Cali, julio 22 de 2026. Actualizado: miércoles, julio 22, 2026 15:16
Uribe, De la Espriella y Petro, ninguno tiene las mayorías
La elección del senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, como presidente del Senado para el primer año del periodo legislativo 2026-2030 dejó mucho más que un revés para el presidente electo Abelardo De la Espriella.
La principal conclusión que deja esta primera gran votación del nuevo Congreso es que ninguno de los tres grandes jefes políticos del momento —el expresidente Álvaro Uribe, el presidente saliente Gustavo Petro y el presidente entrante Abelardo de la Espriella— tiene hoy las mayorías necesarias para imponer por sí solo su voluntad en el legislativo.
Ese es, quizá, la principal mensaje político de la jornada…
En un primer análisis, el derrotado parece ser únicamente De la Espriella, cuyo candidato, el senador Alfredo Deluque, obtuvo 45 votos frente a los 56 que alcanzó Honorio Henríquez.
Sin embargo, una mirada más profunda muestra que el resultado también dejó en evidencia las limitaciones de quienes aparecieron como vencedores.
El Centro Democrático, con 17 senadores, y el Pacto Histórico, con 25, suman 42 curules en el Senado.
Sin embargo, Honorio Henríquez fue elegido con 56 votos.
Eso significa que, además de los respaldos de esas dos bancadas, fueron necesarios 14 votos provenientes de otros partidos para consolidar la mayoría que lo llevó a la Presidencia del Senado.
Esas cuentas dejan una conclusión contundente: Ni siquiera una alianza coyuntural entre el uribismo y el petrismo alcanza por sí sola para controlar el Senado. Necesitan a otros.
Y exactamente la misma realidad enfrenta el nuevo gobierno. Abelardo De la Espriella tampoco dispone de una mayoría propia que le permita sacar adelante, sin negociación, las principales iniciativas que presentará al Congreso.
Paradójicamente, quienes terminaron exhibiendo esa falta de mayorías fueron precisamente los tres liderazgos políticos más fuertes del país.
Y si bien el presidente electo perdió el primer pulso de su gobierno, el uribismo y el petrismo también terminaron pagando un costo político.
Después de años de enfrentamiento permanente, especialmente durante los últimos ocho años, terminaron votando juntos para impedir que el nuevo gobierno lograra elegir al presidente del Senado.
Desde luego, las alianzas entre adversarios hacen parte de la esencia de la política.
No existen enemigos eternos cuando de construir mayorías se trata.
Sin embargo, esa fotografía seguramente resultará incómoda para buena parte de los sectores más radicales tanto del uribismo como del petrismo, que durante años construyeron su discurso precisamente alrededor de la confrontación entre ambos proyectos políticos.
La otra gran enseñanza de esta elección es la valorización política de las bancadas intermedias.
Partidos como el Liberal, el Conservador, La U, Cambio Radical y la Alianza Verde vuelven a convertirse en actores determinantes para la gobernabilidad…
Cualquier movimiento de esas colectividades hacia uno u otro bloque puede terminar definiendo la suerte de las principales votaciones del cuatrienio.
Si este esquema se mantiene, el país probablemente verá cuatro años de intensas negociaciones legislativas, donde ninguna reforma importante podrá aprobarse sin amplios acuerdos políticos.
La gran incógnita ahora será la estrategia que adopte el presidente Abelardo De la Espriella.
Después de esta primera votación, la pregunta inevitable es si el mandatario electo abrirá espacios en su gobierno para partidos afines con el propósito de construir una mayoría estable que facilite el trámite de sus proyectos.
En resumen, más allá de quién ganó la Presidencia del Senado, lo verdaderamente importante es que nadie tiene hoy las mayorías suficientes para gobernar sin concertar.
Y esa, al final, puede terminar siendo la mejor noticia para la democracia colombiana.

