Cali, febrero 21 de 2026. Actualizado: viernes, febrero 20, 2026 23:31
Del tratado al contrato: la nueva gramática del poder
En los pasillos de la Conferencia de Seguridad de Múnich, no se habló de reformas graduales, sino de ruptura.
El diagnóstico que dominó el panel “Breaking Point” fue que el orden liberal posterior a 1945 ha dejado de operar como marco rector.
En su lugar ha emergido un realismo transaccional donde la estabilidad ya no se presupone, sino que se pacta, se condiciona y se ejecuta. El poder global está dejando de firmar tratados y ha empezado a redactar contratos.
El giro estadounidense encarna esa mutación. Marco Rubio habló de restauración civilizatoria y de aliados que deben asumir costos concretos; Michael Waltz propuso recortes del 15% al presupuesto operativo de la ONU y del 25% a sus fuerzas de paz, mientras el denominado “Consejo de la Paz” de Trump actúa como arquitectura paralela de negociación.
Es así como la diplomacia multilateral, lenta y procedural, está cediendo espacio a estructuras más ágiles y selectivas, pero sobre todo, arbitrarias.
La paradoja se hizo visible horas después en Ginebra. Mientras en Múnich se reivindicaba el uso de la fuerza —incluidos bombardeos B2 sobre instalaciones iraníes—, en Suiza enviados de confianza negociaban “principios rectores” para un eventual acuerdo nuclear.
Y los mercados no tardaron en reaccionar: el Brent cayó más de 1%. La escena revela la lógica en tendencia: presión máxima combinada con negociación directa. Mientras una mano sostiene misiles disuasorios; la otra sostiene la zanahoria de los incentivos.
Europa, entretanto, ensaya su propio despertar. Ursula von der Leyen confirmó un aumento del 80% en el gasto de defensa desde el inicio de la guerra en Ucrania, movilizando cerca de 800 mil millones de euros.
Keir Starmer reconoció que la economía europea es diez veces superior a la rusa, pero su fragmentación industrial limita su autonomía real.
La revitalización del Artículo 42.7 busca corregir esa asimetría. La pregunta es temporal y estratégica: ¿logrará Europa coordinar su músculo productivo antes de que Washington opte por actuar en solitario?
Sin embargo, el equilibrio del poder no se juega únicamente en cancillerías, sino también en laboratorios y plantas de producción.
Raytheon anunció la fabricación doméstica de obleas de niobio de litio, un insumo esencial para la fotónica que sostiene la inteligencia artificial, las telecomunicaciones avanzadas y múltiples sistemas de defensa.
Hasta ahora, ese componente dependía de proveedores extranjeros concentrados en pocos mercados, lo que implicaba riesgos de interrupción por tensiones geopolíticas, sanciones o cuellos de botella logísticos.
Es así como la cadena de suministro ha dejado de ser un simple trayecto comercial y se ha convertido en un punto de presión estratégica.
Esa misma lógica se proyecta ahora a escala regional. En el Cáucaso toma forma el proyecto TRIP, sigla de “Trump Route for International Peace and Prosperity”.
La propuesta es concreta: crear un corredor estratégico en Armenia donde Estados Unidos tendría el 76% de la propiedad durante 99 años, bajo el argumento de que el comercio y la copropiedad de infraestructura pueden estabilizar una región históricamente frágil.
Por su parte, en América Latina, la doctrina “Don Road” opera con una racionalidad similar. Se trata de una estrategia para contrarrestar la influencia china mediante inversión en infraestructura, 5G y cadenas de valor, pero condicionada a alineamientos tecnológicos y compromisos políticos verificables por Washington.
El Sur Global no está aplaudiendo ni protestando; está observando, calculando y negociando.
¿Estamos ante una transición administrada o frente a la erosión progresiva de las reglas compartidas?, ¿puede la franqueza transaccional sustituir la previsibilidad institucional sin incrementar la volatilidad sistémica? ¿Y qué ocurre cuando el contrato reemplaza al consenso como columna vertebral del orden?
El mundo se está reconfigurando y en este tránsito, la moneda más escasa es la confiabilidad: capacidad industrial, cohesión política y claridad estratégica.
El nuevo mapa no se está dibujando con diplomacia, sino con cláusulas y letra menuda. Quien comprenda esa gramática podrá navegar la tormenta; quien la ignore, podría hundirse.
