Cali, febrero 17 de 2026. Actualizado: sábado, febrero 14, 2026 19:48
“¿Archipiélago del Gulag?”
Andrea Petro, hija mayor del presidente, residente en París (Francia) desde hace varios años, donde goza de las mieles del desarrollo europeo y de una democracia plena, ha lanzado terrible amenaza contra nuestra bella patria colombiana al asegurar que si gana Abelardo de la Espriella, en Colombia habrá un estallido social, como si la obligación de quienes acá nos partimos el lomo por lograr que la patria logre salir de ese subdesarrollo sudamericano, con el que tampoco pudo el comunismo o izquierda (eso es lo mismo), es otra amenaza más que solo acrecienta la rabia de una gran mayoría de compatriotas.
Bien sabido es que esa ideología no ha sacado de la pobreza a ningún país gobernado por la misma; al contrario, los vuelven grises, más miserables, en los que solo sus “líderes” de papel logran enriquecerse a costillas de los impuestos de la gente.
Eso es lo que hemos visto de los herederos de aquellos que tuvieron ese poder, como Fidel (hijos y nietos); Raúl Castro (igual); las hijas de Hugo Chávez; de los Kishner; de los Zelayas de Honduras; de Evo en Bolivia; de Ortega y su Rosario en Nicaragua.
La historia ha sido clara con estos personajes respecto a sus comportamientos políticos. El mundo lo sabe y los ha sufrido.
Alexander Solzhenitsyn, disidente ruso durante la terrorífica época estalinista, describió en su obra sobre la represión y el terror impuesto por un gobierno para sostenerse en el poder.
Esta dama, Andrea, con su amenaza, pretende asustarnos o amilanarnos con una narrativa que, precisamente, llevó a su papá a ser presidente gracias a ese espíritu exageradamente democrático de Iván Duque, quién dejó hacer y deshacer a quienes irrumpieron violentamente contra la Constitución y las leyes colombianas en época pretérita.
Eso fue muy triste y doloroso, situación que estoy seguro los colombianos decentes hoy, trabajadores, estudiosos y demócratas, no están dispuestos a dejarse imponer nuevamente.
Las condiciones geopolíticas actuales, con toda seguridad, no permitirán que eso ocurra.
Sobre todo, después de lo sucedido en Venezuela y que, seguramente, tocará a Cuba para que, de una vez por todas, ese maligno “foro de Sao Paulo” no siga determinando el presente y futuro de los países latinoamericanos que quieren seguir siendo libres, sin yugos fiscales ni ideólogicos, y con decretos sin debate ni consenso.
