México, el espejo que Colombia no puede ignorar

Cali, febrero 24 de 2026. Actualizado: martes, febrero 24, 2026 17:29

El poder militar del narcotráfico mexicano debe encender alarmas frente al crecimiento criminal en Colombia

México, el espejo que Colombia no puede ignorar

México, el espejo que Colombia no puede ignorar
Foto: Captura de video
lunes 23 de febrero, 2026

Lo ocurrido en México tras el operativo en el que fue dado de baja alias “El Mencho” dejó al descubierto una realidad que debería estremecer a toda la región.

La reacción del narcotráfico paralizó buena parte del país con bloqueos coordinados, incendios de vehículos y ataques simultáneos en al menos 14 estados.

No se trató de hechos aislados, sino de una demostración de fuerza con capacidad operativa propia de un ejército irregular.

Las cifras dimensionan el fenómeno: Un estudio publicado en la revista Science estima que entre 160.000 y 185.000 personas integran actualmente las filas de los principales cárteles mexicanos, incluyendo sicarios, operadores armados y estructuras de apoyo.

Desde 2012, más de 285.000 personas han pasado por esas organizaciones. Para sostener ese músculo criminal, los cárteles reclutan entre 350 y 370 personas cada semana, son el quinto “empleador” más grande del país.

Ese tamaño no es solo una cifra, es poder territorial, capacidad logística y dominio armado. Los hechos recientes mostraron el uso de armas de alto poder, vehículos blindados y operaciones coordinadas que obligaron al Estado a enfrentar una estructura con recursos y tecnología sofisticada.

El narcotráfico mexicano dejó de ser una red clandestina para convertirse en una fuerza con capacidad de reacción masiva.

México no está lejos de Colombia en términos de amenaza. En el país, las organizaciones criminales, llámense ELN, disidencias de las Farc, clanes o cualquier otra estructura, han crecido en hombres, en recursos y en dominio territorial.

Ese crecimiento no es casual, está ligado al aumento de los cultivos ilícitos, que son el combustible financiero de su expansión, y a decisiones que durante el actual gobierno del presidente Gustavo Petro han permitido que consoliden poder mientras negocian o se reacomodan.

El riesgo es evidente. Si estas estructuras continúan creciendo al ritmo actual, podrían alcanzar niveles de poder similares a los que hoy exhiben los cárteles mexicanos.

Con un agravante: mientras esas organizaciones incrementan sus recursos y adquieren tecnología como drones y armamento sofisticado, la Fuerza Pública enfrenta limitaciones presupuestales y de dotación. No se puede permitir que el Estado quede en desventaja frente a quienes desafían su autoridad.

Colombia no puede esperar a que el narcotráfico tenga la capacidad de paralizar regiones enteras para reaccionar.

La lección mexicana es clara: cuando el crimen organizado alcanza tamaño de ejército, el costo para el país es incalculable.

El fortalecimiento de la Fuerza Pública, la recuperación del control territorial y la reducción efectiva de los cultivos ilícitos no pueden seguir postergándose.


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