Cali, febrero 19 de 2026. Actualizado: jueves, febrero 19, 2026 22:28
Tres comandantes en seis meses debilitan la continuidad contra el crimen
Cali, sin mando estable en la Policía
Cali completa tres comandantes de Policía en seis meses y la preocupación por la seguridad crece con razón.
La salida del brigadier general Edwin Urrego deja a la ciudad sin un mando en propiedad, en un momento en el que la criminalidad envía señales cada vez más desafiantes.
La estabilidad en el liderazgo no es un asunto administrativo menor, es un factor determinante en la capacidad del Estado para ejercer autoridad.
En este corto periodo, el general Carlos Oviedo dirigió la Policía Metropolitana desde enero de 2024 hasta agosto de 2025.
Luego, el general Henry Yesid Bello asumió entre septiembre y noviembre de 2025.
En diciembre de 2025 llegó el general Edwin Urrego, quien permaneció hasta esta semana. Tres comandantes en seis meses reflejan una rotación que impide consolidar una estrategia sostenida contra el crimen organizado.
Cada cambio implica comenzar de nuevo. Quien asume el mando debe reunirse con la Alcaldía, redefinir prioridades, revisar diagnósticos y ajustar planes operativos.
Ese tiempo perdido favorece a las estructuras criminales, que no cambian de estrategia cada tres meses.
Mientras el Estado rota a sus comandantes, el crimen mantiene continuidad, consolida territorios y fortalece su capacidad de intimidación.
La alta rotación en la comandancia responde a decisiones adoptadas por el gobierno nacional, pero sus efectos se sienten directamente en Cali.
La seguridad no puede depender de nombramientos transitorios ni de mandos provisionales. El liderazgo empieza por tener comandante, por contar con una dirección clara que permita ejecutar planes sostenidos y medir resultados.
Estos cambios ocurren, además, en medio de una escalada de violencia que no admite improvisaciones.
En los últimos días, el hallazgo de cabezas humanas en distintos puntos de la ciudad evidenció actos de terror criminal que buscan desafiar la autoridad del Estado. Estos hechos no solo estremecen por su brutalidad, envían un mensaje de poder y de control territorial.
Cali necesita mando claro, más pie de fuerza y una estrategia coherente que se mantenga en el tiempo.
La coordinación entre la Policía y la administración local depende de la estabilidad en el liderazgo. Sin continuidad, no hay estrategia que sobreviva ni resultados que se consoliden.
La seguridad no puede administrarse en medio de la incertidumbre. Cali enfrenta problemas demasiado graves como para que la dirección de su Policía cambie constantemente.
El Gobierno nacional tiene la responsabilidad de garantizar un comandante en propiedad que asuma el liderazgo y lo mantenga.
Porque cuando el mando es inestable, el mensaje que se envía es de debilidad. Y cuando el Estado parece débil, el crimen avanza.

