Cali, marzo 12 de 2026. Actualizado: jueves, marzo 12, 2026 22:31
Descubren relación
Existe una conexión entre intestino-cerebro y la memoria en la vejez
Un estudio internacional publicado en la revista Nature muestra que cambios en el intestino pueden provocar deterioro cognitivo en ratones.
Los investigadores encontraron que la inflamación gastrointestinal y las alteraciones del microbioma influyen en la señalización entre el intestino y el cerebro, un mecanismo que podría ayudar a explicar por qué algunas personas de la misma edad presentan más pérdida de memoria que otras.
Para explorar la hipótesis, los científicos alojaron juntos ratones jóvenes (2 meses) y viejos (18 meses), lo que permitió el intercambio de microbiota por convivencia.
Tras un mes, los microbiomas de los animales jóvenes se parecían más a los de los ejemplares mayores y mostraron un descenso en pruebas de memoria y aprendizaje, como el reconocimiento de objetos y la salida de laberintos.
Los autores también observaron que ratones libres de gérmenes envejecían cognitivamente más despacio, lo que sugiere un papel activo de la microbiota en el declive.
El trabajo identifica un camino en tres hitos: envejecimiento intestinal con cambios microbianos y metabólicos; activación de células mieloides intestinales que inducen inflamación; y pérdida de la correcta comunicación vagal entre intestino y cerebro.
Los autores señalan a la bacteria Parabacteroides goldsteinii como una especie cuya presencia aumenta con la edad y que contribuye a la inflamación que desactiva funciones del nervio vago.
Restauración del nervio vago
En los experimentos, la restauración del microbioma mediante antibióticos invirtió el efecto en ratones jóvenes y recuperó niveles juveniles de función cognitiva.
Además, tratar ratones viejos con una molécula que activa el nervio vago mejoró su rendimiento hasta igualarlo al de ejemplares jóvenes.
Los investigadores recuerdan que la estimulación del nervio vago ya está aprobada en humanos para trastornos como la epilepsia, pero subrayan que estos hallazgos proceden de modelos animales y que hacen falta ensayos clínicos para valorar su aplicabilidad en personas.
Los autores, entre ellos Christoph Thaiss del Instituto de Investigación Arc de California, expresan la esperanza de que estos resultados puedan traducirse en nuevas estrategias para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad.
Al mismo tiempo, los científicos y la nota editorial insisten en la precaución: estos descubrimientos abren vías de investigación, pero no constituyen indicaciones de tratamiento ni justifican el uso indiscriminado de antibióticos o procedimientos en humanos fuera de ensayos controlados.

