Cali, agosto 19 de 2026. Actualizado: miércoles, agosto 19, 2026 20:58
¿De quién se olvidó Dios durante el terremoto?
El pasado domingo dieciséis de agosto leíamos en un diario el titular: “El día que Dios se olvidó de Pereira”.
La frase no solo genera polémica porque muchos se pueden sentir atacados en su fe, sino que también es profundamente desoladora en un momento de la historia del país donde lo que tenemos que buscar es la unidad en la esperanza.
Desde el último terremoto que viví en Santiago de Chile, en el año dos mil diez, el mundo definitivamente ha cambiado mucho.
Ahora todo se ve en tiempo real. Miles y miles de videos inundan las redes sociales, desde el susto de un gato dormido hasta la caída de edificios con personas dentro; miles de historias de pánico, de reacciones a un fenómeno muy natural, pero no por eso más fácil de procesar en las emociones.
Geólogos, vulcanólogos, historiadores y una muy larga lista de expertos han salido a explicarnos los distintos fenómenos naturales que ocurren desde la formación del planeta hasta la fecha.
Una frase resuena en el ambiente como el sello de una memoria histórica: “desastre natural”.
Un video me hizo reflexionar: quizá deberíamos dejar de hablar simplemente de “desastre natural”.
l fenómeno es natural; el desastre aparece cuando sus consecuencias encuentran vulnerabilidades que nosotros no hemos sabido prevenir. Un terremoto no es malo ni bueno, es solo un hecho natural.
El desastre es otra cosa: es la consecuencia de nuestra preparación ante el hecho natural, la capacidad de anticipar las medidas necesarias para minimizar el impacto de lo que la naturaleza hace siempre.
Un sismo se genera de forma natural; una viga o una columna, no. El hormigón y el hierro no se juntan de forma natural para resistir un movimiento; eso lo hacemos los seres humanos.
Luego, decir que un edificio se cae porque Dios abandonó a alguien es simplemente reduccionista.
Aunque será una conversación incómoda, tendremos que evaluar qué ha pasado con el cumplimiento de la norma de sismorresistencia vigente, NSR-10, cómo se aplica e incluso si es que se aplica en las construcciones de edificios de alto valor comercial y que colapsaron ante nuestros ojos, por no mencionar cómo construimos nuestras casas.
Esta conversación será técnica, incómoda porque tal vez preocupe a muchas personas y empresas, pero una mejor respuesta ante un fenómeno natural como un sismo dependerá de la capacidad de sinceridad social que tengamos.
Entonces, ¿de quién se olvidó Dios durante el terremoto? De nadie, ni de los que estamos ni de los que se fueron. Al contrario, la fe, la esperanza y la caridad han mostrado su mejor cara.
Miles y miles de personas en Colombia y desde otros países han salido desde el minuto cero en ayuda de nuestros hermanos y hermanas afectados, desde lo más pequeño y silencioso hasta la propuesta de levantar escuelas.
Dios se manifiesta en los deseos más fraternos del ser humano, en la empatía, en la solidaridad, como lo hacía Jesús, acudiendo en auxilio de quien lo necesita, sin cuestionar su credo, su posición política o social.
Solo pensando en ayudar a otro ser humano.
Así las cosas, la pregunta entonces es más incómoda, porque no hay que buscar de quién se olvidó Dios.
Debemos preguntarnos en qué hemos fallado como sociedad, cómo podemos vivir en armonía con la naturaleza, qué criterios debemos tener en cuenta a la hora de desarrollar nuestra cotidianidad en un lugar respecto con las manifestaciones naturales que ahí se dan.
¿Faltan normas o falta su cumplimiento? Por ahí encontraríamos respuestas más ciertas.
Dios no se ha olvidado ni de usted, ni de mí, ni de nadie. Aún seguimos aquí. La invitación sigue vigente: vivir un día más, no como un hecho que se da simplemente, más bien como el mejor de los regalos que podemos recibir.
Entonces, si la vida es un regalo, disfrutemos, vivamos y compartamos ese don con los demás. Tenemos esperanza de un futuro mejor.
Ayudemos a quien necesita una mano, un saludo, un alivio, y ahí veremos cómo va Dios mismo en nuestro caminar.
