Cali, febrero 21 de 2026. Actualizado: viernes, febrero 20, 2026 23:31
En la salud y los ecosistemas
Investigación alerta sobre el impacto de los microplásticos
Los microplásticos, fragmentos diminutos derivados de la degradación del plástico, se han convertido en una amenaza invisible presente en alimentos, agua e incluso en la placenta humana.
Así lo advierte una reciente revisión científica desarrollada por investigadores y estudiantes de la maestría en Gestión Ambiental del Centro Europeo de Posgrado y Empresa Ceupe, quienes analizaron estudios internacionales para comprender cómo estas partículas afectan a las células y al sistema inmunitario.
El plástico, material artificial compuesto por polímeros, no existía en la Tierra hasta hace un siglo. Sin embargo, hoy se encuentra en prácticamente todos los entornos, desde las profundidades marinas hasta el espacio. Dado que casi ningún organismo puede descomponerlo por completo, con el tiempo se fragmenta en partículas microscópicas que ingresan en organismos animales y humanos.
Conclusiones
La investigación distingue entre microplásticos primarios —fabricados industrialmente con forma redondeada— y secundarios, originados por la degradación natural de residuos mayores. Estos últimos, de forma irregular y puntiaguda, resultan más dañinos, ya que pueden provocar destrucción física de las paredes celulares y aumentar la respuesta inmunitaria.
El estudio revela que incluso pequeñas cantidades pueden causar daños significativos en células del sistema inmunitario. En glóbulos rojos, la gravedad del daño aumenta con la concentración y el menor tamaño de las partículas. Los microplásticos pueden desencadenar inflamación, reacciones alérgicas y muerte celular.
No obstante, los investigadores subrayan que la mayoría de los ensayos son de laboratorio y advierten la necesidad de estudios más exhaustivos en animales y humanos. También recomiendan emplear microplásticos presentes en el entorno real y en concentraciones acordes a la exposición cotidiana.
“Estamos expuestos a estas partículas a diario y aún no sabemos cómo interactúan con nuestro cuerpo”, señalan desde el equipo académico, insistiendo en la urgencia de ampliar la investigación para orientar decisiones sanitarias y ambientales.

