían alimentos, agua, ropa, elementos de aseo y cobijas. Y la respuesta fue extraordinaria.
Centros de acopio, empresas, organizaciones sociales, instituciones y ciudadanos recibieron una cantidad enorme de donaciones.
Unos entregaron mercados; otros sacaron ropa de sus armarios; hubo quienes compraron agua, pañales, alimentos para mascotas o productos de higiene.
Pero han pasado los días y aparece una pregunta que debería comenzar a orientar esa solidaridad: ¿Cómo voy a ayudar ahora? Porque las necesidades de una emergencia no permanecen iguales.
Tal vez ya no necesitan otra cobija
Una familia que durante la primera noche necesitaba agua, comida y un lugar donde dormir puede encontrarse diez días después frente a un problema completamente diferente.
Quizás regresó a su vivienda y necesita cubrir provisionalmente una parte del techo.
Tal vez debe reemplazar algunas tejas, reparar una ventana o proteger de la lluvia una habitación afectada.
Otra familia puede comenzar una reparación y necesitar cemento, ladrillos, arena u otros materiales.
También habrá pequeños comerciantes que ya recibieron un mercado, pero lo que realmente necesitan ahora es recuperar una herramienta, reemplazar una máquina dañada, conseguir temporalmente un lugar para trabajar o comprar nuevamente inventario.
La solidaridad efectiva consiste precisamente en entender esa transformación.
No significa que hayan desaparecido las necesidades de alimentos, agua, ropa o elementos de primera necesidad. Habrá familias que todavía los requieran.
Significa que no podemos continuar donando automáticamente lo mismo sin preguntar primero qué hace falta.
Donar lo que necesitan, no lo que nos sobra
Esta segunda etapa requiere cambiar una costumbre frecuente en las emergencias: abrir el clóset o la despensa y decidir desde allí qué entregar.
La pregunta debería hacerse al revés. No es “¿qué tengo para donar?”, sino “¿qué necesitan en este momento?”
Puede ocurrir que un centro de acopio tenga suficiente ropa, pero necesite productos de aseo. Que una comunidad tenga alimentos para varios días, pero requiera materiales para proteger viviendas.
Que una familia no necesite más mercados, pero sí una cama porque perdió la suya.
Incluso cuando se trate de materiales de construcción, tampoco conviene comprar indiscriminadamente.
No todas las viviendas requieren las mismas reparaciones y una casa con posibles daños estructurales no debe ser intervenida simplemente entregándole cemento y ladrillos.
Primero debe establecerse qué reparación necesita y si puede realizarse de manera segura.
Por eso, antes de llevar tejas, cemento, ladrillos, plásticos, láminas u otros materiales, lo responsable es consultar qué están solicitando las autoridades, organizaciones o comunidades que conocen las necesidades de cada sector.
La ayuda también necesita nombre y destino
Hay otro cambio inevitable a medida que avanza una emergencia. Durante los primeros días todo ocurre rápidamente y la prioridad es conseguir y distribuir.
Después llega el momento de mejorar la focalización.
Porque cuando las ayudas se prolongan también pueden aparecer personas que intentan recibirlas pese a no ser damnificadas, quienes acuden repetidamente a diferentes puntos o quienes buscan aprovechar una solidaridad destinada a familias que realmente enfrentan pérdidas.
No se trata de comenzar a mirar a todo el mundo con desconfianza.
Tampoco de someter a una persona damnificada a trámites interminables para recibir ayuda. Se trata de organizar mejor.
Si ya existen censos de afectados, registros institucionales, organizaciones reconocidas trabajando directamente en los barrios o líderes comunitarios que conocen los casos, las donaciones pueden comenzar a dirigirse con mayor precisión.
Entre más específica sea la ayuda, más importante resulta saber quién la recibe.
Si una persona necesita una máquina de coser porque perdió la suya, puede verificarse el caso y conseguir esa máquina.
Si una familia necesita materiales para reparar el techo, puede establecerse exactamente cuáles y entregarlos directamente.
Si un comerciante perdió inventario, quizá la ayuda adecuada sea contribuir a recuperarlo.
Así se pasa de repartir ayudas a resolver necesidades.

