La empatía en Cali tras el terremoto: el valor de no especular

Cali, agosto 18 de 2026. Actualizado: martes, agosto 18, 2026 21:13

La otra forma de ayudar después del terremoto

La solidaridad también es no aprovecharse, ni sacar ventaja de la situación

La solidaridad también es no aprovecharse, ni sacar ventaja de la situación
Foto: IA
martes 18 de agosto, 2026

Después de una tragedia, ayudar no siempre significa donar dinero, alimentos o ropa.

También es decidir no subir el arriendo cuando cientos de familias necesitan dónde vivir, mantener un precio justo por un trasteo, cobrar lo razonable por una reparación o facilitar desde nuestro trabajo la recuperación de quienes lo perdieron todo.

En medio de la emergencia que vive Cali, la empatía también puede medirse en aquello que decidimos no aprovechar.

Después del terremoto, Cali ha conocido innumerables historias de solidaridad.

Personas que han llevado alimentos, empresas que han realizado donaciones, voluntarios que ofrecen su tiempo y ciudadanos que buscan la manera de apoyar a quienes perdieron sus viviendas o tuvieron que abandonarlas mientras se determina si pueden regresar.

Pero existe otra solidaridad de la que se habla menos y que será especialmente importante durante las próximas semanas: la de quienes tienen algo que otro necesita y deciden no convertir la tragedia en una oportunidad para ganar más dinero.

Pensemos en una familia que debe salir de su apartamento porque el edificio sufrió daños.

De un día para otro necesita conseguir dónde vivir, pagar un trasteo, almacenar sus muebles, quizá contratar reparaciones y asumir gastos que nunca estuvieron incluidos en su presupuesto.

En ese momento aparece una pregunta que no solamente es económica, sino profundamente humana: ¿qué hacemos quienes tenemos la posibilidad de prestar alguno de esos servicios?

Un apartamento puede convertirse en una ayuda

La necesidad de vivienda temporal puede aumentar después de una emergencia de esta magnitud.

Quien tenga un apartamento o una casa disponible para arrendar tiene, por supuesto, derecho a recibir el valor correspondiente por su propiedad.

La solidaridad no significa regalar aquello de lo que vivimos.

La diferencia está en no aprovechar el aumento de la necesidad para incrementar artificialmente el precio.

Incluso han comenzado a conocerse gestos que muestran hasta dónde puede llegar la empatía: propietarios dispuestos a mantener sus precios y algunos que ofrecen un primer mes de gracia para permitir que las familias afectadas puedan organizarse económicamente antes de comenzar a pagar el alquiler.

Quizás no todos puedan hacerlo. Pero todos pueden preguntarse qué margen tienen para ayudar.

Puede ser mantener el canon que tenían previsto antes del terremoto, flexibilizar temporalmente un depósito, permitir un plazo razonable para el primer pago o facilitar las condiciones de contratación.

Una pequeña concesión para quien ofrece una propiedad puede significar muchísimo para alguien que acaba de perder la tranquilidad de su hogar.

Que un trasteo no cueste el doble porque todos necesitan uno

Lo mismo ocurre con los servicios que repentinamente tienen una demanda mayor.

Empresas y personas dedicadas a realizar mudanzas probablemente recibirán más solicitudes debido a familias que deben abandonar temporal o definitivamente sus viviendas.

Es precisamente allí donde aparece la responsabilidad individual.

Que existan más clientes no debería convertirse automáticamente en una excusa para duplicar precios.

Tampoco debería ocurrir con bodegas para almacenar muebles, reparaciones, materiales de construcción, transporte o cualquier servicio cuya demanda aumente como consecuencia directa de la emergencia.

Una tragedia no debería convertirse en temporada alta.

Cobrar justamente por un trabajo sigue siendo necesario. Los trabajadores y empresarios también tienen obligaciones, empleados y familias.

La discusión no está en dejar de cobrar, sino en diferenciar entre recibir una remuneración justa y sacar ventaja de la vulnerabilidad de alguien.

¿Qué puedo hacer desde lo que sé hacer? Tal vez esta sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos como ciudadanos durante la recuperación de Cali.

No todos somos rescatistas. No todos tenemos dinero para realizar grandes donaciones. No todos podemos entregar mercados o reconstruir una vivienda. Pero prácticamente todos sabemos hacer algo que puede resultar útil para otra persona.

Un electricista podría priorizar la revisión de una vivienda afectada y cobrar una tarifa justa.

Un ingeniero o arquitecto podría destinar algunas horas para orientar a familias preocupadas por las condiciones de sus inmuebles.

Una empresa de transporte podría ofrecer tarifas especiales.

Un hotel podría facilitar condiciones para familias que necesitan alojamiento temporal. Un restaurante podría apoyar a voluntarios.

Un abogado podría orientar gratuitamente algunos trámites. Un empresario podría comprarle a un pequeño negocio afectado en lugar de esperar únicamente a que alguien le entregue una donación.

Incluso quien no presta ninguno de estos servicios puede ayudar de una manera elemental: no alimentar la especulación.

La reconstrucción también será económica

Los efectos del terremoto no desaparecerán cuando terminen las labores de emergencia. Para muchas familias, la etapa más difícil puede comenzar después, cuando lleguen las cuentas.

Habrá que pagar reparaciones, encontrar vivienda, reemplazar objetos, recuperar negocios, movilizar muebles y enfrentar gastos extraordinarios al mismo tiempo que continúan llegando las obligaciones habituales.

Por eso la solidaridad que Cali necesitará no puede durar únicamente los primeros días.

Habrá una segunda etapa en la que cada ciudadano, profesional, comerciante y empresario tendrá que decidir desde qué lugar participa en la recuperación.

Y quizá la pregunta más sencilla sea también la más poderosa: ¿cómo puedo ayudar desde lo que hago todos los días?

A veces será ofreciendo algo gratuitamente. Otras veces será dando un descuento, ampliando un plazo, priorizando a una familia damnificada o prestando un servicio al costo.

Y muchas veces bastará con algo mucho más elemental: cobrar exactamente lo mismo que se cobraba antes de que ocurriera la tragedia.

Porque después de un terremoto una ciudad no solamente demuestra su capacidad para levantar edificios y reparar carreteras. También demuestra qué clase de comunidad es.

La solidaridad está en lo que damos, pero también en aquello que, pudiendo aprovechar, decidimos no cobrar de más.


La solidaridad también es no aprovecharse, ni sacar ventaja de la situación

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