Cali, febrero 3 de 2026. Actualizado: martes, febrero 3, 2026 18:44
Qué hacer cuando la noche se convierte en una lucha
Cómo recuperar el sueño cuando no puedes dormir
No poder dormir es una de las experiencias más desesperantes. El cuerpo está cansado, los ojos pesan, pero la mente no se apaga. El reloj avanza, la ansiedad crece y aparece el pensamiento que empeora todo: “mañana voy a estar fatal”.
En ese momento, dormir deja de ser descanso y se convierte en una batalla. Y cuanto más se lucha, menos llega el sueño.
Lo primero que hay que entender es que el insomnio no siempre se debe a falta de sueño, sino a exceso de activación mental.
El cuerpo está en la cama, pero el sistema nervioso sigue en alerta. Recuperar el sueño no consiste en forzarlo, sino en crear las condiciones para que vuelva.
Uno de los errores más comunes es quedarse en la cama intentando dormir a toda costa. Cuando pasan muchos minutos dando vueltas, el cerebro empieza a asociar la cama con frustración.
En lugar de descanso, la cama se convierte en un lugar de presión.
Si llevas más de 20 o 30 minutos despierto, levantarte un momento y cambiar de ambiente suele ser más efectivo que insistir.
La luz debe ser baja y la actividad tranquila. Leer algo ligero, respirar, escuchar música suave o simplemente sentarte en silencio. El objetivo no es entretenerse, sino reducir la activación.
Volver a la cama cuando el cuerpo empiece a sentirse más pesado ayuda a reentrenar la asociación entre cama y descanso.
La respiración
Esta es una de las herramientas más eficaces para recuperar el sueño. Cuando no puedes dormir, la respiración suele ser corta y superficial. Respirar lento y profundo envía al cerebro una señal clara de seguridad.
Una técnica simple consiste en inhalar por la nariz contando hasta cuatro, exhalar por la boca contando hasta seis, y repetir durante varios minutos. No importa si no te duermes de inmediato. El objetivo es bajar el ritmo interno.
Otro punto clave es dejar de pelear con los pensamientos. Intentar “no pensar” suele generar el efecto contrario.
La mente se rebela. En lugar de luchar, es más útil permitir que los pensamientos estén ahí sin engancharte a ellos. Imagina que pasan como nubes, sin seguir ninguna en particular.
También ayuda llevar la atención al cuerpo. Sentir el peso del cuerpo sobre el colchón, la temperatura de las sábanas, el contacto de los pies.
El cuerpo vive en el presente; la mente se pierde en el futuro. Volver al cuerpo ancla la atención.
El uso del celular es uno de los mayores enemigos del sueño. Aunque parezca una distracción, la luz y la información activan el cerebro.
Revisar mensajes, redes o noticias en la madrugada aumenta la alerta. Si necesitas algo de estímulo, es preferible una luz cálida y una actividad sin pantalla.
La ansiedad nocturna
Esta suele alimentarse de pensamientos anticipatorios. Pensar en el día siguiente, en pendientes o problemas activa el estrés.
Un recurso útil es descargar la mente antes de dormir. Escribir en un cuaderno todo lo que te preocupa, sin orden ni solución, ayuda a sacar esos pensamientos de la cabeza.
La regularidad también importa. Dormir y despertar a horarios muy distintos confunde al cuerpo.
No es necesario ser rígido, pero sí mantener cierta constancia. El cuerpo aprende por repetición.
La cafeína, incluso consumida varias horas antes, puede afectar el sueño. Muchas personas no relacionan su insomnio con el café de la tarde. Reducir o adelantar el consumo puede marcar una gran diferencia.
El ambiente
Este también influye. Un dormitorio oscuro, fresco y silencioso facilita el descanso. Pequeños cambios como bajar la intensidad de la luz, usar cortinas o reducir ruidos pueden ayudar más de lo que parece.
Es importante aceptar que no todas las noches serán perfectas. Dormir mal una noche no arruina la salud ni el día siguiente tanto como se cree. El miedo a no dormir suele generar más insomnio que el insomnio mismo.
Si el insomnio es frecuente, persistente y afecta la vida diaria, buscar ayuda profesional es una decisión inteligente.
El insomnio se puede tratar y mejorar con acompañamiento adecuado. No es algo que haya que aguantar en silencio.
Recuperar el sueño no es forzarlo, es permitirlo. Cuanto más intentas dormir, más lejos parece estar. Cuando bajas la exigencia, el cuerpo encuentra su camino.
El sueño no llega cuando lo persigues, llega cuando le haces espacio.
Con pequeños cambios, paciencia y constancia, dormir vuelve a ser lo que siempre fue: un refugio, no una lucha.

