Cali, octubre 21 de 2026. Actualizado: miércoles, octubre 21, 2026 19:47

Javier Fernández Leal

Colombia necesita memoria no manipulación histórica

Mg (V) Javier Fernández Leal

Desde hace años habíamos visto cómo el Museo Nacional de Colombia, el más antiguo de América, fue convertido en una sala de adoctrinamiento político, siendo necesario que llegara un gobierno con suficiencia y sentido patrio para tomar acción, así fue como recientemente el Ministerio de las Culturas, en cabeza de la ministra Paola Holguín, tomó la decisión que millones de colombianos pedían; retirar los elementos que hacían apología al terrorismo y devolverle al museo su misión original, cuyo objetivo es tener decencia histórica.

El 15 de octubre, durante un recorrido institucional, el presidente Abelardo De La Espriella ordenó retirar de los espacios públicos cualquier elemento que exalte a Carlos Pizarro Leongómez y a estructuras terroristas.

Ese mismo día se ejecutó lo que nunca debió haber estado allí: cerca de 45 piezas que convertían al Museo Nacional en un museo de los victimarios.

Hablemos claro de lo que se retiró, porque medios activistas no lo dicen:

Se retiraron afiches de campañas de excomandantes del M-19, brazaletes de grupos armados ilegales, el tarjetón de la Séptima Papeleta usado como mito fundacional de una Constitución secuestrada por un discurso, y piezas como el llamado “balígrafo” hecho con una bala, símbolo de la romantización de la violencia que le costó a Colombia 300.000 muertos.

Para mí nunca seria esto memoria histórica ni representación de un país, porque además me tocó vivir esos episodios de manera protagónica.

Y en contraste nunca les hacen apología a los verdaderos héroes de la patria nuestros soldados de tierra, mar o aire y policías.

El Museo Nacional no puede ser un espacio de adoctrinamiento político, no puede ser un instrumento de revictimización, y no puede difundir versiones sesgadas de la historia.

¿Dónde están en ese museo las víctimas del Palacio de Justicia? ¿Dónde están los niños reclutados por las FARC? ¿Dónde están los 400 policías y soldados mutilados por minas? ¿Dónde están los secuestrados que duraron 10 años encadenados? Ahí no están, porque la memoria que nos impusieron fue una memoria con filtro ideológico: solo valía la memoria del victimario como si fueran superhéroes, a sabiendas que nunca lo podrían ser pues provienen de grupos levantados en armas para delinquir y seguir con una impunidad rampante a lo largo de los años.

Colombia necesita memoria, no manipulación. Necesita un museo que refleje el alma de la Nación completa, no el alma de una facción política, para ello existe un centro mal llamado de memoria histórica, creado por el expresidente Petro cuando fue alcalde en Bogotá, que efectivamente hace su trabajo histórico con sesgo ideológico y falta de pluralidad narrativa en la construcción de la memoria oficial del conflicto armado en Colombia y que además deben visitar los colegios Públicos en Bogotá, como si fuese obligatorio.

La verdadera memoria histórica que requiere el país sin sesgo político es esta:

  1. Memoria de las víctimas, no de sus verdugos.
  2. Memoria de la Fuerza Pública que sostuvo la democracia, en épocas difíciles casi con un país fallido.
  3. Memoria de los valores conservadores, familiares y cristianos que fundaron a Colombia y que el Dr Abelardo de la Espriella llamó “contrarrevolución cultural”

Por eso es por lo que los veteranos y reservista respaldamos plenamente la decisión de corregir ese esperpento histórico y retirar toda esa mal llamada memoria.

Que el Museo vuelva a ser de todos los colombianos. Que vuelva a ser un espacio para nuestros hijos donde no tengan que ver material sensible y panfletos disfrazados de arte.

Que se cumpla el artículo 44 de la Constitución sobre la prevalencia de los derechos de los niños.

La historia nunca se borrará, pero la historia se debe contar completa. Y por primera vez en mucho tiempo, el Museo Nacional empieza a contarla.

Un grupo de Veteranos desde hace varios meses están construyendo un gran ecosistema virtual, audiovisual y digital de memoria histórica, concebido para investigar, preservar, organizar y divulgar hechos y acontecimientos de nuestra historia, utilizando diferentes formatos y herramientas que permitan llegar a públicos de todas las edades

Una de sus principales líneas de trabajo es la “Historia Documentada del Conflicto Colombiano”, con rigor documental y en un lenguaje accesible, hechos, protagonistas de operaciones militares y acontecimientos que han marcado nuestra historia reciente.

De igual manera, al identificar la escasez de contenidos audiovisuales concebidos especialmente para enseñar y divulgar la historia de Colombia para los niños, los jóvenes y las familias, nació Nico, el pequeño historiador colombiano*.

A través de caricaturas animadas y relatos breves, amenos y pedagógicos, Nico y sus personajes recorren diferentes épocas y acontecimientos de nuestra historia, buscando despertar desde temprana edad la curiosidad por nuestro pasado y el interés por conocer el país.

Los invito a conocerlo, suscribirse y compartirlo especialmente con hijos, nietos, sobrinos y estudiantes en youtube.

Pero estos canales no son esfuerzos independientes. Forman parte de ese gran ecosistema de memoria histórica, donde el mismo comando general de las Fuerzas Militares crearon el CIMHM Centro de investigación de memoria histórica y cuyas diferentes líneas de acción y contenido están alineados con el Comando estratégico de transición que lidera la participación de las FFMM en el sistema integral de verdad.

Por eso la actuación del Ministerio de las Culturas frente al Museo Nacional no es censura, es corrección histórica.

Es el primer acto de valentía institucional en años para decirle al país que la memoria no le pertenece a una ideología, que un museo público no puede ser trinchera de un solo relato, y que la verdad de Colombia no se construye con afiches de terroristas convertidos en héroes.

La memoria que necesita Colombia es una memoria plural, completa y sin manipulación: donde estén todas las víctimas, no solo las que le sirven a la izquierda; donde esté la Fuerza Pública que ha defendido la democracia, donde esté el pueblo en su expresión.

Es decir, una memoria plural donde quepamos todos y donde la victima valga más que el victimario.

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