Cali, febrero 22 de 2026. Actualizado: viernes, febrero 20, 2026 23:31
Cuando se rompe la mesa
Cada diciembre el país presencia el mismo ritual. Gobierno, empresarios y sindicatos se sientan a negociar el salario mínimo.
Las posiciones arrancan distantes. Es normal. Así funciona una negociación. Sin embargo, el año pasado los empresarios cometieron un error estratégico.
Se levantaron de la mesa sin siquiera construir un punto intermedio. Durante años demostraron que podían dialogar con los sindicatos aun en medio de profundas diferencias.
Así, esta vez dejaron la decisión en manos exclusivas del Ejecutivo. Y con ello renunciaron a influir en el resultado. Negociar exige paciencia y realismo.
Exige entender que nadie obtiene todo lo que quiere. El Gobierno aprovechó y bajo la competencia que la ley le otorga decretó el incremento bajo un nuevo concepto de salario mínimo vital.
Más allá de la cifra pedida por los representantes de los trabajadores. Aquí lo relevante es el precedente. Se rompieron criterios históricos construidos precisamente en escenarios de concertación.
Eso cambia las reglas del juego institucional. Mes y medio después el Consejo de Estado interviene, nunca había tenido que actuar. Surge entonces la discusión sobre reversar la medida.
Desde la lógica empresarial eso carecía de sentido práctico. Los contratos ya estaban ajustados. Los presupuestos ya estaban redefinidos.
El sector privado se mueve con otra velocidad y no puede improvisar cada semana. La lección es clara. La concertación no es un trámite simbólico.
Es un mecanismo de estabilidad económica y social. Siempre será mejor un mal acuerdo que un buen pleito. Colombia necesita más técnica y menos pulsos ideológicos. La mesa no puede convertirse en un escenario de ruptura permanente. Sin diálogo serio no hay confianza. Sin confianza no hay país.
