Cali, octubre 5 de 2026. Actualizado: lunes, octubre 5, 2026 20:56

El componente psicológico y ejemplos cotidianos en economía del hogar

“Solo son diez mil pesos”: el autoengaño que puede estar vaciando su bolsillo sin que lo note

“Solo son diez mil pesos”: el autoengaño que puede estar vaciando su bolsillo sin que lo note
Foto: IA
lunes 5 de octubre, 2026

“No entiendo en qué se me fue la plata, si yo no compré nada”.

La frase se repite en muchos hogares cuando faltan varios días para recibir el siguiente salario y la cuenta bancaria ya está prácticamente vacía.

No hubo un televisor nuevo, tampoco un viaje ni una compra extraordinaria que explique el hueco en el presupuesto; sin embargo, al revisar los movimientos aparecen $12.000 aquí, $18.000 allá, un domicilio, un café, una aplicación, un parqueadero, una compra rápida por internet y decenas de pequeños pagos que casi nadie recuerda haber realizado.

El problema de estos gastos es precisamente su tamaño.

Si alguien estuviera a punto de pagar $400.000 por un producto probablemente compararía precios, revisaría su presupuesto e incluso esperaría unos días antes de tomar la decisión, pero cuando el valor es de $10.000 o $20.000, el cerebro suele considerarlo suficientemente pequeño como para no necesitar demasiada reflexión.

Así aparece una de las frases más peligrosas para las finanzas domésticas: “solo son diez mil pesos”.

Cuando lo pequeño deja de ser pequeño

Diez mil pesos parecen poco hasta que se gastan todos los días.

Si ese desembolso adicional se repitiera diariamente durante un mes, estaríamos hablando de aproximadamente $300.000, una cantidad que probablemente ya no consideraríamos insignificante.

El problema es que nunca vemos esos $300.000 juntos, porque salen de la cuenta lentamente y en momentos diferentes.

Esto explica por qué una persona puede sentirse cuidadosa con el dinero y, aun así, tener dificultades para ahorrar.

No necesariamente está haciendo grandes compras; quizá simplemente acumula pequeños consumos que individualmente parecen inofensivos.

Los pagos digitales han hecho todavía más fácil perder esa percepción.

Cuando no entregamos un billete ni vemos disminuir el efectivo de la billetera, la sensación de gasto puede ser menor.

Un toque en el celular permite pagar un domicilio, renovar una aplicación o comprar algo que apareció en redes sociales, mientras la consecuencia financiera queda reducida a una línea más dentro del extracto bancario.

El problema no es el café

Esto no significa que haya que eliminar cada pequeño gusto.

Convertir las finanzas personales en una persecución contra el café, el helado o la salida ocasional puede terminar haciendo que cualquier presupuesto resulte imposible de mantener.

El verdadero problema aparece cuando no sabemos cuánto representan en conjunto esos gastos.

Una persona podría decidir perfectamente destinar $150.000 mensuales a pequeños gustos y disfrutarlos sin afectar sus obligaciones.

La diferencia está en que esa cantidad fue elegida conscientemente y no descubierta accidentalmente al revisar el extracto.

Por eso puede resultar útil hacer un ejercicio durante una semana: registrar todas las compras pequeñas, incluso aquellas que parecen irrelevantes.

Al finalizar, basta sumarlas. El resultado puede sorprender y, sobre todo, mostrar cuáles gastos realmente generan satisfacción y cuáles se realizan simplemente por costumbre.

Cuidado con el “ya que estoy aquí”

Existe además otra forma silenciosa de gastar.

Vamos al supermercado por leche y agregamos un producto que vimos en promoción; entramos a una tienda por una necesidad concreta y salimos con tres cosas adicionales porque “no estaban caras”.

Ninguna compra parece suficiente para preocuparnos, pero todas compiten por el mismo dinero.

Antes de hacer uno de estos pequeños gastos puede servir una pregunta sencilla: ¿lo compraría igualmente si tuviera que pagarlo en efectivo? No es una regla absoluta, pero obliga a detener durante unos segundos una decisión que normalmente hacemos de manera automática.

No hay que dejar de disfrutar

Una economía doméstica saludable no consiste en vivir diciendo que no a todo.

El objetivo es decidir qué pequeños gastos realmente valen la pena y cuáles pueden desaparecer sin afectar nuestra calidad de vida.

Quizá ese café de la mañana sea uno de los mejores momentos del día y merezca permanecer en el presupuesto, mientras tres suscripciones olvidadas o varios domicilios improvisados no aportan el mismo valor.

Al final, muchas veces el dinero no desaparece por una gran decisión equivocada.

Se va lentamente en cantidades tan pequeñas que dejamos de prestarles atención.

Por eso, cuando vuelva a pensar “solo son diez mil pesos”, quizá valga la pena completar mentalmente la frase: “solo son diez mil pesos… pero ¿cuántas veces he dicho lo mismo este mes?”.

La respuesta podría explicar mucho más de su presupuesto de lo que imagina.


“Solo son diez mil pesos”: el autoengaño que puede estar vaciando su bolsillo sin que lo note

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